Marta de París

Eros en la poesía de Rubén Vela

Marta de París
Instituto Literario y Cultural Hispánico
Buenos Aires

De las múltiples facetas de la labor literaria de Rubén Vela se conocen abundantes juicios meritorios, algunos vertidos por Francisco Tomat-Guido, Vicente Aleixandre, Robert Graves, Guillermo de Torre, Alberto Hidalgo, Carlos de Andrade, René Menard, Delfín L. Garasa, Bella Jozef, Julio César Forcat, entre tantos otros.
Su obra se caracteriza especialmente por haber incorporado la temática del americanismo a su escritura en los años 60 en que mostró a América en la grandeza que le corresponde. Sin embargo, consideramos de interés analizar otras pautas estéticas. Por tanto, enfocaremos el tema erótico, a fin de indagar y descubrir las relaciones originarias del creador con Eros, dios del amor.
La humanidad de Rubén Vela invita a una biografía íntima, a partir de su palabra de exaltación de la vida y del mundo en sus diversas manifestaciones. Partiendo de esta confluencia, creo no estar equivocada al ubicarlo en el tríptico ideal del amor, la palabra y la libertad. Una misma entidad, encadenados por subterráneas leyes misteriosas. Vela crea la fórmula de ese conjuro en un poema “Envío”, de tono autoidentificatorio:
“Amigo / por el poema soy hombre / por la palabra tengo amor”. (Maneras de luchar 1981) Es decir, antes que ser racional es criatura amorosa. Sólo el amor lo redime de un incesante flujo y reflujo emocional. El poeta siempre está en el poema, como genio poético, no como sujeto biográfico. Hombre de potencialidad cósmica tiene razón vital cuando advierte en lenguaje decantado y sintético:
“Pero fijaos qué curioso / sin el hombre el poema / no Es”. (Maneras de luchar 306) Definición que se apoya en la concepción antropológica de que el poema es determinado por el Verbo y no por el poeta. , como otra realidad autónoma y válida por sí misma. Con la expresión que acabamos de citar Vela deja perfilada la orientación filosófica que lo acompañará fielmente a lo largo de toda su creación.
En íntima correlación, el poeta vive su poesía en plenitud de amor y comunicación. Se sirve de la imagen para integrarse en la armonía de la creación y su única libertad es la del poema.
En un sentido amplio toda manifestación de amor es una forma de erotismo. La filosofía misma, cuya etimología significa amor a la sabiduría es una expresión erótica. De Eros deriva la palabra también de origen griego “erotismo”. Su sentido original está basado en el amor y la afirmación de la vida. Para Platón, Eros es el alma del mundo que anima y vivifica el cosmos como un animal feliz. Si se limitara sólo al amor de la pareja, la latitud simbólica de Eros podría admitir que existe un Eros sentimental y un Eros físico. Ambos suelen darse conjuntamente o en predomino del uno sobre el otro. ¿Cuál se impone en la escritura de Vela? Advertimos una conjunción de sensualidad y romanticismo social, en la singular estética expresada a través de un “ropaje de incendios festejando el comienzo del maíz / su amor secreto”. (Maneras de luchar 70) El aspecto transgresor, en el simbolismo del fuego hace que el erotismo transforme en esencia la realidad última. Es como si el antiguo dios alado hubiera conducido al poeta hacia lugares mágicos, donde la sublimación del deseo y la elegancia del lenguaje transformaran la tensión erótica en idealidad plena de hallazgos palpitantes y actitudes éticas.
El tratamiento del amor se relaciona con una peculiar antropología: nexo entre naturaleza e historia. La liberación de la energía vital, Eros, restablece el contacto del hombre con su esencia. El amor es la clave para comprender el universo americano y la mística de sus criaturas.
El poeta escucha la voz profunda de la raza. Relaciona a la mujer glorificada en su condición carnal con la matriz universal: madre, tierra americana, mujer.
Afirma la idea del ser total, identificando a la mujer con las fuentes de energía cósmica. La expresión poética responde al origen de la vida, sugiere volver a la materia pura, en una suerte de panteísmo erótico.
Como principio genético exalta el amor que lo lleva a la preocupación por averiguar el significado de ese misterio que ha quemado por siglos y siglos el corazón de los hombres.
Como participante del quehacer histórico el poeta interroga. Quiere saber el sitio de su alumbramiento:

“Madre misteriosa / en qué lecho me has parido”? (Maneras de luchar 286)

Su palabra es castiza y libre. Busca recuperar su identidad primigenia. Se vuelca agónicamente al rescate de los orígenes desde el “fondo del linaje”, como un nudo de sombra impenetrable. En el poema VI expresa:

Méceme como si fueras mi madre / bésame como si fueras mi mujer / úsame, ámame, memoria tan profunda y bendita. / En la noche extranjera la Cruz del Sur señala mi esperanza. / Allí está mi patria americana. ( Maneras de luchar 118).
En este poema se advierte el contacto del artista con su raíz carnal e histórica. América es la figura arquetípica, fuerte, procreadora de la raza en un mundo nuevo. En el mismo texto declara con tono erótico:

Y le haré el amor con los dientes alzados / la alegría de mi sexo alimentando sus ríos minerales. / Mis muslos descansando en las planicies del Sur / mis pies venciendo el asalto polar. (Maneras de luchar 123).
La estructura poética revela una relación privilegiada con el lenguaje. Las palabras parecen multiplicarse en un delirio lúcido, generando emociones en vuelo hacia la luz estelar.
El tema de la tierra-mujer apasiona al poeta. Con insistente afán compara a la mujer con la tierra de América. Desde la fuerza de su masculinidad exalta la misión biológica como una especie de panteísmo surrealista:

Madre misteriosa, gozoso nombre de la tierra india / hembra de América / abierta en dos / pariéndome con entera y desconocida alegría. (Maneras de luchar 286)

Dentro de estos parámetros cabe preguntarse si hay o no panteísmo erótico cuando el autor declara en el poema XII, que es “un hombre en celo, un macho sin piedad”. (Poesía y Libertad 76) En desafiante certidumbre ciñe con sus brazos, su vientre, sus ijares y sus pies el continente. Este pasaje conlleva la imagen de una boda cósmica, de hondo sensualismo donde la “tierra americana-mujer” es símbolo de madre, esposa, amante.
Cierta lectura podría ver en el texto la unión de dos cuerpos en el clímax del hombre que busca reconciliarse con la naturaleza. Toda su potencia creadora será encarnada en la mujer-América, en sueños y connotaciones que hacen posible la vida digna y verdadera.
La tradición cabalística recuerda la energía divina que contiene el universo y a su vez la unión sexual con el cosmos. Para Vela, la inagotable América representa una dimensión erótica de la sensualidad. Por Eros descifra la voz primigenia de la raza. Recobra la memoria cósmica, entregándose al fabuloso rito de las palabras, en cantos encendidos de erotismo elemental y fecundante. En ciertos poemas se descubren armonías e imágenes de El cantar de los cantares, libro leído por el poeta, a escondidas en su mocedad provinciana.
Es admirable la coherencia expresiva en relación con la mujer real. Con la sutileza que lo caracteriza marcha en normas de belleza y desnudez contra todo adorno, ripio o abalorio. Sublimación de fantasía sensual y pensamiento íntimo se advierten en “Poema con pueblo”, dedicado a Nina, su esposa:

De ti, de mí qué ha de quedar mañana. / Este momento, el beso aquel, el hijo / nuestros cuerpos desnudos amándose / con su lenguaje perfecto / este abandono feliz que nos cubre / casi la ausencia de nosotros mismos. (Maneras de luchar 160)
Como en la doctrina mahayánica del Gran Deleite, la pareja abrazada significa la identidad metafísica de los dos principios, masculino y femenino. La revelación del aspecto dinámico de la palabra, sin más que su propia belleza como lazo eterno en la expresión del amor.
La misma actitud lírico-erótica se condensa en los poemas agrupados bajo el rótulo “De mi raza” (Poesía y libertad 84). Aquí se cumple lo que buscaba Eliot: la plenitud de la fórmula verbal. El alma está viva y fértil. El poeta maneja vocablos de voluptuoso paladeo y el texto logra un torrente de imágenes y metáforas de personalísimo cuño erótico.
Si hemos de medir su pensamiento creativo, acorde con el enlace feliz de la expresión erótica, no quedará duda de que la sensualidad alcanzó el grado máximo del arte poético en los Poemas V y VI:

Poesía es esta raza. Continúa. / Escoge a tu mujer, la del luminoso silencio que enriquece al poeta. / Bébele las sorprendidas palomas de su sexo, florécele sus pechos en poemas, destroza con el más terrible, tierno amor, su piel más íntima. / Que se incendie en urgencias el sol negro que guarda celosamente para ti entre sus piernas. Y ya dentro de ella, habitante de un pueblo que continuará tu nombre, revienta tu enloquecida granada de carne en aguas crispadas y profundas, en aullidos de gozo en donde resida el porvenir, el rostro confiado de tus hijos (“Poema V”).

Y culmina en el brevísimo Poema VI: “Entonces, poeta, la piedra cantará. (Poesía y Libertad 86) Síntesis que devela el concepto de que el amor no está en el tiempo, sino en la esencia de los valores eternos. Sólo el artista puede lograr la razón de ese milagro.
Reiteradamente, aquí, la piedra como en todo el universo poético de Vela juega su función simbólica: centro de energía. El poder de la piedra, como el del amor, es capaz de asumir inmortalidad. Con este sonoro lenguaje nuestro poeta toca el misterio de la creación, donde se proyecta la sombra de Platón, lujoso guardián de lo necesario y eterno.
Cuando el poeta alude a la mujer callada, silenciosa, pensamos en Juan Ramón Jiménez. Como él, temperamentalmente, Vela es un avaro del silencio, dimensión poco explorada del hombre. El lo vive, escucha el silencio y escribe el poema, quizá porque es la forma más silenciosa de hablar. Lo patentiza en un testimonio de apretada belleza. Ha fundado una familia con la mujer escogida en misteriosa afinidad. Silencio y resplandor armoniosamente fusionados colman de pasión y lealtad:
“Hemos hecho crecer ese silencio / en la sed de nuestros hijos” (Maneras de luchar 279) -dice- mientras como un estallido sensual y tierna reciedumbre expresa:

Mi hijo tendrá de su madre la sonrisa / mi hijo tendrá de su padre la sed / tendrá de los dos la vida / tendrá de los dos la muerte. (Maneras de luchar 257)
Palabras antirretóricas, medulares, escritas en honduras no en superficialidad. El poeta sugiere que el amor es comunión y trascendencia. La sonrisa de la madre, la sed del hijo son gestos esenciales, en cuanto expresan alma en la concreción del acto amoroso, instante de perfección sobre la materialidad, sagrada victoria del poeta.
En el profético poema titulado “América” de nuevo vibra la sensualidad de su palabra. Ebrio por el olor tónico de la naturaleza instaura el discurso alegórico que lo eleva a un nivel de febril exaltación. Y le dice así a Nina:

Viviremos desnudos bajo el sol / seremos siempre jóvenes y no habrá más memoria que la piedra (“Poema I”, Maneras de luchar 112).
El compañero mitológico de Venus eleva al poeta a los espacios del arte, hecho de sustancia pura, poiesis. Desde allí, audazmente libre, puro de corazón, venera a la mujer, animado de auténtico erotismo. Como quería Vicente Huidobro, el poeta hace florecer a la mujer en el poema. En decantado lenguaje vuelca el lado radiante de su intimidad y estremecido por viriles sensaciones le expresa otra vez a Nina:

Hemos construido días perfectos sobre la abundancia de palabras dichas en silencio. / La dura soledad de tu cuerpo y el mío en una sola soledad. Hemos ganado nuestro amor. (“En la tierra”, Maneras de luchar 279).
Al igual que el poeta Octavio Paz, en Libertad bajo palabra, Vela despoja el mundo de imágenes invertidas por la razón, destruye códigos, nombres, leyes y alcanza el supremo instante en que todo su ser se funde con la mujer amada.
Como la poesía es su modo de ser y de amar, la vive intensamente, en la actitud vital de quien supo apreciar la gloria de la carne y el valor del placer. “Soy el bello animal enjaulado en mis huesos”, autodefinición postulada en el poema “Hombre con vaso de vino”.
Por esta vía entroniza el aspecto conceptual del amor como plenitud y felicidad. En visión humana y predominio viril lo define en el poema: “El poema es alegría de la carne y de la sangre. / Es amor. / Es ardorosa destrucción de la cual se alimenta toda construcción”. (Maneras de luchar 304)
La formulación erótica de Vela eleva el proceso de la sensualidad a niveles superiores de la mente, a través de su genio verbal. Veamos su carnadura vital en el poema escrito a la memoria de Alejandra Pizarnik:

Desnuda y victoriosa da de comer a los animales salvajes. Ellos lamen sus muslos, le gastan el sexo dulcemente, se alimentan de esas aguas más profundas. Al amanecer ella cierra sus piernas. (“La inocente”, Maneras de luchar 264).
Como podrá advertirse, la expresión es gráfica, golosa. Las imágenes cargadas de arrebatadora sensualidad. En esencia, la inocente atacada sucumbe al asedio de la ferocidad voraz de los salvajes. La dramática realidad de la muerte enlazada al aliento vital de la creación poética.
Una posible historia de la poesía hispanoamericana del siglo XX podría partir de textos poéticos de Vicente Huidobro, César Vallejo, Nicanor Parra, Mariano Brull, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Luis Palés Matos, Rafael Alberti, Pablo Neruda. Como ellos, Rubén Vela, el poeta metafísico de América invita a vivir la experiencia estética, el señorío expresivo de la pasión erótica, a contemplar y celebrar la belleza, en visible ideal de canto y vida.

OBRAS CITADAS

Arancibia, Juana Alcira. “Prólogo” a Retrato de un poeta: Rubén Vela. Yolanda Rosas, 1993
Armani, Horacio. América como presencia poética. Buenos Aires: La Nación, 1966. (6-11)
Garasa, Delfín Leocadio. “Introducción” a Maneras de luchar. Buenos Aires: Fundación Argentina para
la Poesía, 1981.
Ghiano, Juan Carlos. Poesía argentina del siglo XX. México-Buenos Aires. 1957.
Jozef, Bella. “Epílogo” de Maneras de luchar, de Rubén Vela. Buenos Aires. 1981.
Rosas, Yolanda. Retrato de un poeta: Rubén Vela. USA: Colección Estudios Hispánicos, Instituto
Literario y Cultural Hispánico, 1994.
Tomat-Guido, Francisco. Poemas americanos, de Rubén Vela. Buenos Aires. 1965.
Vela, Rubén. Maneras de luchar. Buenos Aires: Fundación Argentina para la Poesía, 1981.
____Poesía y libertad. Buenos Aires: Editorial Almagesto, 1996.


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