Yolanda Rosas

De lo telúrico a la protesta social

Yolanda Rosas
CSU Northridge


Michel Foucault afirma que el discurso literario ha cambiado en nuestro tiempo porque ya no es necesario establecer la causa y el efecto dentro del proceso creativo sino los hechos mismos (230). Por lo tanto, el lenguaje se ha hecho incoherente, se eliminan las palabras innecesarias, y las que quedan llevan una carga extraordinaria; del plano de la denotación se pasa al plano de la connotación donde el sistema se hace más amplio ya que comprende al primer sistema como su constituyente (91). De esta manera, el escritor trata de expresar la noción de un hecho trans-individual, que afecta a todos, y para lograrlo, percibe cada evento a un nivel abarcador. En consecuencia, se enfrenta al problema colocándose en una posición englobante, en el que se totaliza y se incrementa la perdida relación con lo percibido. Como asegura Lucien Goldman, el escritor quiere expresar de esta forma la problemática de la ausencia de los dioses en el mundo moderno (los dioses significan los valores y las posibilidades de la realización individual). Aunque el acceso a esta problemática sea difícil o imposible para la mayoría de sus lectores ya que ellos casi no se dan cuenta que son estos valores los que mueven al hombre y lo llevan hacia adelante (63). Por consiguiente, el escritor se rebela en el plano formal del lenguaje al no contar con la ayuda de la historia de un individuo o de un evento individual, porque el individuo mismo ha dejado de ser parte esencial de la sociedad contemporánea. Esta rebeldía del escritor es necesaria para que pueda mantenerse en el plano de lo esencial y de la auténtica creación.
Con base en lo dicho anteriormente, estudiaremos la indagación de Rubén Vela, primero en el discurso poético de sus poemas americanos, por considerar que es un inicio, una nueva búsqueda de permanencia en su obra, en la cual destacaremos la presencia de una imagen de América-mujer como símbolo del continente. Luego, centraremos nuestro estudio en la apropiación que hace Vela de un lenguaje nuevo que cobra la fuerza necesaria para lograr la comunicación, porque como escritor de nuestro tiempo Vela está consciente de lo difícil, casi imposible de devolverle al lenguaje su carácter connotativo.

AMÉRICA-MUJER, MUJER-AMÉRICA
La mujer
engendrando
hijos de luz
sobre la tierra.
Rubén Vela

Rubén Vela, crea un hablante lírico capaz de colocarse al nivel de esa percepción total antes mencionada, aunque su serenidad se resquiebre y ceda el paso a una expresión más hermética, salpicada de ideas de lucha, donde se transforma la palabra para cantar nuestra realidad. Los poemas son breves; algunos constan sólo de un verso o dos. Citamos un poema de ocho versos pero sólo de diez palabras: “El / sol / dividiendo / su amor / al mediodía. / Mi / futuro / incendiándose”. (104)
Si cada vez es más difícil lograr la comunicación, si ya no es posible relacionarse con el individuo porque éste ha perdido su carácter esencial, ¿cómo podría el poeta definir su función? Primero, está consciente de que la literatura crea un universo, en el cual, mientras que la visión de mundo se coloca al mismo nivel de las categorías mentales de su grupo, alcanza una coherencia mayor que este último (Goldman, 77). “¿Qué queda amigo, para decir?, reventar en fuentes de luz, inundar al mundo con otra alegría. (92) Segundo, en lugar de crear solamente un universo en el plano imaginario y llevar cuenta de una realidad, el poeta ayuda al hombre a tomar conciencia de sí mismo. El hablante lírico señala: "Ella es América, un mutilado nombre, / un cuerpo llagado y su cansancio”.
Los poemas americanos están divididos en pequeñas secciones definidas, más por su temática que por su secuencia externa. A nuestro juicio, los poemas potencian una variedad de interpretaciones porque se sustentan en una estructura mítica y configuran un mundo descrito por medio de imágenes arquetípicas; combinación que refuerza su pluralismo significativo y sus posibilidades de resonancias afectivas. Con fines prácticos hemos dividido los poemas de la siguiente manera: 1. América-mujer, poemas titulados "América"; 2. Poemas sobre lugares o antepasados; 3. Poemas unificados por el símbolo del pájaro; y 4. Mujer-América.

América–mujer

Los poemas titulados "América" se sustentan en dos aspectos de la experiencia americana del poeta. Primero, se intenta una definición tanto de la voz poética ("América" 64), como del continente ("Definición", 65). Segundo, se hace necesaria una búsqueda estética para encontrar la clave del poema ("América", 75) y surge la pregunta “¿Dónde está la belleza?".
Al autodefinirse, el hablante lírico exclama: “Mi palabra es el maíz. / Mi alimento es la papa helada” (64). Con este poema, de sólo dos versos, se crea un hablante que se identifica como nativo de América y se adentra en el pasado, en el tiempo mismo, en busca de una identidad primigenea donde se unifica el continente bajo los símbolos telúricos de sus dos culturas representativas: la del norte-maíz, la del sur-papa. Una vez establecida la identidad en estos términos se pasa a la tarea mas difícil, definir el continente:

Definición

América sin el Arco del Triunfo.
América sin el David de Miguel Angel.
América sin la Venus de Ampurias.
Nueva e intacta América
que ignoraba la locura de Paolo Uccello.

Porque cuando digo América
digo la América que cantó Pablo Neruda,
que cantó el cholo Vallejo,
que cantó Huidobro como un nuevo maldito.

Que cantaron los hombres
del tabaco y de la hechicería. (65)

Otra vez, el hablante retrocede en el tiempo para encontrar una América intacta, una América sin fronteras, pero sobre todo una América nueva. La visión del mundo del poema se basa en la separación temporal antes-ahora, una antítesis que pone de manifiesto una dualidad temporal con un espacio diferente en cada una de sus partes. El espacio privilegiado por el "antes" es el espacio de los orígenes, contrastado con un espacio degradado por la civilización, esto último aparece como la causa de la división y la decadencia. El antes, por el contrario, corresponde a la parte soñada de América, la que se asocia al "tabaco y la hechicería". La civilización ha sido dañina para América. De allí que el hablante asuma la responsabilidad de reivindicarla. Quiere a América nueva para intentar una definición donde sea el hablante quien vaya llenando su espacio. Con sólo dos versos consigue visualizar su nuevo continente:

AMERICA

Llenándote de hojas y de días
de horizontes navegadores

A esta imagen de la América nueva, inmediatamente, se contrapone la de una América violada:

tu estatura me aniquila
tu aurora llagada

donde sólo la piedra permanece. (68)

El hablante quiere un continente distinto porque ante sí tiene una América que ha crecido hacia el dolor. En estos versos se plasma el motivo de la América sufrida. Sin embargo, y a pesar de este destino, de este ahora, el hablante visualiza otro continente que "dio frutos" y el sol de América “dio hombres dorados”.
Esta imagen americana se sustenta en el arquetipo del morir-renacer, en el cual la naturaleza cumple con una doble función: conduce hacia un término, un darse que implica perder parte de sí mismo; pero a la vez, proyecta una naturaleza con su aureola de fertilidad y renovación que presupone que ha de llevar a un renacer y un no terminarse nunca. Ni "el agua salvadora" que nutre la tierra ni el "río del trópico" que alimenta el mar, presuponen un agotarse sino una actividad atemporal y eterna. A lo largo de todo el libro se elabora este morir renacer para lo cual Vela recurre a imágenes de la naturaleza. Para crear esta América nueva, el hablante hurga en "soledad sin medida" para preguntar "¿Cómo eras, patria de mi patria, antes de llamarte América?" (74), para contestarla, el hablante ahonda en la palabra, hay que buscarle su sentido preciso, es decir, eliminar las palabras innecesarias de que habla Foucault, y en consecuencia, incrementar la perdida relación con lo percibido. El hablante, ante la nueva necesidad de "encontrar la clave del poema", descubre, no sólo la verdad sino la identidad americana:

Surgen de pronto las frutas obligatorias: el melón,
país del verde más espléndido, la ardiente papaya y
el plátano, portador del beso crudo.

II

Y los dedos del agua salvadora: las pequeñas raíces
y el maíz silvestre; los saltamontes y la hormiga.

Y la llama y el guanaco y la vicuña, cada uno en sus
diferentes alturas. (75, 4-10)

El melón, la papaya, el plátano, el maíz, el guanaco y la vicuña simbolizan las raíces, lo autóctono de este continente. Vela ha logrado plasmar en estos pocos versos lo primigenio, lo americano.
La primera unidad sintáctica de la segunda estrofa nos lleva a un aserto de Mircea Eliade donde afirma que entre las posibilidades rituales la de las purificaciones con el agua tienen por finalidad la actualización fulgurante de “aquel tiempo” cuando tuvo lugar la creación; son la repetición simbólica del nacimiento de los mundos o "del hombre nuevo" (200). De este modo, el agua salvadora implica en el mundo del mito el mitema del morir-renacer al que ya hemos hecho referencia. Con la purificación por el agua brotan "las pequeñas raíces" que darán origen a la nueva imagen de América-mujer-madre, proveedora y diosa, cuya fecundidad se reafirma también en su fauna: "Y el lobo y su pariente, el perro del desierto. Y el puma, y la veloz lagartija."
En "Radiante América" (77), se extiende esta imagen de la madre hacia todos los americanos cuando exclama: “Y a lo largo, el sol, / madre también del enemigo”. América, fecundada por "el sol del trópico" representa la realidad feliz que contrasta con la realidad fenoménica creada por la percepción del hablante del poema "Esto es América":

"Esto es América" me decían,
mostrándome las altas cordilleras,
el suicidio del sol sobre los trópicos,
los grandes ríos furiosos.
Sólo vi pies descalzos,
criaturas americanas
sobre el hambre y el frío
como frutos desnudos. (79)

La América nueva ha sido sólo una ilusión utópica creada por el deseo, la realidad es otra, es la segunda parte de la dualidad, es ese "después" donde América sufre, los americanos sufren. De la exuberancia de América solamente es visible su desolación.

Lugares y antepasados

Este poema sirve de transición a la segunda agrupación temática del libro; a una visión de América recuperada por medio de una incursión en el tiempo; a ese antes, para encontrar su cultura india y sus dioses: "La edad / de los cuerpos / desnudos / donde todo / está muerto / o todo está / por nacer" (84).
Esta es la América de la permanencia, es la América-mujer cuyo esposo es la flora nueva. Es la "madre de la tierra", la Pachamama de los indios (91). El hablante del poema se coloca en una perspectiva espacial privilegiada:

Delante de mí
detrás de mí
debajo de mí
encima de mí
alrededor de mí

américa

su largo nombre
su voz de adentro. (93)

"Su voz de adentro" son sus dioses precolombinos, son aquéllos a que alude Goldman, y por los cuales el hablante decide olvidar la ciudad y exclama: "aquí estoy con mis dioses ventrudos que reciben, manos en alto, al Poema. (94, 1-2). América pasa a ser la "mujer total, / alimento y alojo / del hombre." (95) América "la sangre del pájaro que hace nacer el sol cada mañana" (108) y su amante es el jaguar de esmeraldas que "abre los ojos de la noche". (110)

El símbolo del pájaro

La tercera sección "Mientras canta el pájaro de la noche" consta de 18 poemas. El poema número uno inicia una trayectoria a la inversa de la sección anterior para dar lugar a una América actual en busca de un futuro.

Ella es América, un mutilado nombre,
un cuerpo llagado y su cansancio.

¿Y qué te creías que era el nuevo Mundo,
y qué te creías que era esta canción?

Pero nuestra fe es más grande. (113)

La imagen que plasman los dos primeros versos contrasta con la afirmación del último. Así, pues, la composición del poema parte de lo negativo hacia lo afirmativo, del dolor al desafío, de un yo a un nosotros. De esta manera se abre camino a los 17 poemas restantes donde se elaboran dos símbolos de perpetuidad muy delineados: el pájaro y la piedra. La estructura de estos poemas se sustenta en el temple de ánimo impregnado de la conciencia colectiva, mítica, del hablante. La composición no sigue un desarrollo lineal sino uno reiterativo e insistente. Se establece un eje paradigmático cuya clave de interpretación recae en el significado del pájaro y la piedra; por lo tanto, la situación básica descrita por el hablante se centra en los motivos del hombre y de la mujer fecundada que han de ser afirmados.
El hablante lírico inicia una serie de rasgos que configuran la nueva América después del sufrimiento; la voz de América lanzada en el grito del pájaro:

Ella está allí, la enamorada
del Sur.

Es su música austral, la voz de
sus pájaros de noche. (114)

El simbolismo del pájaro es necesario examinarlo a dos niveles: 1. Como símbolo de espiritualización a la vez que de ayuda sobrenatural que se hace presente expresando el deseo de y rapidez; 2. Dentro de la tradición mítica. Dentro de la primera posibilidad, adquiere diferentes funciones. Una de ellas, la más desarrollada, es la de mensajero: "Vuela corredor del aire. / pregúntale a la noche mi nuevo nombre". Otra es la expresividad de las almas, es su música y esa música es la expresión de los hijos de América “la voz de sus pájaros de noche”. Sin embargo, no siempre representa lo positivo. En el poema X, va acompañado de la muerte y el hablante lírico adquiere un tono desafiante: "Canta pájaro de la muerte, que / no tengo miedo". (122)
Dentro de la tradición mítica, el simbolismo está asociado con el sol. De esta manera, pasa a ser símbolo de luz, la inteligencia y el espíritu:

Canta, azucena, voz nocturna.
Canta el nombre de América en
este país lejano.

Quiero nacer de nuevo. Nacer
de su vientre de luz. (117)

De este modo, el pájaro pasa a representar y a ejecutar la voluntad del hablante, de esta manera, la imagen queda asociada con el motivo del ángel anunciador y su característica de aparición. La "voz nocturna" tiene propiedades duales; por un lado es el mensajero, por el otro es la proyección de América; una América espiritual, superior, productora de hijos de luz, porque su vientre es luminoso y proyecta su interior hacia afuera con fuerza creativa. Según Cirlot, el hecho de tener conocimiento de una fuente de luz es alcanzar la fuerza espiritual (277). De esta manera, el hablante de esta sección adquiere la potencialidad de permanencia del continente por medio de la imagen de la mujer fecundada que dará hijos que tienen la fuerza que da el conocimiento para encontrar su futuro.
En el poema VIII se reitera lo esencial del símbolo:

Canta, pájaro de la noche, que
soy inmortal.

Tengo una sola muerte y luego
no moriré jamás.

Viviré en la eternidad de América. (120)

En su carácter de emisario, el pájaro de este poema cumple en toda su extensión su papel de anunciador de la voluntad del hablante. La imagen que lo complementa “Soy inmortal”, reafirma la identificación con lo imperdurable del hombre. Como afirma Alberto Baeza Flores, este símbolo mítico "viaja con las nubes", es "la creencia de los mitos que el pájaro de la noche cantará porque se tiene una sola muerte y, luego, no se morirá jamás... El pájaro es, finalmente, el dueño de la muerte". (XXXIV-XXXV)
En "Los pájaros", dedicado a Ana Serrano Redonnet, se sintetiza las características de perpetuidad de América por medio de los colores:

El pájaro de pico blanco
el pájaro de pico negro
el pájaro de alas doradas
el pájaro de alas de luto
el pájaro que despierta al día
y el pájaro de la muerte. (125)

El color blanco, en su carácter femenino, es América. El pájaro de pico negro es símbolo de germinación, de tierra fertilizada; lista para dar aves de alas doradas, aspecto espiritual que trae la gloria del sol. La imagen mítica del pájaro vencedor de la muerte complementa el poema, vinculándolo con la concepción ya enunciada del mito morir-renacer. Si en el poema VIII la función del pájaro es implicar la complicidad de la noche para llevar a cabo el proceso de perpetuidad, en "los pájaros" el símbolo funciona en sus dos niveles: diseminador-anunciador y símbolo de luz e inteligencia.
Esta tercera sección concluye con un tono optimista que reitera la esperanza de un futuro mejor:

Asombro del paisaje,
el pájaro baila
en la música del sol.

De su danza nació América. (140)

Si el símbolo del pájaro afirma la diseminación de una perpetuidad creada por la imagen de la diosa fecunda "El pájaro está descansando en el hombro de su Madre /", que se reafirma en cada muerte individual: "el pájaro que despierta al día / y el pájaro dueño de la muerte"; el de la piedra representa el vínculo de lo telúrico a esa permanencia. Só1o en ella el hablante es capaz de encontrar el lazo entre é1 y América: "Pájaro sobre piedra. / El nacimiento de América". De esta unión emerge la nueva América después del sufrimiento.
La piedra, como símbolo del ser, representa además cohesión y reconciliación consigo misma. Cirlot dice que la dureza y la durabilidad de la piedra ha impresionado a los hombres desde siempre por su oposición a las cosas que decaen y mueren (246). Rubén Vela utiliza al máximo estas características al crear por medio de su simbolismo unas imágenes que proyecten la tenacidad y permanencia, no sólo del continente sino también de sus hijos. Por medio de la reiteración anafórica, el hablante establece en el poema IX un encadenamiento progresivo que parte de la piedra, portadora de fuerza y unidad, hacia un ser mortal, que al retener las propiedades positivas de la piedra, adquiere identidad:

Seré una piedra.
Seré el rostro de esa piedra.
Seré la memoria de esa piedra.
Seré la esperanza de esa piedra.
Seré la inicial de un dios.
Seré el relámpago de un dios.
Seré la sonrisa de una pampa abierta.
Seré la hoja de un maíz, seré su flor y su fruto.
Seré el cansancio de un hombre americano.
Seré su sed y su alegría.
Seré un día eterno y memorable.

Seré también América. (121)

La palabra "seré" y su reiteración anafórica conlleva el deseo y la posibilidad de perseverar. El mundo de referencias de las imágenes corresponde a lo telúrico con su carácter de fuerza que configuran una característica existencial dual: piedra=tierra, relámpago=aéreo y luminoso. El análisis de estos dos polos prueba que el uno es forjador del otro y viceversa. En consecuencia, el poema queda estructurado en tres unidades sintagmáticas que se complementan y como resultado proyectan a América. En los primeros cuatro versos los símbolos están asociados con el hablante y su relación con la dura permanencia de los mismos. En la segunda unidad sintáctica, versos 5-8, se plasma la posibilidad de inteligencia y espiritualidad del hablante. En estos versos tanto la luz del relámpago como la “pampa abierta” connotan espacios asociados a la libertad a la vez que a su proceso de fecundación y germinación por medio de la lluvia y la receptibilidad del suelo. El hablante tiene ahora la capacidad de percepción, de asimilación como un rasgo esencial para lograr un mundo nuevo donde é1 exista como complemento y parte: "seré el cansancio de un hombre americano". La tercera unidad sintáctica corresponde al mundo mismo, una América creada, por gradación ascendente de imágenes que, partiendo de la dureza y durabilidad de la piedra, alcanzan una síntesis piedra-hombre-continente para darnos la identidad perdida. Una vez establecida la identidad del continente por medio de la diseminación (pájaro) y la permanencia (piedra), el hablante hace un balance y exclama:

Tengo un jardín de piedras.

Cada piedra
es una música abierta hacia el futuro,
una preciosa flor.
Es mi jardín de Tiempo. (141)

Mujer-América

La última sección es la que redondea la imagen mujer-América. La dimensión que nos interesa destacar es la elaboración del motivo de la reproducción. El hablante lírico, al hablar de América, destaca su cualidad luminosa: "Viene alumbrando. / Viene alumbrando y nueva la dueña de los Cinco / Vientos". (111, 3-5)
Los rasgos del motivo, otra vez, se sustentan en el arquetipo del morir-renacer. Después de darse y renovarse, América avanza sin tropiezos al infinito, hacia una identidad sin fin. La interrogación retórica que inicia el poema representa el clímax emotivo al poner énfasis en la situación de quietud que ha alcanzado el "pájaro" en oposición a la movilidad iluminante de América. De allí, que el uso del gerundio sea el tiempo verbal adecuado para dar esta sensación de continuidad, de este "estar haciéndose". Una interpretación de esta imagen de mujer-América a un nivel simbólico condiciona la exégesis de este poema. Si se la entiende como cuerpo se puede dar énfasis a la vida humana siendo transportada en el tiempo. Similar es el caso si se piensa como luz=América dándole una figura infinita, con lo cual remite, en el sentido que lo caracteriza Mircea Eliade, a la concepción sagrada del mundo donde existe el símbolo sagrado de la luz (174-79). De igual manera, el hecho de que América sea ahora la "dueña de los vientos" representa, de acuerdo con Gastón Bachelar, una creación ya que "el torbellino cosmogónico [...] es donador de poderes" (280). Seguidamente, se refuerza la imagen con la escena amorosa implícita. La potencia alumbrante coincide con la unión del hombre y la mujer, que recuerda la pureza original, antes del pecado=civilización:

Y una mujer y su ardiente camarada
trasvasaron el agua de diamantes
que corre de una a otra vena. (69).

Este carácter ritual se acentúa en el poema "Sobre la tierra" porque no sólo se presenta el simbolismo del agua y la función unificadora y conductora de la luz sino que se extiende a la relación mujer-tierra:

Ella bautiza el infinito
con el continuo nombre
de sus hijos
y su estatura se agiganta
frente al difícil sol de cada día. (166)

La estructura del poema se sustenta en un hablante cuyo temple de ánimo profético potencia una actitud y tono que se le subordinan, destacando el hecho de la procreación. La clave interpretativa recae sobre los diferentes significados del sustantivo mujer, que se repite cuatro veces. Primero, en su papel de mujer fecunda que da hijos móviles, inteligentes; segundo, como parte del suelo, se mantiene apegada a la tierra “no quiere volar”; tercero como continuadora en el tiempo por medio de "los nombres de sus hijos"; y cuarto, porque es la única figura capaz de enfrentarse al "difícil sol de cada día". La mujer es el símbolo de América:

La mujer
sobre la tierra.
Sí.
Sobre la tierra. (166)

"La mujer sobre la tierra" es la que hará posible la perpetuidad porque América es el tiempo. De esta manera, se ha completado la imagen América-mujer, mujer-América que postulamos al comienzo de este ensayo.
El estudio de los poemas, el enriquecimiento mítico de la imagen de la mujer y los matices simbólicos comentados nos han proporcionado los elementos para evidenciar una visión que contribuye a configurar un mundo poético de excepcional originalidad en el contexto de la poesía latinoamericana. Rubén Vela, como acertadamente señala Alberto Baeza Flores, promueve ese nuevo mundo descubierto por Cristóbal Colón. Por medio de sus figuras indígenas, sus imágenes impregnadas de lo telúrico, de testimonio y de invocación, el continente alcanza una identidad. De sus versos surge una América problemática donde sus grandes y opulentas ciudades contrastan con la pobreza de su gente, con su tierra fecunda que va quedando atrás para que sus campesinos pasen a formar parte de la periferia de las urbes. En su arte, Vela no ha escatimado ni un pobre rincón de América, ni la piedra de sus antepasados, ni el sudor del hombre para poner de manifiesto las condiciones sociales, políticas y culturales del continente. Sus poemas son un hacerse de América ante el lector y una protesta social cuya palabra es el arma para enfrentarse a los problemas que la afectan desde el esencial nivel de la totalidad.

REBELDÍA A TRAVÉS DEL LENGUAJE
Pero fijaos que curioso:
sin el hombre
el poema
no es.
Rubén Vela

La ideología de la poesía social de nuestro siglo ha desarrollado un papel para el poeta que es una combinación de bardo y profeta a la vez, cuya misión es ayudar a comprender el sentido de la vida. Sus fines son esclarecer la situación social, despertar la conciencia política. En consecuencia, el poeta se siente responsable de explicar esa "la ausencia de los dioses" que ya se ha mencionado, en un mundo donde los valores fundamentales tienden a desaparecer. El lenguaje que ha llegado a sus manos requiere un trabajo arduo para lograr llegar al nivel totalizador que requiere la comunicación. Ya Rafael Alberti decía: "¿Poeta fácil? Acaso. / ¿Poema fácil? Ninguno". De esta manera, el trabajo asiduo del poeta se hace necesario porque el plano formal del discurso ha perdido la ayuda de la historia de un individuo o de un evento individual para proyectar un universo coherente. Tanto el escritor como el lector se enfrentan a una problemática de acceso a la comunicación casi imposible de salvar. Por consiguiente, el poeta trata de mantenerse en plano de lo esencial y de la auténtica creación por medio de la apropiación de un lenguaje nuevo que cobre la fuerza necesaria para lograr la comunicación. Rubén Vela hace un inventario del discurso a su disposición. Sus versos han buscado las palabras precisas que expresen su circunstancia y, aunque no comprensible a primera vista debido a lo impenetrable de su discurso, a su rompimiento con lo tradicional, logra por medio de esfuerzos especiales "sobrepasar la barrera entre lo esencial y el público de una sociedad de consumo", para que el hombre pase a ser el Hombre (230). Las expresiones de discurso poético de Vela se combinan o cambian para dar paso a un hablante lírico capaz de situarse al nivel de un percepción total, poniendo de manifiesto diferentes niveles del compromiso social por los que tiene que atravesar su voz antes de alcanzar el nivel totalizador de que habla Foucault.
Vela llega a la disyuntiva de aceptar su función social después de haber pasado por períodos que van desde el existencialismo de Introducci6n a los días, (1953) donde el fluir del tiempo se concibe en la cotidianeidad de la vida misma, impregnada con una visión panteísta; llegando Veranos, (1956) donde ya su serenidad se resquiebra por una expresión más hermética salpicada de ideas de lucha que luego desembocará en Poemas americanos, (1963) con el cual ya intuyó que para cantar nuestra realidad hay que transformar la palabra; los poemas se hacen breves:


El
Sol
dividiendo
su amor
al mediodía.
Mi
futuro
incendiándose. (104)

Ya en estos poemas aparece la preocupación social por medio de la presentación de la miseria en contraste con la riqueza que la circunda:

Ella es América, un mutilado nombre
un cuerpo llagado y su cansancio

En Los secretos, (1969) el hablante trata de darle al hombre su perdida identidad, y acomete contra la burocracia atacando a los que se dejan dominar por ella:

El hombre que no tiene sed,
¡que no tiene sed! ¡que no tiene sed!

Este hombre no tiene salvación porque no lucha, el hablante adquiere un tono impotente ante esta situación. Es en La palabra en armas (1971), donde el hablante lírico toma una actitud combativa y se pregunta cuál es la función del poeta.
Si cada vez es más difícil lograr la comunicación, si ya no es posible relacionarse con el individuo porque éste ha perdido su carácter esencial, ¿cómo podrá el poeta definir su función? Primero, Vela toma conciencia de que la literatura crea un universo, en el cual, mientras que la visión de mundo se coloca al mismo nivel de las categorías mentales de su grupo, alcanza una coherencia mayor que este ú1timo (Goldman 77).

Que no me digan
que escriben simplemente,
que dicen el poema
sin pensarlo siquiera.
Que, é1 nace porque si.

Es un arduo trabajo,
un oficio de herreros,
un hacer proletario.
Un cansancio que continuará mañana. (170)

Segundo, que en lugar de crear solamente un universo en el plano imaginario y llevar cuenta de una realidad, el poeta ayuda al hombre a tomar conciencia de sí mismo.

¿Para qué sirve la palabra?

Para revelarle al hombre
su perdida
dimensión humana. (316)

De esta manera, el poeta llenará una función colectiva que compense las frustraciones que le imponen. Vela acepta este reto: el grupo puede elaborar un engranaje orientado hacia la coherencia, pero es el individuo el que debe lograr despertar la conciencia colectiva, es el que debe buscar la herramienta necesaria para crear, esta herramienta es la Palabra, y exclama:

¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes,
la música celestial de los eunucos,
el ensueño de los débiles de espíritu? (277)

Al igual que cualquier acto físico, la creación se hace en un plano y desde una perspectiva histórica, por lo tanto, hay que poner la funcionalidad del lenguaje de acuerdo con este momento histórico. El hablante quiere pasar de la emoción a la acción y exclama:

Hombres de este siglo:

Contemplad la Palabra. (277)

Sentir la emoción en la creación implica leer la Palabra donde exista la libertad plena, buscarla "en los rostros sorprendidos que descubren de pronto / su condición de Pueblo". La decisión está tomada: hay que ordenar la palabra de tal manera que le permita llegar a todos los hombres. Pero al mismo tiempo hay que desnudarla y darle a cada una de ellas su máximo valor. Para lograrlo, Vela crea un hablante lírico que se contorsiona y se contrae con el propósito de representar el caos "La vida se abre en zonas de desgaste / el mañana es un nuevo desafío (223); el dolor del hombre desatado en fuerzas primitivas "Veo / la vida desesperada" ( 224) y se pregunta:

Bien
me dicen: debes hablar
Y yo pregunto: ¿con qué palabras? (254)

Del hablante impregnado de júbilo ante el paisaje de América, cuyas palabras fluían para expresar su emoción se pasa a uno que se siente sin la herramienta adecuada dentro de su nueva función, y al hacerlo, deja de lado su "escribir e inventar" para ponerse acorde con la fórmula autor-función, para la cual, como afirma Foucault, es necesario hacer "una apropiación social del discurso" (277). Ahora se hace necesario una nueva poética:

El poeta que busca la palabra exacta.
El poeta que busca la palabra justa.
El poeta que busca la palabra precisa.

Todos somos pobres. (345)

Al observar esta poética es obvio que ahora menos que nunca es importante la fama o la posteridad. Ya no es necesario ser el "Príncipe del Arte" (1955), lo indispensable es devolverle al lenguaje su característica de evento total y buscar la forma de anular la soberanía del significante, en otras palabras "fundar un nuevo lenguaje", como apunta Bella Jozef, que sea capaz de transformar el mundo con su significado (Epílogo de Maneras de luchar, 230). El hablante apostrofa a su lector ideal en busca de comunión y exclama:

Ved la Palabra

en ese niño hambriento
devorando
los huesos que aún le quedan
de su propio esqueleto,
destrozando en llantos su futuro
al cual nunca arribará.

¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?

He aquí su Palabra.

Su salvaje alegría.

Su porfiada esperanza. (278)

El tono se ha vuelto sentencioso y, como bien apunta Delfín Garaza, "la palabra ahora posee impulso e insolencia, acicate y conjuro. Es capaz de rozar suavemente con su aleteo o desatar catástrofes" (46). La palabra es capaz de develar la realidad circundante: se hace ofrenda, afirmación. Como el significado de la connotación, el carácter de la palabra es a la vez general y global; el escritor debe:

Ver
la palabra
pesarla calibrarla
irritarla violarla.

La palabra desnuda. (311)

de allí que haga que surja, que nazca la conciencia de la identidad "abandoné mi soledad inútil / mi débil fortaleza. / Me mezclé con los hombres. / Descubrí a mis hermanos" (292). Ya no es posible hablar en términos "tú" o “Yo”, ahora hay que buscar lo social, a nivel de grupo, a nivel total:

POEMA CON PUEBLO

¿De ti, de mí, qué ha de quedar mañana?
¿Este momento, el beso aquel, el hijo,
nuestros cuerpos desnudos amándose
con su lenguaje perfecto,
este abandono tan feliz que nos cubre,
casi la ausencia de nosotros mismos?
....................................................
No un momento, no el nombre
de nuestro corazón y su apellido.
Ni tú ni yo. Lo que hay detrás
de lo tuyo y lo mío
más importante aún que nuestros besos.

Lo que en el pueblo acontece, no en nosotros. (160)

El motivo de la fraternidad se hace presente a un nivel subjetivo, de dos seres que se aman, para dar luego el salto hacia los demás. El hablante se considera parte de un todo que es el pueblo. Según Juan Villegas, el poeta crea un hablante que se identifica con cierto grupo y es la visión de mundo de este grupo la que potencia en el temple de ánimo de ese hablante (48).
El hablante lírico se ha colocado en el plano totalizador, se aparta de su percepción individual y se adentra en los problemas del Hombre. Esta identidad conlleva un fragmento de ideología que en palabras de Hjelmslev sería "la forma" de los significados de connotación, que se opone a la retórica que es la forma de los connotadores (Barthes, 92). En consecuencia, por medio de la connotación el poeta alcanza el deseo de simplificar:

Quiero contar, amigos,
una historia muy simple.

Y hablar simple no es fácil. (289)

Aunque reconoce la dificultad de conseguir una comunicación al nivel en que se coloca, el hablante se impulsa hurgador en su propia experiencia solitaria para explicar su cambio. Antes, ya había intentado un compromiso con la libertad misma, pero esta ansiada libertad fue efímera "Pero ella fue mía / sólo por un instante no por el tiempo, sino por el espacio reducido al nivel individual, a sí mismo. Un día, Vela comprendió que la libertad hay que compartirla: "Me mezclé con los hombres / descubrí a mis hermanos”, pero no es suficiente compartirla porque algo o alguien puede destruirla "en mitad del almuerzo generoso / alquimistas del odio / derramaron el vino". Y en este proceso descubre que el compromiso no debe quedarse reducido a un nivel limitado sino a uno total:

Entonces comprendí.

Y ella vino hacia mí

recuperada

en el áspero lenguaje

de los pueblos. (295)

De un nivel libinal, es decir en lenguaje freudiano, se ha pasado al nivel transindividual; en otras palabras, al nivel social. Sin embargo, el hablante apunta que no se debe olvidar al individuo, ya que sin é1 no se puede alcanzar los cambios necesarios:

Pero fijaos qué curioso:
sin el hombre
el poema
no es. (305)

Se necesita al hombre para tener el poema, el poema es la voz del hombre y la palabra queda convertida en arma: Es la que se levanta contra la injusticia y crea la fraternidad, porque:

Es un solo lenguaje.
Es un viejo lenguaje
Es el común y terrible lenguaje
de los hombres
que han sabido ganar su libertad.

(La libertad hay que ganarla
como la mujer
como los hijos
como la poesía
Como la amistad). (308)

El hablante lírico de "La palabra en armas" acumula en pocas líneas el peso del instrumento liberador capaz de cambiar el mundo:

La palabra en armas
que tiene cabida solamente
en nosotros mismos.

Nosotros,
nuestro propio alimento.

Nosotros, la palabra. (318)

Ahora el hablante, como parte del todo, ha pasado de un yo a un nosotros colectivo. Ha alcanzado el nivel totalizador del que habla Foucault; para enfrentarse a los problemas modernos hay que ser parte del problema y visualizarlo en el nivel esencial de la totalidad. Y es por medio de la Palabra que ha logrado descubrir el dolor:


El poema
es
aire,
alimento,
respiración,
una ciudad abierta
donde todos los hombres
se festejan.
Un Universo en libertad.

El poema
es
riesgo,
temblor
que le amanece
a la palabra.
Exigencia.
Revolución esencial. (303)

¿Por qué ha cambiado el sistema de significantes? Para contestar esta pregunta tendríamos que situarnos en el terreno extra-literario. Por el momento, lo que podemos afirmar es que todo lo que rodea al escritor -las escuelas, las fábricas, los rascacielos, las prisiones, las iglesias- son expresiones de una voluntad social. Todo texto literario entra en relación con el contexto social por medio del lenguaje, ya que tanto el emisor como el receptor comparten un lenguaje común, además, todo texto refleja una práctica social existente. (Fernando de Toro 110)
Por lo tanto, por medio del poema el hablante se dirige a los hombres, mas es la naturaleza de su envío lo que determina si el que escribe es un poeta social. Vela, por medio de su hablante lírico, primero se suscribió a la denuncia social, donde únicamente se critica; para luego tomar la decisión de combatir con la palabra. De esta manera, el poeta coloca su arte en una perspectiva histórica, donde los hombres colaboran con la división del trabajo y, al mismo tiempo, crea un sujeto colectivo a través de la comunicación, porque la funcionalidad del lenguaje es universal.

Conclusión

Con esta indagación en el discurso poético de Rubén Vela se ha puesto de manifiesto su constante preocupación por la palabra y sus connotaciones, cuya problemática alcanza diferentes niveles y acercamientos. De este modo, Rubén Vela se coloca en el plano totalizador necesario para lograr plasmar los hechos mismos en el poema. Su lenguaje, enriquecido con las voces del pasado, deja fuera esas palabras innecesarias para concentrarse en aquéllas cuya carga conlleva lo original y lo vital. Sus poemas americanos son una expresión del deseo de permanencia por medio del mito, de la historia de la piedra y del vuelo del pájaro. Vela toma conciencia de su ser americano porque su concepto de América esta adherido al concepto de Hombre, del hombre que lleno de fuerza vital retoma su tierra en una unidad América–mujer, mujer–América.
Con el discurso a su haber, Vela crea un universo que plasma su visión de la sociedad y proyecta un mensaje que ayude al hombre a tomar conciencia de sí mismo. El poema pasa a ser la voz del hombre y, en consecuencia, puede convertirse en instrumento que denuncie y ataque la injusticia. De igual manera, la palabra se convierte en un medio para lograr un acercamiento entre los hombres, porque “Es un sólo lenguaje. / Es un viejo lenguaje. / Es el común y terrible lenguaje de los hombres”, instrumento liberador capaz de cambiar el mundo.
La voz de Rubén Vela se multiplica y se renueva incesantemente ligando el poema a su esfera real. Enfrentándose a su tierra, el poeta se ha enfrentado a su problemática individual–social para concientizar su estar en el mundo como una constante superación.

NOTAS
1- Es en su libro La palabra en armas (1971) donde el hablante lírico toma una actitud combativa. Ver mi artículo "La actitud del hablante lírico en Maneras de luchar de Rubén Vela". Alba de América, 1988.
2- Todos los poemas citados corresponden al libro de Rubén Vela Maneras de luchar (1950-1980). Buenos Aires: Fundación Argentina para la Poesía, 1981.
3- Una interpretación arquetípica justifica la intención poética de Vela ya que permite aceptar varias sugerencias como plasmaciones individuales o parciales de una situación universal.
4- Aunque consideramos que toda obra literaria es social por estar escrita por un ente social (el autor) para otro ente social (el lector), en necesario apuntar que como medio de comunicación la obra se vincula a otros sistemas como la política, la religión, las clases sociales, etc. por medio de una conciencia real como la llama Goldman, por la cual el autor consciente o inconscientemente evidencia la visión de mundo de su grupo. Como afirma Juan Villegas, es un modo de comportamiento que sirve de indicio de una sensibilidad vital. En consecuencia, además de la función poética de la obra tenemos que referirnos a su función social.
5- Para mayor información sobre la actitud del hablante, ver Rubén Vela: Retrato de un poeta. Instituto Literario y Cultural Hispánico. Colección Estudios Hispánicos vol. III. 1995.
6- Para más información, ver Juan Villegas. Teoría de historia literaria y poesía lírica. Canadá: Girol Books. 1984.

OBRAS CITADAS


Baeza Flores, Alberto. Estudio preliminar a Introducción a America ed altri epigrafi. Istituto
Universitario di Studi Euroafricani. Colección Les Dauphins 3, dirigida por Pino Mariano
y Charles Carreree. Paris: Leche, 1985.
Bachelar, Gastón. El aire y los sueños. México: FCE, 1958.
Barthes, Roland. Elements of Semiology. New York: Hill and Wang, 1967.
Cirlot, Juan. Diccionario de símbolos tradicionales. Barcelona: Luis Miracle, editor. 1958.
Eliade, Mircea. Tratado de historia de las religiones. México: Ediciones ERA, 1964.
Foucault, Michel. Archaeology of Knowledge. New York: Harper Torchbooks, 1972.
Garaza, Delfín. Introducción a Maneras de luchar (1950-1980). Buenos Aires: Fundación
Argentina para la Poesía, 1981.
Goldman, Lucien. Cultural Creation. Saint Louis: Telos Press, 1976.
Toro, Fernando de. Reflexiones para la historia literaria y del teatro hispanoamericano una
historia. Gestos, 1986.
Vela, Rubén. Maneras de luchar (1950-1980). Buenos Aires: Fundación Argentina para la Poesía,
1981.
-------- La palabra en Armas. Buenos Aires: Ediciones Losada, 1971.
Villegas, Juan. Teoría de historia literaria y poesía lírica. Canadá: Girol Books, 1984.


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