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LA POESÍA ARGENTINA
Bella Jozef
Universidad de Río de Janeiro
Brasil
El trabajo presente es una interrogación sobre la experiencia poética de Rubén Vela, un cuestionamiento y evaluación de su obra, una reflexión sobre el proceso de constitución de su poética. La lectura que hicimos de sus obras nos llevó a meditar sobre el sentido de la poesía en general, ya que todo autor verdaderamente importante tiene el poder de obligarnos a reflexionar sobre los caminos que pueden llevar a la comprensión cabal de su obra y al problema de la creación en general.
Como método de liberación interior, la poesía nos descubre el mundo, creando otro. Una interrogación de la experiencia poética de Rubén Vela nos lleva a precisar la relación entre palabra y pensamiento. La palabra es el mismo hombre, una de las condiciones de la existencia del hombre. La palabra es representación (Darstelung), signos y símbolos. La significación, según Marshall Urban, es indicativa, emotiva y representativa. “La esencia del lenguaje, dice, es la representación, la relación bipolar entre el signo y el símbolo y la cosa significada o simbolizada y la conciencia de esa relación”. Poesía es afirmación y negación del habla que es palabra social. Según Octavio Paz (El arco y la lira 257), no hay sociedad sin poesía pero la sociedad nunca se realiza como poesía. Rimbaud fue de los primeros en condenar la sociedad moderna, pero Una temporada en el infierno también condena la poesía. Cuando dice “il faut etre absolument moderne”, exalta la acción y su modernidad se opone a la alquimia del verbo.
A partir de eso, los poetas hicieron de la negación de la poesía la forma más alta de poesía. Actualmente, los poemas son crítica del lenguaje y del significado, crítica del mismo poema. Como pérdida de la imagen del mundo, la imaginación poética pasa a ser descubrimiento de la presencia. En la antigüedad, el movimiento del universo estaba regido por un ritmo cíclico, arquetipo de la ciudad y de las obras. El espacio se hizo infinito y se expandió, desagregándose.
El poeta del pasado se alimentaba del lenguaje y mitología que su sociedad y su tiempo le proponía. El poema actual es la configuración de la imaginación, liberada de las mitologías a través de la técnica, signos en busca de significado. La conciencia de la Historia es la pregunta sin respuesta sobre su sentido. La poesía es la búsqueda de un ahora. Dejamos de reconocernos en un futuro. Según Ortega y Gasset, la pérdida de la imagen del futuro implica la mutilación del pasado. La rebelión de los románticos había sido la búsqueda de la unidad perdida, el otro. En los contemporáneos, según expresa Heidegger, “llegamos tarde para los dioses y muy temprano para el ser”.
En la dispersión de sus fragmentos, el poema busca la figura del mundo, el poema es el espacio sobre el cual se proyecta un puñado de signos, fragmentos que buscan un significado. La poesía moderna se inicia con el verso libre y el poema en prosa. La condenación de la poesía idealista deja de ser sucesión lineal y escapa a la tiranía tipográfica que nos impone una visión longitudinal del mundo. Lo que realmente ocurre son momentos simultáneos y en distintas zonas de un mismo espacio o en distintos espacios. En “Un coup de dés” las frases forman centros más o menos independientes que no pierden relación con el todo y crean dominio propio. La poesía, como la entiende Mallarmé, sería la única posibilidad de identificación del lenguaje con lo absoluto. El poema es el signo más puro del continuo trascenderse. El mundo, como imagen, desaparece. Todo objeto real se vuelve imaginario. La imaginación reduce la realidad a idea. La realidad primordial es la palabra. Pero la transposición que anula lo real en beneficio del lenguaje anula también la palabra. La actividad creadora actual define la creación e intenta ampliar su campo. La poesía aspira a recuperar el lenguaje como realidad total. El poema nace en ese “sitio de encuentro entre la poesía y el hombre”.
Cada poema es una unidad autosuficiente, la parte es el todo. Cada poema es único, no se repetirá más. En el poema, la palabra recupera su originalidad primera, mutilada por la reducción que le impone la prosa. Poeta y lector son dos momentos de la misma realidad. El poema es creación original y única pero también lectura: participación.
En el transcurso de sus treinta años de poesía, el poeta Rubén Vela viene manifestando una lúcida pasión en relación a su quehacer poético. Recorrió múltiples caminos desde Introducción a los días hasta el presente, en la búsqueda de una creación personal auténtica. No admitiendo concesiones, la síntesis y el despojamiento redundaron en densidad y esencia. Una voluntad cósmica trasciende su interrogarse ante los límites de la escritura. La meditación lírica se refiere a la experiencia del lenguaje como realidad biográfica y a la condición del poeta: soledad, irrealidad, tiempo y memoria, divorcio de la acción, la eterna problemática del conflicto entre el hombre y el artista. Es, por el contrario, la suya, una poesía vital y original, que escapa a toda clasificación estrecha y limitada. Por eso Leopoldo Marechal, tan certero y definitivo en sus juicios ha dicho: “Rubén Vela está entre los pocos que hoy reivindican para la poesía el derecho y el deber de regresar al intelecto, hurtándose a las exclamaciones líricas de la mera sentimentalidad. Vela trabaja con el concepto poético que no es el concepto filosófico, sino que apunta más alto en una sabrosa aproximación de la verdad, virtud excelsa de la poesía que nunca le faltó en sus mejores estaciones”.
Vanguardia y modernidad
La poesía contemporánea reformula la experiencia poética, para intuir un mundo que corresponde más al espíritu del hombre actual. Octavio Paz, en “Signos en rotación”, señala que la poesía moderna, en su más alta expresión, es la negación de la poesía en el sentido de que “sus poemas son crítica de la experiencia poética, crítica del lenguaje, crítica del propio poema”. La poesía moderna dejó de comunicar porque problematizó los valores del significado e hizo del significante el residuo final y último de experiencias proyectadas por medio de la arquitectura verbal. Así, la modernidad instituye una nueva escritura y una nueva visión del mundo.
Vela se abre con receptividad a todos los estímulos, siéntese universal y actual, asume las rupturas que caracterizan a la conciencia de nuestro tiempo. Descubre una realidad en acelerada metamorfosis en la era de expansión tecnológica, de la actualidad que presiona en escala planetaria. Su modernidad se expresa explícita, literal, otras veces interiorizada, como condicionamiento mental. En “Hombres de mi ciudad”, capta el ritmo vertiginoso de la vida urbana, “como una dura bandera / hecha de lutos y fracasos, / de desesperado amor, / de invencible alegría / Buenos Aires”. La autobiografía lírica del poeta se entreteje con la intromisión directa de la actualidad, con un acaecer contemporáneo.
Se entiende por vanguardia todo movimiento que, a través de una posición de ruptura y de avance, crea nuevas estructuras, ampliando el repertorio global del hombre. Se caracteriza por un cuestionamiento de los valores ideológicos y de los cánones culturales y códigos de una determinada época histórico-cultural. Esa actitud es radicalizada en nuestra época, visto que el artista de vanguardia, en un combate inesperado intenta huir de la creciente masificación. Sus innovaciones son basadas en un experimentalismo que coloca al creador en una posición de investigador marginalizado de la sociedad y despreocupado con la comunicación de masas.
Es este “vivir anticipado” de la obra que caracteriza la vanguardia como un elemento de choque. El ineditismo vanguardista se manifiesta en la estructura, en los medios y en los materiales empleados para la creación, tendiendo los tres, por sus valores intrínsecos, a un universalismo que destruye la noción de movimiento único característico de determinado país o región.
La vanguardia instauró la imprevisibilidad y complejidad de los signos, cambiando los procesos informacionales, superando los lenguajes gastados, renovándolos. Instaura nuevos procesos, resolviéndolos bajo el signo de la libertad creadora. De Rimbaud en adelante, la poesía buscó dar a la palabra una existencia autónoma como realidad en sí. “Toda obra surge como la fundación lingüística de sí misma, la discusión sobre su poética, la liberación de las ataduras que, antes de ella, intentaban determinar la llave de su propia lectura” El cambio de los códigos de comunicación trae en sí la formación de nuevos contextos culturales, la organización de nuevos códigos, la reestructuración continua de estos últimos, obedeciendo a las interrelaciones dialécticas entre sistema de comunicación y contexto social.
El poeta de vanguardia no intenta solamente fundar la palabra poética en el propio hombre sino redescubrirle “la mitad perdida”, la pérdida de la imagen del mundo. Atenta para el nivel del subconciente, busca reconquistar Eros, a través de la liberación del id, restableciendo el contacto del hombre con su esencia. La obra se vuelve el espacio de la liberación total, en el cual el artista funde sueño y realidad, la fantasía creadora y la crítica a los valores sociales.
Del modernismo a la modernidad
Partiendo de la base metafórica y asociacionista de Mallarmé, con influencia del cubismo pictórico, algunos poetas franceses llegaron a una poesía de la cual se borró todo elemento de lógica conceptual y toda rima, mientras la puntuación era frecuentemente substituida por espacios tipográficos.
Estas corrientes llegan a España en el final de la guerra de 1918 y en el año siguiente surge el grupo Ultra, formado por algunos jóvenes que propugnan el nuevo credo poético nacido en Francia. Luego se produce el primer cisma, por la actitud de Vicente Huidobro, que se arroga, muy justamente, la representación original del creacionismo. Guillermo de Torre y casi todos los ultraístas defienden la estructuración poemática, basada en la metáfora pura. El enunciado de sus normas indica la filiación posmallarmeana: base metafórica, síntesis de estados anímicos, ritmo variado, puntuación omitida, claros tipográficos.
En un país como Argentina, que caminaba hacia una estabilidad general gracias al desarrollo económico, el ataque de los jóvenes poetas se dirigía contra los oficialismos literarios tradicionales. El verbalismo de la cultura tradicional, representación rígida de una sociedad que delineaba sus nuevos comportamientos, es substituido por una nueva concepción del mundo. Mientras el grupo Florida adoptó el purismo y una actitud lúdica, el grupo Boedo se centró en problemas de orden social, pero había en aquellos años un límite entre el yo y sus circunstancias, visible en una poesía que no disolvía los límites entre individuo y contorno social. En esta Argentina opulenta de la postguerra del 18, la realidad económica ayudaba a la exaltación eufórica expresada por el ultraísmo. Éste significó la libertad individualista del escritor, optimismo, frivolidad espontánea, el aspecto prometedor de aperturas estéticas y espirituales. Con esto se aspiraba al abandono tanto del confesionalismo romántico como de la excesiva valorización del poeta, característica del modernismo.
La generación de “Poesía Buenos Aires”
Con la crisis de 1930 y los disturbios económicos, cambió la situación general. La segunda guerra mundial influyó en los cambios sociales en Argentina, con todos los problemas decurrentes de la masificación de la sociedad y los interrogantes de la generación del 40. Ésta buscó alcanzar la expresión nacional, renegando del europeísmo modernista de la generación del 22:
Queremos para nuestro país una poética que recoja su aliento, su signo geográfico y espiritual.
La fundación de la revista Poesía Buenos Aires marca en el año 50 el primer intento de renovación en relación a los poetas de la generación anterior. Su preocupación máxima estaba centrada en la pureza de la imagen, desprendida del mundo externo e interno.
Consecuencia del ultraísmo, el invencionismo fue un esfuerzo de liberación de los influjos del simbolismo, sin la llamada forma de evasión de la poesía pura (que debe ser comprendida como compromiso trascendente individual, delante de la problemática poética). Eligiendo el verso libre, el invencionismo se unió al creacionismo de Huidobro, intentando dar al poeta la más absoluta libertad para crear la imagen, objeto enteramente nuevo, a través de la cual el poeta capta zonas trascendentales. También el surrealismo francés presente en la Argentina desde los años treinta influenció esa poesía de poderosa síntesis formal.
Pocos autores de esa generación intentaron una recuperación del espíritu polémico para una revisión histórico-social del problema del ser americano. En cambio, los poetas de la década siguiente fundieron la estética del 40 a la del 50, caracterizándose por una marcada tendencia social e interés en cuestiones contingentes inmediatas. Por este camino, afirman Tomat Guido y Celia Paschero (La poesia moderna argentina 11), los poetas posteriores al 55 reniegan de la poesía pura, “en favor de una expresión directa de los problemas que angustian al hombre contemporáneo”. Vela se incorpora al grupo de “Poesía Buenos Aires” a partir de 1952, separándose a medida que refuerza su poesía con un profundo sentir americanista, especialmente desde la publicación de “Radiante América, Poemas Indianos, Poemas Americanos y Poemas Australes”, escritos los dos primeros en Bolivia, en donde el poeta residió por varios años. No se puede dejar de lado, por otra parte, la filiación surrealista de muchos de los integrantes de este grupo. Juan José Ceselli en Poesía Argentina de Vanguardia, Ed. Ministerio de Relaciones Exteriores, Buenos Aires, 1964, denomina como parasurrealistas “a los que viniendo del invencionismo han evolucionado hacia un lenguaje surrealista como Rubén Vela, Alejandra Pizarnik, etcétera”.
El surrealismo
Fue otro movimiento de hondo influjo en Hispanoamérica. Introdujo la asociación automática, expresando el inconsciente que yuxtapone a lo cotidiano y descubriendo relaciones ignoradas entre las cosas, a través de un conocimiento intuitivo de la realidad. Se puede añadir su audacia expresiva, los hallazgos del irracionalismo y con eso el lenguaje vuelve a adquirir su valor primordial. El romanticismo había enfatizado el idealismo y el culto del yo y el simbolismo actuaba con alucinaciones metafísicas.
El intento surrealista de restituir el “funcionamiento real del pensamiento” se limitaba a desagregar un cierto orden de relaciones lógicas del discurso pero raramente alteraba los nexos sintácticos o gramaticales:
Y una mujer y su ardiente camarada / trasvasaron
el agua de diamantes / que corre de una a otra vena.
De ahí que el mundo representado en los cuadros de Dalí y en las películas de Buñuel sea un mundo en el cual el naturalismo de los pormenores, casi fotográfico, se vuelve garantía de la irrealidad del conjunto. Las construcciones surrealistas permiten, alrededor de elementos subjetivos, la organización de percepciones de tendencia objetiva. El término de referencia sigue siendo una irracionalidad organizada que se intenta desestructurar.
Al contrario del realismo (que diviniza la presencia física del objeto exterior), el surrealismo revela la percepción interna, pero rompe la frontera entre el sujeto que percibe y el objeto percibido. Esos procedimientos significan una identidad de compromiso ético y estético con el mundo contingente en que se instauran las creaciones de vanguardia. El poeta enfatiza la irrupción de imágenes -irreales o desrealizadas- peculiar a la expresión surrealista, de modo de reiterar su visión desintegracionista de la forma estética:
La muerte tiene otro nombre / y una sed de
loba y hambrientos veranos / que clavan en mí
sus inocentes garras. / Pero hay algo en ti mis-
ma / como una garganta sin sonido / y qué
digo! / como una soledad perfecta / adonde
quiero llegar. . .
(Escena del prisionero)
La imaginación del artista moderno se localiza al margen donde “la función del irreal viene a seducir o inquietar -siempre despertar- el ser adormecido en sus automatismos”. (Gastón Bachelard)
Por su ineditismo, la imagen poética pasa a importar más que el pensamiento discursivo:
Radiante América / pez bautizado por el
aire / aprendiendo a morir
Transformando los elementos del mundo objetivo, el poeta redimensiona los objetos del referencial y los elabora para devolverlos a un mundo poético a través de un proceso de singularización. El surrealismo hace del lenguaje un símbolo antirrealista y desrealizador, por la necesidad de crear nuevas realidades que trascienden lo cotidiano. El principal esquema del surrealismo es el montaje, con el cual obtiene el elemento de singularización. Elementos de tipos diversos se sobreponen dialécticamente. La nueva belleza propende a lo abismal. El arte pierde su poder de sublimación, su potestad catártica. La conciencia poética ambiciona acceder a la divina intemporalidad pero se hunde en el vacío. Se rompe la unidad de tono, los principios de armonización se debilitan. Se acentuó, con el modernismo, el distanciamiento entre discurso poético y normal. El poema deja de ser un espejo del mundo para constituir una realidad específica, a través de imágenes sorprendentes e instaura la invención en la poética:
Ahora invento el reino de las estructuras irrealizables
(Escena del prisionero)
Alfareros de misteriosas ecuaciones que acumularon
por siglos su equipaje de encantamiento y hechicerías
pues, según Michel Foucault, “le fictif n'est jamais dans les choses ni dans les hommes mais dans l'impossible vraisemblance de ce qui est entre eux”.
Aquí entramos en pleno dominio del creacionismo, para el cual la obra poética es una escritura, esto es, un discurso sobredeterminado al real. A diferencia del surrealismo que busca incorporar todas las dimensiones de lo real posible (social, psicológico, onírico, mítico, etc.), en Huidobro ocurre antes una construcción específicamente poética (no referencial) que una fusión entre planos distintos de una realidad determinada. Hay oposición entre el nuevo universo poético (creado en el espacio del texto) y el universo referencial que jamás va a implicar en una síntesis.
La concepción surrealista puede remitir al principio de la alegoría (según Walter Benjamín) elemento elaborativo de la obra de arte contemporánea, la cual dimensiona las vivencias particulares del hombre y define su modo de ser en términos de una construcción multisignificativa (obra abierta). La obra alegórica va a consistir en un universo de metáforas que se excluyen mutuamente y son adentradas “en una especie de laberinto fantástico” (Benjamín). En Poemas americanos, Rubén Vela elaboró una alegoría de la propia América, como realidad plurívoca, existente a partir de la visión del autor.
Así se instaura la invención en la poética:
Los caballos incendiados / por el olor de la naturaleza. / Yo hablo para ti. / Yo invento / el incendio de tu nombre.
desestructurando frases hechas, utilizando el proceso de extrañamiento en que el signo es utilizado por sí mismo, a través de una desautomatización:
atravesando los últimos camellos de la aguja
(Escena del prisionero)
además de enfatizar la palabra-objeto en detrimento de la palabra-idea:
incendiarse / en / la / palabra.
finalizando el poema con el surgimiento del poeta como instaurador y organizador de un mundo real que en última instancia depende del poder de la creación, de la “poiesis” para su total realización:
Con él, soy un dios, protegido por su calor
de la oscuridad y de la muerte.
El escritor es también prisionero de la creación y tiene el delirio de su obra, este reducto inconquistable donde se defiende mi verdad.
En el epílogo de “Escena del prisionero”, el poeta rompe el sentido sacramental del poema, lo instaura en la realidad, lo incorpora como elemento necesario de vida.
En el poema “El vuelo secreto de la noche”, los procedimientos de extrañamiento al nivel sintáctico-semántico van a traducir el contraste de América, sus elementos dispares:
El vuelo secreto de la noche y sus aguas de
frutas maduras y salvajes.
Con su río de músicas el trópico avanza.
Es la sangre del pájaro que hace nacer al sol
cada mañana.
Las imágenes del texto pueden ser consideradas construcciones surrealistas que permiten, alrededor de elementos subjetivos, la organización de percepciones de tendencia objetiva. El imaginario, funcionando como facultad cognitiva, crea un universo estético basado en la negación de la estructura ya establecida y tomando los objetos fuera de su contexto:
Mi podredumbre transformaba las cosas de
este mundo en objetos de pura belleza.
Nueva dimensión del lenguaje
El discurso del poeta es perturbado por la inserción de lo no previsible, que se convierte en impulsor de la sugestión poética. El ilogismo aporta al conflicto, se pasa de la denotación a la connotación. Esa conciencia y desasosiego, que no pueden conciliar los contrarios, corroen el concierto y la simetría, índice de una crisis de valores, de la angustia existencial. Hay una recuperación de lo inconsciente que se identifica a lo incognoscible. El hombre moderno está truncado por la imposibilidad de recuperar su integridad, por la dualidad ahora inconciliable, por la tensión entre lo satánico y lo celestial, entre espiritualidad y condición carnal. La búsqueda de unión de los opuestos en el inconsciente viene del surrealismo, genera una conciencia conflictiva:
No hablar de américa / no hablar de nada /
no mencionar la muerte que te aguarda /
como un ángel siniestro / no decir cosas /
o decirlo todo de golpe.
(“Todo o nada” 150)
para probar / de este modo / la existencia / de
lo que no es concreto / de lo que no es real.
(a Kosice)
En otra obra, el poeta busca conciliar la soledad y la integración del poeta:
Este es mi oficio, mi ineludible oficio.
Escuchar hacia adentro.
Convertir el silencio
en aire respirable,
vivir en soledad.
Y sin embargo
nada es posible sin el mundo...
(‘El rey que rabió” 271)
Al nivel de la estructura, se observa la proposición de fundar un nuevo lenguaje, que caminaría para una especificidad cada vez más grande.
La especificación del lenguaje es presentada en “Todo o nada” dedicado al pintor Leonidas Gambartes.
…sigues viendo criaturas que nacen como pólipos o
adherencias
sobre la tierra india herida
aferradas encimadas atrapadas
como racimos de seres extraños que miramos con
desconfianza
de un planeta desconocido antiguoamérica
de una tierra de cobre donde todos los pertenecemos
y en donde todonada es de ellos
la piedra habitada por el rayo
la piedra de color de calor
de arrabio de rabia de furia
viendo todo por tus manos gritando sobre muros de
piedra
gritando lo que viene desde el ombligo del mundo
manopiedra culebra manopiedra serpiente
manopiedra del llanto
manopiedra cansancio
manopiedra hambre del hombre americano
manopiedra gambartes.
Obsérvese el aspecto lúdico radicalizado, a través de una unión de dos signos lingüísticos en un signo poético, al nivel semántico y fónico. La lógica tradicional del discurso es liberada, forzando a una readaptación de la capacidad receptiva del receptor a las condiciones que le son presentadas por la obra de arte.
Hay un intento de redescubrir la dimensión ontológica del lenguaje. La palabra es pensada como forma esencial del conocimiento del mundo –traduciendo las palabras de Marcuse: “El arte en sentido extremo habla el lenguaje del descubrimiento”- y no en vista de su función inmediata, esto es, designar un objeto real. Se procesa la ruptura profunda entre lenguaje referencial e inventivo. El poeta busca asumir la vitalidad concreta que los hábitos lógicos del pensamiento hicieron perder.
Las imágenes psíquico-objetivas que el poeta recrea se vuelven un ser nuevo del lenguaje. Ellas expresan el poeta, siendo al mismo tiempo un devenir de su ser. La mirada del poeta visionario cubre todo el horizonte humano en una visión totalizadora:
Así, a pesar de mí mismo, soy el arrogante
dispensador de bienes no deseados, el insolente
instrumento de la verdad para probar la
existencia de otra
Verdad no alcanzada. El Arcángel caído
portador de la esperanza y la alegría.
La presencia de los elementos antinaturales y corruptores que lo rodean (en el plano de la representación mental), lleva el poeta a una precisión objetiva, lo que podría llamar de “irracionalidad concreta”:
Los caballos incendiados / por el olor de la
naturaleza.
El lenguaje toma por objeto la misma poesía, cuestionándola o se especifica a través de la innovación de lo fragmentario, abandonando la estructura lineal discursiva. La poesía vanguardista se fundamenta, así, en dos funciones de la comunicación verbal: la metalingüística y la poética. Ésta amplía la distancia entre los elementos constituyentes del signo, que se caracteriza por no denotar unión directa entre significante y significado.
El metapoema y el discurso poético
El discurso poético se sirve del código lingüístico para objetivarse. El lenguaje moderno enfoca la lengua como objeto y tema de la poesía, en un intento de reducir el lenguaje poético a sí mismo, volviéndola a su propio discurso, esto es, instaurando el metalenguaje como factor primordial para la expresión poética. No se habla de amor, sino de la palabra amor recreada en el poema.
La función poética predomina, vuelta para la estructura del mensaje:
De la tierra incendiada / surgieron / radiantes / mis hermanos.
Ellos eran la Tierra.
Levantaron sus casas. / Construyeron / otra mesa más grande / en la matriz bravía / de la tierra.
Comieron de nuevo en esa mesa / con un amor distinto. / Dieron salud al mundo.
Conquistaron / a fuerza de coraje / la libertad perdida.
La libertad de Todos.
Entonces comprendí.
Y ella vino hacia mí
recuperada
en el áspero lenguaje / de los pueblos.
(“Una historia” 294)
De este modo afirma el poder de la palabra capaz de revelar la presencia del dolor y expresar la comunicación humana.
Vida por vida, palabra por palabra, estos son /
los hechos en la cámara de torturas, / en la sala
de ejecuciones.
El condenado piensa en el poema. / Sin nada
que hacer sin él. Sin nada que hacer con él.
Encerrado en la detestable celda.
En el infame tiempo.
II
Aparecen las fieras: palabras.
Aparecen las fieras: palabras.
Aparece la locura y su arco de luces girando
sobre palabras vivas.
(Del poema)
Como una esencia vital, el poeta hace de la palabra un motivo de sus búsquedas interrogantes:
Esta palabra que crece duramente en libertad
y cruel armonía.
(Mesa de los pecados capitales)
El poeta elabora signos que expresan un nuevo mundo, en una reflexión sobre el propio poema, dando énfasis a la construcción intelectiva, a la realidad constituida en el poema. Éste se vuelve mensaje sobre sí mismo, ya que el signo contiene su propia finalidad. Para esto funciona el corte de elementos redundantes en un intento de reducir el lenguaje poético a sí mismo, instaurando el metalenguaje.
Este cuestionamiento de los códigos comunicacionales vigentes y de los patrones culturales explica la tendencia al metapoema –“objeto y mirada sobre este objeto” (Barthes)- lo que es un alargamiento del pensamiento mallarmeano: “la poesía se hace con palabras y no con ideas”. Es lo que dice Rubén Vela:
La palabra / siempre / temerosa / del vestido /
de / gala / sobre su desnudez / magnífica.
(Arte poética)
o aún:
El poema / es / aire / alimento / respiración /
una ciudad abierta / donde todos los hombres /
se festejan. / Un universo en libertad.
Mito y lenguaje
Cumple abrir un paréntesis para la idea de Herder y de los románticos alemanes: “parece indudable que desde el principio, el lenguaje y el mito permanecen en una inseparable correlación... Ambos son expresiones de una tendencia fundamental en la formación de símbolos: el principio radicalmente metafórico que está en la entraña de toda función de simbolización” (Urban). Lenguaje y mito son vastas metáforas de la realidad. La esencia del lenguaje es simbólica porque consiste en representar un elemento de la realidad por otro, como ocurre con las metáforas. Cada palabra es una metáfora. Y también instrumento mágico, esto es, susceptible de transmutar aquello que toca. La palabra es símbolo que emite símbolos. El hombre es ser que se creó al crear un lenguaje. Por la palabra, el hombre es metáfora de sí mismo. Según Lautreamont, la poesía sería hecha por todos. Esto supone una vuelta al tiempo original, cuando hablar era crear, esto es, vuelta a la identidad entre cosa y nombre. La distancia entre palabra y objeto que obliga a cada palabra a convertirse en metáfora de aquello que designa -es consecuencia de la separación del hombre y del mundo natural- Entre el hombre y las cosas se interpone la conciencia de sí.
El poeta del pasado se alimentaba del lenguaje y la mitología que su sociedad y su tiempo le proponían. Eso era inseparable de la imagen del mundo de cada civilización. La poesía de Rubén Vela va a intentar recuperar el vacío ético dejado por la imposición de la cultura española en la época de la Conquista. Cuando se descubre América, se ignora su pasado precolombino. De ahí, el hombre americano se siente descentrado de la realidad. Rubén Vela intenta llenar ese vacío por la fundación de una nueva realidad o búsqueda de los orígenes en la vuelta a las tradiciones y sus valores. La escritura es fundadora de un nuevo mundo real, para salvar el pasado americano del olvido:
¿Cómo eras, patria de mi patria, antes de llamarte América?
Los mitos, para Rubén Vela, toman forma mística, casi de rezo:
La mano que dibujó / el vuelo de la serpiente
La mano testimonia el reconocimiento más entrañable de las fuerzas cósmicas (vida / muerte). La recuperación de la pureza originaria se materializa a través del tacto. La mano establece el contacto regenerador (con el misterio originario), con las fuerzas telúricas, con la matriz terrestre.
La piedra es elemento sagrado, tiene la dignidad de testigo, que presenció el hecho sagrado. Evoca el pueblo constructor oprimido. Enfatiza el sentido de resistencia a la conquista del hombre primitivo americano (sublimada en Macchu Picchu):
Solo la piedra conoce el porvenir
(Poemas australes)
IX
Seré una piedra.
Seré el rostro de esa piedra.
Seré la memoria de esa piedra.
Seré la esperanza de esa piedra.
Seré la inicial de un dios.
...................................................
Seré también América.
(Poemas australes)
Tengo un jardín de piedras.
Cada piedra
es una música abierta hacia el futuro.
(Poemas australes)
Se vuelve para la piedra para intentar descifrar el secreto de las piedras mudas y su propio secreto de viajero sin raíces. Por la revelación de la solidaridad con los hombres que edificaron piedra sobre piedra, el poeta devela su lazo profundo con una tierra, con una raza, con una época en que se encuentran sus verdaderas raíces.
El maíz es símbolo de la esperanza de nueva vida, preservación de la cultura nativa y de la naturaleza.
Mi palabra es el maíz.
Mi alimento es la papa helada
(Poemas indianos)
Un ropaje de incendios
festejando
el comienzo del maíz
(Poemas indianos)
A través del mito, Rubén Vela busca el lugar específico de la realidad americana dentro de la realidad universal. En el mito de la vuelta a la tierramadre (unidad perdida) pasa de un sentimiento colectivo a lo transindividual y transhistórico.
Papel del creador
La poesía es patria, con su territorio, un vínculo entre el hombre y el mundo. El escritor problematiza, así, la escritura, en un discurso estético en que le interesa la representación de una experiencia subjetiva. A partir del romanticismo, se observa la búsqueda de identificación, cada vez más grande, entre expresión y subjetividad, una transcripción de la “experiencia existencial”.
La meditación sobre la poesía lleva al poeta a la constatación de la urgencia en la creación de un universo poético:
El poema / es / difícil camino / a través de lo /
invisible hasta alcanzar / otra luminosa / realidad,
ya que el poeta es el “Arcángel de los descubrimientos, el incansable recolectar de la palabra en los campos helados, el labrador de la hierbabuena”. En el mundo vaciado del discurso, el poeta añora el mundo lleno de la memoria. Así como Mallarmé, medita en la insuficiencia de lo dicho, en el vacío de la palabra.
Con esto se acentúa la hipertrofia de la significación, característica de la función poética. El poeta pasa a reabrir continuamente el proceso de la literatura, reaccionando siempre contra los sistemas de expectativa del lector, a través de nuevas formas de extrañamiento. Fue André Breton quien destacó, en uno de los manifiestos del surrealismo, el valor de la arbitrariedad de las imágenes y de la imprevisibilidad del discurso poético.
Aunque la poesía manipule el código semiológico con toda libertad y capacidad combinatoria, inherente al hombre (Levi-Strauss) , la estructura del sistema siempre impidió las asociaciones incomprensibles (las palabras ya son dotadas de significados y los fonemas ya existen), dando a la palabra un valor absoluto. No siempre se extrapola el código, abriendo posibilidad para una “creatividad que cambia las reglas” (la performance chomskiana).
El poeta emplea un lenguaje connotativo, partiendo de procedimientos retóricos que contribuyen mejor para la configuración de la visión emocional y su sentimiento de solidaridad con el mundo natural. El poeta Rubén Vela es “consciente de su arte”, que clasifica de “arduo trabajo”. Su contemplación del fenómeno artístico no es pasiva:
Que no me digan / que escriben simplemente /
que dicen el poema / sin pensarlo siquiera. /
Que él nace porque sí. / Es un arduo trabajo, /
un oficio de herreros, / un hacer proletario / Un
cansancio que continuará mañana.
(Maneras de luchar)
El destino del poeta es buscar “el sentido de las palabras”, “este reducto inconquistado donde se defiende mi verdad” (Escena del prisionero).
Pero el poeta es prisionero del poema, es la creación la que ordena al hombre. Este tema, ya enfocado en “Escena del prisionero”, aparece en otros poemas:
Así es el reino que otros envidian / Prisioneros
de la libertad lo habitan. / Esclavos de la
palabra lo sostienen / Nadie es libre allí
salvo el poema.
El poeta no elige sus temas, es elegido por ellos, en el mismo sentido de que ningún hombre es libre para elegir sus sueños o pesadillas. La única libertad es la del poema, solo él puede salvarnos pues es la memoria de los hombres:
Pero que la salvación / puede llegar en el poema. / Ser salvos en ese instante, / ser salvos por ese instante.
(“Tablas de salvación” 267)
La creación, acto de entrega total del hombre, es la única posibilidad de evitar la muerte:
La poesía es el futuro de la muerte
(“La dama que descubre el seno” 302)
Cuando se reinstaure el futuro de la creación como meta final, la muerte no va a existir, la creación dará la verdadera libertad y la verdadera dimensión del amor.
Reflexión sobre el hombre
Hay, en la poesía de Rubén Vela, un cuestionamiento del hombre en sí, no de su función:
La poesía es “la aventura del hombre / que más se parece al hombre”
o aún:
Sin el hombre / el poema / no Es.
Esta reflexión sobre el hombre parte de una concepción antropológica, en que, en una actitud heideggeriana el hombre padece el “hambre” de ser convertido en un forastero del mundo natural. El hombre se completa con su propia muerte; y ésta se localiza en su propio ser. Es inseparable de él y lo constituye:
Nada puedes hacer con tu medio corazón fuera del pecho. Te angustia un deseo de eternidad. Sólo ahora comienzas a comprender tu muerte.
(“Los días, los días” 206)
El hombre es hombre gracias al lenguaje. El hombre es en el lenguaje. “Es un ser, afirma Octavio Paz, que se creó a sí mismo al crear un lenguaje”. El poeta, todavía, no usa el lenguaje como instrumento explicativo, no se sirve de él pero conviértese en su servidor, consciente y lúcido, como único medio posible para integrarse en la armonía total de la Creación:
por el poema soy hombre
por la palabra tengo amor.
La palabra sirve para
revelarle al hombre / su perdida dimensión
humana
(La palabra en armas)
Cada palabra del poema crea un espacio al transformarse en signo, en apelo constante a un mundo natural ilimitado, a una realidad mágica y verosímil.
Ampliación de lo poético
I.- Espacialización
Las escuelas de vanguardia nacen bajo el signo espacial que domina el breve imperio de los “ismos” europeos. Con el siglo XX el espacio se abre a zonas no topográficas apenas, sino simbólicas, abarcando realidades oníricas, caóticas y que buscaban, retratar las capas interiores del hombre. El prosaísmo es un aspecto más dentro de la ampliación del lenguaje. Con la liberación de la fantasía imaginativa se produce la liberación de la fantasía verbal. Nuevas imágenes llevan a la autonomía del poema, hasta querer convertirlo en una génesis sujeta sólo a sus relaciones intrínsecas, engendrando su propia realidad.
Todo espacio habitado carga la esencia de la noción de casa: el poeta vive la casa en su realidad y en su virtualidad, por el pensamiento y los sueños. Todos los refugios tienen valor de onirismo, afirma Bachelard. La casa es “una de las fuerzas de integración para los pensamientos, los recuerdos y sueños del hombre. Ella lo mantiene, es cuerpo y alma, paraíso material donde viven los seres protectores”. Por especial metonimia, es el símbolo del ámbito material donde transcurre lo cotidiano del escritor. Dice el poeta:
Y ví / la paciente sonrisa / de la mujer que amo / rodeada por mis hijos / en la patria lejana.
(“El sueño de Ulises” 260)
La patria aparece aún como centro del mundo:
La serpiente girando / hacia el centro del mundo
Patria de mi patria, ¿cómo eras antes de lla-
marte América?
El pájaro ríe / en su casa del bosque. / 'I'iem-
bla el tambor del aire. / El relámpago canta.
El lenguaje es la “habitación del ser” de que hablaba Heidegger. Él piensa el hombre pensando el ser. El poema es puesto en cuestión del hombre y del mundo, el propio movimiento de trascendencia. La creación artística es la libertad del mundo haciéndose, no constituido. La creación es autoconstitución de la expresión del mundo.
Soy el bello animal enjaulado en mis huesos.
En marfiles magníficos que celosamente me custodian.
Son mi habitación privada / donde viven mezclados / los días del futuro y pequeñas / hume-
dades de infancia;...
(“Hombre con vaso de vino” 300)
II.- Tiempo y memoria
Es a partir de la generación poética del 40, en Argentina, que la dimensión temporal, aguzada por los enfoques del existencialismo, empieza a dictar normas de una visión pesimista, en un nivel de formulación de aquí y ahora. Esta posición estimula también la poesía de Rubén Vela.
En algunos poemas autobiográficos, el poeta invoca el desarrollo de su inspiración. La estructuración de los poemas corresponde, entonces, a la creencia en la naturaleza del acto creador, considerado como recreación, en un desarrollo temporal reflexivo.
Al mismo tiempo, acentúa la posición del “yo” lírico, delante de imágenes que indican la pérdida del lirismo puro, reelaborado a través de una imagística visual, producto de su concepción del mundo y de la misión poética. No confunde la concepción de la poesía como registro de las realidades del mundo con la noción simplista del reflejo en la obra de arte. Los elementos de verosimilitud externa son reestructurados en vista de la coherencia interna del discurso poético:
recuerdo
los soles que tal vez nos engañaron
y las falsas lunas
que nos ayudaron a vivir.
déjame deja
de qué manera recuperar el tiempo
lo que hemos amado y hemos desperdiciado
y aprendido a dar sin conocer.
estas larvas que vuelcan su asalto a la memoria
su inmenso tiempo vacío.
(“Verano” 1954)
El tiempo irrumpe como doble vertiente, como esencia en que nos realizamos y consumimos y como época, el momento histórico que nos toca vivir. En esta temporalidad consciente, el autor acentúa la memoria, dedicada a recuperar el tiempo y desdeñar la eternidad.
Es el poeta, amados míos, que arroja como di-
nero falso las llaves que conducen a la eter-
nidad.
(Escena del prisionero)
Según Wordsworth, “la poesía es el desbordamiento espontáneo de sentimientos poderosos, ella se origina en la emoción rememorada en el seno de la tranquilidad: la emoción se deja contemplar hasta que, por una especie de reacción, la tranquilidad poco a poco desaparece y una emoción, emparentada a lo que era, anteriormente, el objeto de la contemplación, se forma progresivamente y se acapara, realmente, del espíritu. Es de este modo que empieza la creación, cuando está destinada a realizarse” (Preface to Lyrical Ballads 128-129).
Pero hay una perspectiva contraria que mantiene la distancia entre signo y sentido semántico: la alegoría, “en que el signo se vuelve para un sentido que no se sitúa en los límites de su campo semántico” (Poétique 427).
El poeta instaura un discurso alegórico en el cuadro de la temporalidad buscada, consciente:
Ya estás de nuevo delante de tu padre como
un recién nacido pez que ordenara el movi-
miento de las mareas. Hace tiempo que espe-
raba verte llegar desde los espacios que no
pude acometer, porque no soy nada más
que una enredadera indescifrable envuelta en el día
que hay al otro lado de las cosas.
(Escena del prisionero, 1955)
Hay una espacialización de la angustia humana, “imitación del tiempo real borrado en beneficio de una acronia descriptiva”, como cuando dice:
Y el coro de ángeles protegiéndome desde en-
tonces, transformando mis lepras y sangrías, mi
carne llagada y lastimosa, mi nombre tan heri-
do, mis enteras miserias, mis soledades y mis
profundos odios, mis injustificables crímenes,
mis agonías y mis muertes, en una resurrección
constante, en una salvación fuera del Tiempo.
(Mesa de los pecados capitales)
Delante de la provisoriedad de lo estético, ya que la vanguardia quiso abolir “lo eterno en arte”, el poeta proyecta el poema para un tiempo futuro, dándole dimensión sociohumanística, confiriéndole también universalidad. Se habla de “una Eternidad sin Tiempos” y del momento.
ahora / este instante repetido / e infinito / del
Tiempo / mirándose en su / espejo.
que da un carácter dramático a la temporalidad consciente: el poeta desea representar la reflexividad en el cuadro de un tiempo real que la imagen estática siempre amenaza.
Si la autobiografía desea ser “significante” y no apenas documento naturalista, debe convertirse en estilo alegórico. Se establece una dialéctica entre la subjetividad manifiesta de la actitud poética y la objetividad impuesta por la actitud alegórica. El componente determinante de la alegoría se orienta hacia un sistema de significaciones por encima del sistema semántico. Su relación con el discurso poético es análoga a la relación escritura-lengua, ventilada por Derrida. Primado de la escritura sobre el lenguaje, de la escritura que crea para sí un espacio autónomo, hasta la lengua sería una escritura, “juego fundado en la diferencia pura y en la espacialidad donde lo que significa es la relación vacía y no el espacio lleno” (Genette).
Amor y panteísmo erótico
El amor es forma de relación social mantenida por el surrealismo; la temática del amor manifiesta el nexo entre consciente e inconsciente, naturaleza e historia, razón y pasión.
Si por un lado el surrealismo es la destrucción de los tabúes sexuales y de la hipocresía sentimental, la exaltación de la pareja amorosa y del valor del placer, por otro lado representa la voluntad de expresar lo inconsciente, como llave de un universo subterráneo.
Rubén Vela es el poeta de los momentos sublimes, canta la glorificación del amor y de la pareja, en una conjunción de sensualidad y romanticismo social, de sentir humano y pensamiento social:
¿De ti, de mí, qué ha de quedar mañana?
¿Este momento, el beso aquel, el hijo,
nuestros cuerpos desnudos amándose
con su lenguaje perfecto,
este abandono tan feliz que nos cubre,
casi la ausencia de nosotros mismos?.
(“Poema con pueblo” 160)
Escoge a tu mujer, la del luminoso silencio que enriquece al poeta.
(“De mi raza” 148)
El acto de pasión total en relación a América es de pasión más fecundación. El objeto de la búsqueda del poeta es “el otro”, un salirse del propio “yo”, para mirar desde el “yo” del “otro”. Las reacciones del hombre nuevo son más que de un Yo simplemente, sino Yo-Tú, como unidad, como palabra-concepto primordial, analizadas por Buber. Y este hombre tiene ansia de diálogo, hambre de comunicarse con el otro. Toda individualidad implica una limitación. En la plenitud de la individualidad realizada como discernimiento consciente, busca el hombre al otro para integrarse en una forma más completa de existencia, la del mundo interhumano, donde el yo y el tú se funden en estructura bipolar de existencia. La individualidad subsiste pero enriquecida mediante la conciencia de su ser diferente del otro que, conocido, revela lo que él mismo no es o lo que podría llegar a ser (El desafío espiritual de la sociedad de masas 115-117).
La liberación de la energía vital Eros, restablece el contacto del hombre con su esencia, instaurando la “búsqueda de la mitad perdida” (Octavio Paz) y la unión de hombre a hombre, en contraposición al relacionamiento ser-máquina y como posibilidad de escapar de la masificación. El poeta será
el Arcángel de los descubrimientos / el incan-
sable recolector de la palabra en los campos
helados / el labrador de la hierbabuena.
La sociedad contemporánea confiere al escritor una decisiva responsabilidad en la liberación del hombre-masa y surgimiento del hombre nuevo.
La mujer, glorificada en su condición carnal representa la armonizadora de lo material con lo divino. Ella es la depositaria arquetípica de la energía genética del cosmo, encarna la matriz universal. Por la modernidad, se renueva el pacto original, la actitud de nostalgia de un tiempo original y de un hombre que busca reconciliarse con la naturaleza y la integración del pasado en la historia. La palabra responde a la unidad cósmica primigenio y el lenguaje poético devuelve el verbo a su origen; el arte es un reintegro al concierto de la creación.
madre = tierra americana = mujer
El panteísmo erótico sacraliza la potencia sexual como principio genésico del cosmos, implica una ampliación de lo decible:
Madre misteriosa, en qué lecho me has parido,
El poeta diviniza lo natural, infunde lo sexual en dionisíaco ímpetu a toda la naturaleza. El amor espiritualizado se transfigura en sexualidad pánica, de instinto al desnudo y transciende al mito:
Entonces, poeta, la Piedra cantará.
El ritmo universal se basa en correspondencias y analogías. Como puente verbal, la analogía reconcilia diferencias y, como metáfora de la alteridad, se sueña unidad, teñida de erotismo.
Americanismo
Rubén Vela fue de los primeros a inclinarse, en la Argentina de vanguardia, a una poesía de postulaciones americanas. El sentido americanista de esa obra precursora en su generación, hizo surgir, posteriormente, otras en ese sentido, como integración de las nuevas generaciones dentro del continente total, como búsqueda de la propia fisonomía nacional y liberación de la influencia europea.
Muy lúcidamente el crítico y poeta argentino Francisco Tomat-Guido señalaba respecto a Poemas americanos: “Desde el título mismo, el poeta nos enfrenta con un problema de creación que muy particularmente atañe a toda una generación de poetas ciudadanos, precisamente la que se nucleó, en el año 1950, en torno de la revista Poesía Buenos Aires, grupo al cual, desde el principio, perteneció Rubén Vela. Fue una promoción coherente y significativa dentro del panorama total de nuestras letras y entregó al país un modo de expresión poética seria y responsable. Pero la preocupación purista y formal de casi todos sus representantes incidió muy seriamente para que, frente a la crisis nacional que determinó, hacia el año 1955 un cambio radical de las concepciones poéticas de los jóvenes de ese momento, la poesía de aquel grupo fuera perdiendo significación y arraigo dentro de la propia comunidad. Los fenómenos histórico-sociales son hoy día tan insidiosamente concretos y tangibles, que la poesía de estos últimos años, no puede menos que darle entrada, muchas veces en desmedro de los valores estéticos intrínsecos.
Casi ninguno de los integrantes de la promoción de Poesía Buenos Aires pudo evolucionar en el sentido a que lo obligaban las circunstancias contingentes. Me atrevo a afirmar que el de Rubén Vela es uno de los pocos casos en que dicha evolución se produjo. Y lo realmente destacable es que el cambio no significó abdicación de los principios puristas que habían dado su sello personal a la obra de este poeta. En Rubén Vela ese centro de fidelidad lo constituye su búsqueda sintética de la expresión, su hondo afán de liberar a la poesía de los aditamentos innecesarios. El resultado es una obra de armonía madura que se incorpora a la corriente actual de la poesía más altamente necesaria de nuestro país. Así, Poemas americanos se abre a las perspectivas vanguardistas de nuestra hora, de recuperación, para nuestra Argentina, de sus auténticas y desgraciadamente relegadas dimensiones americanas”.
El canto del paisaje continental fue para Rubén Vela la búsqueda de superación de un conflicto provocado por el desarrollo histórico-social argentino diferente de los demás países americanos. Rubén Vela no nos da la descripción folklórica ni el cuadro exhaustivo de sus riquezas naturales. Captó toda la grandiosidad de América, en que el paisaje se funde al hombre, tornándose la poesía independiente de la sumisión a aquélla y a lo individual del poeta. Halló en nuestro tiempo pasado y presente la base sólida para engendrar su poesía: el universo de mitos y magia, lo precolombiano y lo moderno, lo primitivo y lo europeo, la cultura de todas las épocas.
Esta posición del poeta hizo que Ulises Petit de Murat dijera:
Porque en Poemas americanos amanece un ropaje de incendios festejando el comienzo del maíz o grita en el aire enemigo una herida con su mismo nombre, o sea el de la propia América, rodeándolo al poeta en su entorno, y en sus íntimas fuentes espirituales, delante, detrás, por debajo, encima, con su largo nombre.
En los poemas “Radiante América”, “Poemas indianos”, “Poemas americanos” Vela “vuelca su preocupación y su fe por ese destino continental”, afirma Horacio Armani. De su generación es, quizás, el único que, respondiendo dentro de su purismo a las exigencias vitales, incorporó la poesía argentina al ámbito americano.
Casi la mitad de su obra poética está dedicada al tema, desarrollándolo en forma de “haiku” moderno, los cuales, como observa Juan Jacobo Bajarlía, “están hechos de sustancia pura, de poiesis, y llevan por cauce el nombre de América en la infinita definición de su eternidad”.
Por creer que apenas la palabra no basta como evocadora, si no es en su función de elemento libertador del símbolo, el don de síntesis hace que la forma del “haiku” haya servido a los intentos del poeta: tomar el fragmento significativo para la reproducción del todo, según epígrafe de Mircea Eliade que se ve en este libro: “Todo fragmento significativo repite el todo”. El fragmentarismo busca cuajar en el contrapunto del canto y la espacialidad. A través de los fragmentos, llega a la lógica ordenadora de los poemas. El poema total sería imposible: América es más grande que cualquier poema. Para recomponer ese todo, debe el poeta llegar a las raíces. Guillermo de Torre, analizando la poesía de Vela dice: “Poesía de retorno la de Rubén Vela, de vuelta a empezar; esto es, original, puesto que avanza de los orígenes. Lo que quiere decir que es una poesía descubridora y virginal”.
Del “haiku”, el poeta no toma el aspecto formal sino, según Francisco Tomat-Guido, “la idea filosófica oriental de que el hombre tiene la posibilidad de sintetizar, hasta en su gesto, o en una simple línea, la multifacética diversidad aparencial del universo”.
Son poemas descarnados y dramáticos, apasionados, de un erotismo áspero. “Por encima de todo, afirma Ana Emilia Lahitte, se destaca la limpieza, el rigor del juzgamiento que, de tal manera, supera la “protesta” y se transforma en definición social y poética”:
y es de nuevo América
un hombre partido en dos
una mujer asesinada
una larga memoria de violencias.
La pareja humana aparece en todos los enfoques y “América mujer, hembra, ama, amante, madre, concubina, América-América resulta la dimensión exacta para todas las formas de la pareja. Al mismo tiempo, su inmensidad se desdobla en paisaje y el paisaje convoca los símbolos”.
Allí, la tierra dio frutos / y el sol hombres do-
rados. / Y una mujer y su ardiente camarada /
trasvasaron el agua de diamantes / que corre
de una a otra vena.
La síntesis se hace en la patria total.
América / mujer total / alimento y alojo / del
hombre.
Como poeta y crítico, Rubén Vela constata que América influyó con sus problemas casi insolubles en ese espacio geopolítico que ocupa Argentina, a pesar de Buenos Aires haber mirado siempre para Europa y haberse nutrido de cultura europea, creando otros mitos, no americanos y, sí, europeos. Esto origina en el poeta, según Juan José Ceselli “la apasionada enumeración de una realidad fragmentada, el hurgar obsesivo, la desintegración de los atributos sensuales o episodios históricos con intención a la vez que animista metafísica y que convierten al autor en la propia víctima de su despiadada observación, como si cada uno de los signos que descubre de esa América inagotable y tumultuosa hubieran surgido de su alma gestados por una duda aterradora: la que pone en juicio la existencia misma del hombre en América contemplado desde Buenos Aires. En este caso, esa duda se convierte en admirable “afirmación”.
Conclusión
Las más diversas líneas poéticas van a confluir en la poesía de Rubén Vela. Desde el primer momento participó de diversos grupos de renovación de la poesía argentina, notadamente el de “Poesía Buenos Aires”, pero no se dejó influenciar directamente por ningún movimiento. Se caracterizó por la preocupación de conseguir, en cada momento, nueva expresión para su mensaje, produciendo los metros que los argumentos forjan, cada vez, como cosa nueva. Esto no impide que la lectura del conjunto de sus poemas nos deje la impresión de un clima único, un denso tejido de alusiones. La sutilización del empleo de la imagen y de la metáfora, entronizados por el creacionismo y el surrealismo, y la depurada síntesis del poema aforístico -de que es ejemplo el “haiku”- lo hacen elegir el aspecto conceptual de la imagen, en versos de corte directo y conciso.
Carlos Drummond de Andrade ha escrito: “Poesía lapidada y fulgurante como una joya. Ni más ni menos de lo que es necesario decir. ¡Y cómo dice cosas, de América y del mundo, cómo alcanza la raíz, en una expresión veloz y concentrada que lo distinguen” y César Tiempo afirma: “Una poesía vital y original que escapa a todo encasillamiento y que ubica a Rubén Vela entre los grandes poetas de América, con vocación de altura, que han sabido encontrar las palabras adecuadas e irreversibles para dibujar su cosmovisión, desangrada de imágenes”.
Rubén Vela vive su poesía que es, para él, actitud vital emanando directamente de su experiencia personal del mundo, que reafirma la actualidad necesaria de la poesía y sus poderes. Hacer poemas es su modo de apuntalar la realidad, mostrar su fe en el acto vital de escribir, una forma de energía vital, una manera de luchar. El poema parte del hombre y se instala con validez de cosa real, liberadas las potencias intelectuales del logicismo racionalista.
Aquel que no mate / y resucite
que abandone el /Arte de la Poesía.
Aquel que mata / y resucita / es el Príncipe /
del Arte.
El creador debe olvidar lo que aprendió para resucitar como poeta. El arte mata y resucita la realidad en el momento en que la hace significativa.
Los poemas de Rubén Vela están llenos de significación humana y social. Supo transformar su experiencia americana en arte mundialmente válido y actual. En el centro de su problemática se yergue el destino del hombre, sus angustias y miedos, su amor como plenitud y comunicación.
La relación entre el espacio (América) y el entorno cultural (Europa) ha sido tratada con suficiente claridad por el crítico español Leopoldo Azancot, en la revista “Índice” de Madrid, referente a Poemas americanos: “Todo es esencial en este libro: el tema de los poemas, su tratamiento. Rubén Vela ha probado escribiéndolo que será -es ya- uno de los mayores poetas de la América del futuro. ¿Cuáles son las relaciones que ligan a un hombre con el pasado de su pueblo? ¿Hasta qué punto ese pasado informa su propio futuro? Para un español, como para un sudamericano -y para este más, porque a los problemas del español se le suman los que nacen de su relación con la antigua metrópoli- el momento en que consigue asumir el pasado de su pueblo sin negar el futuro de ese conjunto más vasto en que su pueblo se inserta, Occidente, es el momento de su madurez”.
Con esto, afirmamos que sólo se puede llegar a ser gran poeta cuando se llegó a expresar poéticamente, el mundo. La voz del poeta, cuando es auténtica, debe ser la voz del universo, para que el arte pueda hacernos participar de lo absoluto y reforzar, de este modo, nuestra actuante realidad.
CODA 2000
LA OBRA POÉTICA DE RUBÉN VELA
Sabemos como son inciertos los límites de cada sensación. Sólo la actitud del poeta puede hacer convergir la realidad exterior hacia zonas fulcrales de nuestra propia realidad, para permitir con este trabajo íntimo el trazado de una geografía personal.
En su trayectoria poética de más de cuarenta años, Rubén Vela manifiesta una lúcida pasión por el quehacer poético, que puede resumirse en la búsqueda de una creación personal auténtica. A través de imágenes, usando un lenguaje coloquial, elige cuidadosamente el vocabulario donde surgen imágenes que apuntan hacia una concepción más alta del poema.
Su evolución oscila entre narraciones elípticas, descripciones largas de versos incisivos, metáforas que conciben a veces el poema como el eco de un real perturbado por un vértigo.
Estamos delante de una obra inequívocamente demostrativa de una personalidad literaria de acentuado valor lírico, caracterizado por una esencial vibración del hombre en el mundo, a través de lo que vive, sueña o sufre como en su articulación con los ímpetus de construcción o juzgamiento moral que ese mundo le ofrece y que de obra en obra viene alcanzando nuevos lectores.
En Los secretos, Rubén Vela nos da, con elementos contradictorios y paradojales característicos de la inspiración surrealista, esa extraña sensación de “pasado inesperadamente moderno”. Según Guillermo de Torre, es “poesía de vuelta a empezar, este es original, puesto que avanza según los orígenes. Lo que quiere decir que es una poesía descubridora y virginal”.
Hay poemas dedicados a Alfonsina Storni, Delfina Agustini, Roberto Arlt, Rimbaud, Kafka, Dylan Thomas. El poeta hace la catarsis de la vida urbana, con su alienación reflejando “las contradicciones del hombre como individuo sometido a la presión del ámbiente”. Alternando la prosa poética y el verso libre, invoca las fuerzas ancestrales: “Extenderé mi mano / extenderé mi mano / sobre tanta soledad / y con la memoria del deslumbrado / repetiré la cifra de todas esas cosas / que nos salvaban de morir”.
Los poemas de la parte titulada “Los días, los días” retoman la densidad de la prosa onírica confundida con la más lúcida enumeración de lo cotidiano. En esta poética que va del subconsciente a la conciencia lúcida del ser, desentraña el inconsciente para libertarse de sus legames. En su intento de alcanzar lo invisible, lo eterno y llegar a la emoción, el poeta se disloca a los mundos interiores, al acecho de la simbiosis poética, creándose su mundo poético propio: “He destruído los nidos de los pájaros amados / he matado esos pájaros y sobre los despojos de esa belleza salvaje raramente contemplada por los hombres, he escrito el poema”.
La figura del poeta humanista, a la que su obra nos habituó, lo hace presentar un mundo a través de sus minucias concretas, sus paisajes definidos y su genérica caracterización intemporal o mítica. La conciencia mítica releva de una postura cosmológica que se une a la conciencia histórica, apuntando hacia una ancestralidad del conocimiento poético y de la existencia.
Supo dar expresión, dentro del espíritu surrealista, a una apertura hacia un imaginario que se desdobla en las múltiples y diversificadas asociaciones a las que los surrealistas nos han habituado.
La permanencia en Bolivia, durante algunos años, lo hizo descubrir la dimensión de americanidad, un sentido ético que se juntó al étnico, no advertido antes, esa distancia espiritual que nos aleja los unos de los otros en el continente americano. “Estos poemas, dice Ruben Vela, están dedicados a mis amigos de Bolivia, de quienes aprendí esa pasión americana”. De esa tierra hasta entonces extraña del antiplano nos habla el autor, cuando hace referencia a “una América violenta y desolada, pero magnífica que solo algunos pueden presentir desde Buenos Aires como un bien perdido y lejano, como un íntimo remordimiento”.
El poeta capta los rasgos esenciales para extraer la raíz mágica de la realidad, reducida a su esquema significativo. Son síntesis, expresadas en versos ascéticos: “Llenándote de hojas y de días / de horizontes navegadores / tu estatura me aniquila / tu aurora llagada donde sólo la piedra permanece”.
Su pasión americana lo conduce a la universidad. Uno de sus procedimientos es la enumeración apasionada de una realidad que nos va siendo mostrada en fragmentos, no en acúmulo, sino en un profundo sentido del valor de cada palabra y de su ubicación en el poema.
En versos dinámicos, con un impulso de continuidad y de vida nos transmite la poesía como un territorio, a traves de los paisajes, los océanos, las pampas, de esa América inmutable, la misma América agreste e hierática. Compone, así una poesía de visiones de elementos y de realidades recién descubiertas: “Y es de nuevo América / un hombre partido en dos / una mujer asesinada / una larga memoria de violencias”.
Son reminiscencias del esplendor del pasado, hincado en telúricas vivencias: “Un ropaje de incendios / festejando / el comienzo del maíz”, ofreciéndonos una radical problematización de lo vivido u observado. En esa poesía auténtica de una vivencia, lo intenso confiere densidad a lo real, combinado a lo imaginario. La ficción es vista como la posibilidad de mantener la continuidad entre el sueño y la vida, entre la palabra y lo real. Sin embargo, la realidad es un obstáculo constante a la subjetividad, suscita el vértigo, la nausea, el desequilibrio, la pérdida, la ruptura. El poeta busca, entonces, el equilibrio fundamental. La alteridad no es la realidad que el poeta enfrenta verticalmente sino la ruptura de la misma interioridad.
Al asumir el pasado de América, Rubén Vela asegura su fe en el futuro, avanzando por el camino de la nueva poesía. Fue de los primeros a inclinarse, en la vanguardia de la Argentina, a una poesía de postulaciones americanistas. El sentido americanista de esa obra, precursora en su país, hizo surgir posteriormente, otras en ese sentido, como integración de las nuevas generaciones dentro del Continente total, como búsqueda de la propia fisonomía nacional y libertación del influjo europeo. El canto del paisaje continental fue la búsqueda de superación de un conflicto provocado por el desarrollo histórico-social argentino, distinto de los demás países hispanoaméricanos. Rubén Vela no hace la descripción folklórica externa ni el cuadro exahustivo de las riquezas naturales. Captó en sus poemas toda la grandiosidad de América, en la que el paisaje se funda al hombre, tornándose la poesía independiente de la sumisión a aquella y a lo individual del poeta. De su generación es, quizás, el único que, contestando dentro de su purismo a las exigencias vitales, incorporó la poesía argentina al ámbito americano.
La Historia, la antropología se definen como doble espacio de viaje: la memoria, geografía de lo ya visto; el deseo de conocimiento, en un territorio inexplorado. Hay un propósito de atraer la atención hacia la realidad física como proyecto de complemento al paisaje emocional.
Al arte de captación del instante, podemos unir la importancia que, para el poeta, asume la mirada. Nos acordemos de Baudrillard: “la séduction des yeux. La plus inmédiate, la plus pure. Celle Qui se passe de mots, seuls les regards’s enchevetrent dans une sorte de duel, d’enlacement inmédiat, a l’ insudes autres et de leur discours”.
Los poemas, más que de la contemplación de un lugar, nacieron de una memoria a la que se fueron juntando fragmentos, en el libre juego asociativo a que se entregó el poeta. Pasado y presente se confunden; en el pasado está ya presente el hoy experimentado por el sujeto. En el seno de esta experiencia, estará la verificación de que en ningún lugar le es dado al poeta conocer el centro nodal que resuelva las contradicciones.
En Poemas australes se comprueba que en la imaginación poética es necesario estar presente la imágen en el minuto de la imagen. El acto poético, como quería Gastón Bachelard, no es apenas el eco de un pasado, tiene un dinamismo propio: “incendiarse / en / la / palabra”. La imagen está antes del pensamiento y por encima del lenguaje significante.
La poesía de nuestros días colocó la libertad en el mismo cuerpo de la lengua. El poema aparece como fenómeno de la libertad: “Crecer / en libertad”.
Este mismo afán de libertación es presentado por Rubén Vela en su libro Poemas americanos (1963): “La palabra / siempre / temerosa del vestido / de gala / sobre su desnudez magnífica”.
La búsqueda de la esencialidad sin conseciones, se relaciona con una realidad viva. No quiere el poeta encerrarse en un mundo individual sino cumplir su destino: “Será la hoja un maíz. Seré su flor y su fruto”.
Invoca una “Piedra exorcizada por el sacrificio de las víctimas en los tiempos de los incas, realizando actos penetrados de encantamiento y hechizos milenarios” (Juan José Ceselli), al mismo tiempo en que es realista, lógico, lo que lo convierte en la figura de “poeta y de profeta americano”, con una fuerza que derrumba y crea, de tono sobrio y trágico.
Realiza el redescubrimiento de América, fabulosa y fantástica y con sus piedras, con sus pájaros y con sus ríos, participando de lo mágico a través de lo lógico, fundiendo la soledad de las montañas cargadas de eternidad con el hálito de las muchedumbres urbanas.
En muchos poemas utiliza la forma del “haiku”. Por creer que la palabra apenas no es suficiente como evocadora, si no es en su función de elemento libertador del símbolo, el don de síntesis hace que la forma del “haiku” haya servido a los intentos del poema: tomar el fragmento significativo, que es reproducción del todo, según epígrafe de Mircea Eliade: “Todo fragmento significativo repite todo”.
El conjunto es formado por poemas descarnados y dramáticos, de un erotismo áspero. La escritura se erotiza en el oblicuo cruce de gestos y miradas perdidas. El poema supera la “protesta” y se transforma en verdadera definición social y poética: “…y es de nuevo América / un hombre partido en dos / una mujer asesinada / una larga memoria de violencias”.
América-mujer, hembra, amante, dueña, madre, concubina, América -América- tiene la dimensión exacta para todas las formas de la pareja. Se desdobla en paisajes y ésta convoca los símbolos: “Allí, la tierra dio frutos / y el sol hombres dorados. / Y una mujer y su ardiente camarada / trasvasaron el agua de diamantes / que corre de una a otra vena”.
La síntesis se hace en la patria total: “América / mujer total / alimento y / albergue / del hombre”.
Leopoldo Marechal dijo que Rubén Vela “está entre los pocos que hoy reivindican para la poesía el derecho y el deber de regresar al intelecto, hurtándose a las “exclamaciones líricas” de la mera sentimentalidad. Rubén Vela trabaja con el “concepto poético” que no es el “concepto filosófico”, sino que apunta más alto en una sabrosa aproximación a la verdad, virtud excelsa de la poesía que nunca le faltó en sus mejores estaciones”.
Las más diversas líneas poéticas confluyen en la poesía de Rubén Vela. Desde el primer momento participó de diversos grupos de renovación de la poesía argentina, especialmente el de la “Poesía Buenos Aires”, pero no se dejó influenciar directamente por ningún movimiento. Se caracteriza por la preocupación en conseguir, una nueva expresión para su mensaje, produciendo los metros que los argumentos forjan, cada vez como cosa nueva. Esto no impide que la lectura del conjunto de sus poemas deje la impresión de un clima único, un denso tejido de alusiones. Advertimos palabras e imágenes que, por el uso reiterado, delatan preocupaciones arraigadas y lás más íntimas motivaciones de su lírica. Son poemas unidos, a través del tiempo, en la continuidad de una misma meditación poética, de un mismo espíritu que se interroga y trasciende, el mismo sentimiento ante el destino – esa secreta visión del mundo, empapada de una significación humana y social.
Poeta intuitivo, espontáneo, compuso una obra que constituye un marco fundamental de la literatura de nuestro tiempo, sea en el dominio de la transfiguradora aprensión de lo real, sea en el de la incesante interrogación por el destino del hombre.
La suya es una poesía substancial, la de un poeta que cree en la elaboración creadora y vuelve a la soledad que impedirá la destrucción de la auténtica esencia humana. Se impone un rigor, donde la voz no se agota en la palabra y la indagación existencial es tratada con apuro técnico. Con un despojamiento que no impide cierto barroquismo, nos comunica lo que está más allá de las apariencias y que sólo el poema puede revelar, pues es el universo en que todos los mundos se sintetizan.
OBRAS CITADAS
Urban, Marshall: Lenguaje y realidad. México: Fondo de Cultura Económica, 1952.
Paz, Octavio: “Signos en rotación”. El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica, 1970.
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NOTAS
1. Publicado en Maneras de luchar. Rubén Vela. Argentina: Fundación Argentina para la Poesia, 1981, p. 353-400
2. Umberto Eco. A estructura ausente. Sâo Paulo: Editora Perspectiva, 1971, p. 306. Y agrega más adelante: "El primado de la escritura sobre el lenguaje, creando para sí un espacio autónomo, donde el tiempo del escritor y del lector se mezclan para descifrar algo que ostenta sus leyes de puro significante" (p. 334)
3. "La poesía opera sobre la significación intelectual de las palabras y de las construcciones sintácticas, y al mismo tiempo sobre propiedades estéticas, términos en potencia de un otro sistema que refuerza, modifica o contradice esa significación". (Le cru et le cuit, p. 38-44)
4. Horacio Armani. "América como presencia poética". La Nación. , Buenos Aires: 6 de noviembre de 1966.
5. Trabajo enviado por Bella Jozef a pedido del Instituto Literario y Cultural Hispánico de california en el año 2000.
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