Por Zoraida González Arrili
Centro de Estudios de Narratología
Hay que hablar, hay que dar testimonio, emerge este mandato en poemas de Rubén Vela; sus palabras enhebradas con ritmos que se abren a veces en una lenta enumeración caótica, otras en lógica jerarquía, nombran con una nueva mirada, y comparten comunión con su sociedad, en toda su rebeldía y sus miserias:
"¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes, /la música celestial de los eunucos,/el ensueño de los débiles de espíritu?/ Hombres de este siglo:/ Contemplad / la Palabra./Leedla/ en los muros que acumulan / descifrables memorias como gritos reclamando/ el pleno ejercicio del amor,/ la libertad inmensa./ Buscadla/ en aquellos rostros sorprendidos /que descubren de pronto/ su condición de Pueblo./ el luminoso, único destino/ del hombre aquí en la tierra./Ved la Palabra/ en ese niño hambriento devorando/ los huesos que aún le quedan/ de su propio esqueleto, / destrozando en llantos su futuro / al cual nunca arribará./ ¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?/He aquí su Palabra/ Su salvaje alegría./ Su porfiada esperanza.1
Cuerpo a cuerpo se enfrentan sus palabras entre la temida realidad inmediata y la transrealidad, entre la inmanencia y la trascendencia, entre la finitud y la infinitud, en esta luchase traspasan los signos encerrados en el misterio a un vasto y pleno desde la experiencia padecida y corporizada y con un ritmo rezumando significado; se cobijan en ellos, la individualidad, la tolerancia, el desinterés por lo material, como un antídoto contra este mundo aglomerado, gregario, acrítico. El poeta se expone sin coraza protectora, desde una libertad peleada, con una palabra creadora que lo eleva como individuo. La suya, o es en una poesía vibrante de intensidad, don incuestionable que lo ayuda a glorificar la vida, con una valoración siempre ética que se reconoce en el resonar de los ecos del pasado, lindando el ser emocionado con imágenes que abren perspectivas interiores ensoñadas que comienzan y recomienzan una historia. Ensueños que se resisten a no quedar acallados, liberación pura, sublimación absoluta que descubren el estado de su alma.
Vela aprehende la esencia de todo elemento, desde muy lejos de todas las teorías, en la médula de las cosas mismas instaladas como pensares y expresados por ellas mismas; todos aquellos elementos que fueron elementos vivos y "ya no son", o los elementos naturales que viven y laten: "Yo vi esa señal en la madera, comprendí el lenguaje de la piedra, amé la tierra y la simple y perfecta disposición del agua por lograr su ajustado equilibrio. Subí la montaña diestra en sabidurías, admiré los huevos deslumbrantes -generadores del futuro- en los nidos de los pájaros del trueno y escuché la voz profunda de mi raza en lo más hondo de la noche, en lo más puro de mi corazón."2
Desde la piedra, testigo de lo que fue, metamorfosis que presiona con su presente fundido en un ayer acallado, junto a la madera, al agua que lava, a la montaña inmóvil, a los huevos renovadores, y con su estirpe de hombre, se ubica en un espacio de posesión, que lo cobija y lo protege de latí fuerzas adversas. Un espacio amado ensalzado por las imágenes que se desprenden de lo que fue y espera lo venidero. Espacios interiores y espacios exteriores que se equilibran integrando lo grande y lo pequeño, lo íntimo y lo concreto que logran esfumar los límites entre ellos:
"...Orgulloso,/ya sin hambre ni sed/edifiqué mi casa solitaria/ en una ciudad sin hombres./ Encerré mi libertad / Pero ella fue mía/sólo por un instante./Nadie tuvo la culpa./Para un inmenso amor /la casa era muy chica. / Su amor una ventana / más grande que la casa. / Una ventana en libertad.3
Si Rubén Vela no hubiera creado estos espacios sería un ser disperso, sin un tiempo y sin la tierra bajo sus pies; porque es en el espacio donde él marca los vestigios temporales. América es el espacio exterior por donde sangra el dolor de los hombres de maíz, olvidados y confundidos con esa tierra del mismo color que su piel:
Y es de nuevo América /un hombre partido en dos /una mujer asesinada /una larga memoria de violencias.4
Y también están en ella los otros hombres, los que llegaron tarde, aquellos cuyos ancestros mamaron esencias de fracasos, derrotas, hambrunas y expulsiones:
"...el albañil y su hijo /-aprendiz de albañil- /oliendo a familia y sacrificio. /El herrero de las herrerías /oliendo a fragua y sacrificio. /El peón con su pala /que no es suya oliendo a medio jornal y sacrificio..."5.
Hay muchos tiempos comprimidos en los espacios de estas soledades y Rubén Vela constituye, alberga en esa amplitud, que cohíbe, la intimidad de esos hombres, centrados en él:
"...¿Huele el sudor del hombre?/ Que te penetre hondo, que te llegue hasta el alma./ Un olor trascendente/hecho de esperas y omisiones./De enormes omisiones./Del que vivió y se murió entero en vida/ sin conocer el nombre de sus jefes./ Del que trabajó las cosas y la tierra /que siempre eran de otro./Del que no levantó jamás sus ojos/ y suya era la Luz./Mi olor, el tuyo,/el increíble olor a hombre/que aborrecen los dueños de la Historia.6
Las imágenes de Vela que vienen de una historia y una prehistoria están unidos a recuerdos y leyendas, con fondos oníricos insondables donde también ubica su pasado personal, con colores, formas y olores particulares; son sus realidades que concretan lo interior y dan vastedad a lo exterior; desde el ayer a su hoy. Vela venera sus imágenes abriendo su ser enraizado más allá de lo reprimido en su memoria. Rejuvenece sus viejos actos rutinarios, sus pasiones, sus silenciosas luchas encastrados en esos espacios exteriores hasta lograr un equilibrio interior. Es en la casa, un cuerpo habitable donde el cuerpo poético del ensueño es protegido desde todas las parcialidades de la imaginación:
"Son mi habitación privada/ donde viven mezclados/los días del futuro y pequeñas/ humedades de infancia;/la memoria de algo que pasó/ y volverá a repetirse:/el nombre de mi muerte.7
Ata y concentra al hombre dentro de los límites que lo protegen; y en ella está la mujer, ser efímero, fuente que contiene el agua de las nuevas vidas que le da al varón partida y encuentro del goce continuamente buscado:
"... Ella bautiza el infinito/ con el continuo nombre/de sus hijos/ y su estatura se agiganta /frente al difícil sol de cada día. /La mujer / sobre la tierra. / Sí./Sobre la tierra."
Su propósito es a cada instante ser más libre, más individuo, alejarse del ruido destructor, entrar en la memoria y desde ella alcanzar el hábito reflexivo sobre los valores intrínsecos; vivir en permanente estupor, cuestionarse por los aislados, prisioneros en mundos agobiantes, imagen de todos los hombres que viven sus dolorosas circunstancias. Innovador extremado trabaja sus poemas desde una revolución serena; por momentos sus palabras broncas, enérgicas se tornan suaves como caricias que logran dar a la amargura de la vida un encanto inseparable y a lo inevitable del destino, serenidad sin lamentos estériles. Como un artesano que escoge su material con esmero, que se libera de las técnicas encorsetadas y deja de lado los símbolos vanos hasta lograr poemas moldeados con su forma carnal y espiritual. El recreador, testigo emocionado participa de la más elevada forma de la creación, se perturba por las imágenes que Vela plasma, encuentra en ese mundo infinito, enigmático y amoroso, la vibrante y rebelde sinceridad de "ese niño hambriento" "de salvaje alegría, de porfiada esperanza", que sostiene que se está "...vistiendo de lo ajeno/Nada de lo que tengo es mío..."9 y que desgarradamente comparte:
"Veo/la vida desesperada,/la venganza de esta tarde, /tanta vida para dar,/yo mismo creciendo en la última instancia de la hoja/ como una voz o una muerte dulcemente/aferradas/al inmenso crecimiento de las cosas..."10
* Artículo publicado en La Pasión Americana en la Poesía de Rubén Vela, I.L.C.H.,2001
1 Rubén Vela. Mensaje a los hombres de este siglo. Pag. 129. De "Poesía y
Libertad". Edit. Almagesto.
2 Rubén Vela. De mi raza. Poesía argentina de fin de siglo. T.I . Ed.
Vinciguerra.
3 Rubén Vela. Una historia. Pago 132. Poesía y libertad. Ed. Almagesto.
4 Rubén Vela. América. Pag 50. Poesía y libertad. Ed.Almagesto.
5 Rubén Vela. El sudor del hombre. Pag 100. Poesía y libertad. Ed. Almagesto.
6 Rubén Vela. El sudor del hombre. Pag 101. Poesía y libertad. Ed. Almagesto.
7 Rubén Vela. Hombre con vaso de vino. Pag 139. Poesía y libertad. Ed.
Almagesto.
8 Rubén Vela. Sobre la tierra. Pag 99. Poesía y libertad. Ed. Almagesto.
9 Rubén Vela. Escena del prisionero. Pag.109. Poesía y Libertad. Ed.
Almagesto.
10 Rubén Vela. Escena del prisionero. Pag 112. Poesía y Libertad. Ed.
Almagesto.