 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 | Marcela del Río Reyes |
|
|
PERSPECTIVA MASCULINA Y METAPOÉTICA DE LA
MUERTE, EL PÁJARO, LA PIEDRA, EL TIEMPO Y LA PALABRA, EN LA INMEMORIALIDAD DE
AMÉRICA, A TRAVÉS DE MANERAS DE LUCHAR DE
RUBÉN VELA
|
Marcela del Río Reyes Universidad de la Florida Central
El poemario Maneras de luchar1 de Rubén Vela convida a una reflexión sobre las maneras de percibir el mundo de un poeta y las maneras de explorarlo, describirlo o definirlo. Atraída por ese convite, este trabajo pretende reflexionar sobre la exploración poética de América que hace Rubén Vela en este poemario, en tanto voz de americano. Contrariamente a lo que ocurre en los géneros de ficción, en los que el escritor intenta des-representarse al dividir su percepción del mundo en las infinitas miradas de sus personajes, generalmente en la poesía, el poeta se representa a sí mismo como ente sensorial y/o reflexivo en el acto de percibir el mundo; y a partir de esa percepción expresa su sensación y/o su reflexión personal. Sin embargo, no puede asumirse que el poeta se represente siempre como un ser singular y particular, hombre o mujer, por el contrario, la identidad que asume puede estar abarcando no una sola sino un conjunto de las partes que forman su identidad individual y social. Utilizando la terminología de Ortega y Gasset, diría que el poeta puede representar en su poesía su Yo y una parte, o varias, de su "circunstancia". En Maneras de luchar, tres son las perspectivas que se analizarán al advertir que Vela asume su americanidad para expresar su circunstancia, integrándola a su Yo, como individuo en el mundo: esto es, las perspectivas como ser masculino, como ser americano y como ser poeta. Porque es a partir de esa amalgama de sus fragmentos ontológicos que comienza su aventura metafísica de exploración del mundo total que lo rodea. Por ello no extraña que haya elegido como epígrafe el enunciado de Mircea Eliade: "Todo fragmento significativo repite el todo,"2 porque lo que busca Vela unas veces optimista otras angustiosamente, es comprender la totalidad de la historia, del arte y, por supuesto, del mito. Cinco son los temas primordiales que aborda Vela en Maneras de luchar: la muerte, el pájaro, la piedra, el tiempo y la palabra. Por supuesto, hay motivos derivados de estos temas que los amplifican o limitan, los densifican o sutilizan, tales como la soledad, el amor y la memoria, pero esto se verá a su tiempo, a medida que se analicen cada uno de esos temas. Lo primero es articular las perspectivas desde donde Rubén Vela parte para su exploración poética.
Perspectiva como entidad masculina colectivaCoincidiendo con Edmundo O'Gorman sobre "la necesidad de considerar la historia dentro de una perspectiva ontológica" Vela presenta la historia de América como un proceso de transformación de las entidades míticas que devienen símbolos de la identidad ontológica, de ahí que él mismo, como poeta, no hable al modo de un solo individuo que ve, sufre y se transforma como persona, sino de un hombre que asume el género masculino al que pertenece como entidad colectiva que responde a las exigencias del mundo en que vive. Vela no desea que su voz se restrinja a la de un solo individuo, por el contrario, quiere que ésta represente a todos los hombres de América, por ello al describirse como "Hombre" identifica a América como "Mujer", y en esa personalidad aparecerá la mujer amada en sus múltiples haiku:
Yo trabajo / sólo con mi corazón /para nombrarte,/ ¡América!
En otro, su voz resuena con timbre colectivo, para ir ampliando lo particular y singular hacia lo general totalizador:
América, /mujer total, /alimento y alojo/ del hombre.
Y ¿quién es ese hombre, sino el poeta en su representación del género masculino americano, el mismo que en otro de sus poemas titulados "América" se denuncia a sí mismo rendido de amor:
Sonríe, y alguien /cae rendido /a sus pies /Y mata /por amor.
Pero el enamorado no sólo cae rendido por un amor idealizado, platónico, abstracto, sino también por un amor que es llevado al plano del deseo sensual, carnal como en uno más de los poemas titulados "América" a la que reconoce como:
El /país /de /los / hombres / en /celo, / nuestro / joven / ardor.
Pero tampoco el amor ideal y el sensual son lo únicos amores que hay del hombre a la mujer, también está el amor filial. Treinta y tres, como la edad de Cristo, son los poemas que llevan el título de América, sin contar aquellos en los que agrega un adjetivo, como "Radiante América" o en que América se adjetiviza como en "Amor americano". Vela va uniendo los fragmentos de América, como se unen los racimos de flores individuales para formar un ramo, por ello su exploración sobre América va enfocando su mirada en cada uno de los aspectos de esa circunstancia. No podía pues faltar su representación del hombre como hijo de la madre naturaleza, en otro de sus poemas titulados "América":
Es su altura perfecta, es su amor sin olvidos. /Nuestra madre sobre las aguas.
Y el amor que se contrapone con el egoísmo en el poema "Maneras de luchar" que le da título al libro:
"Hoy no se fia/mañana sí"/Mi amor, mi amor,/ es de todos los días.
Esta concepción del poeta como hombre, va a ligar la representación de su ser masculino, con la del poeta, a partir de su afirmación:
Amigo, /por el poema soy hombre.
Que será el punto de partida para su exposición de arte poética.
Perspectiva como poeta
La intención de Vela de representarse como poeta la marca su discurso metapoético a partir de los primeros cuatro poemas del libro, de los cuales los tres primeros llevan el mismo título: "Arte poética." En estos poemas, Vela entrega sus conceptos sobre el arte de escribir y la ontología del poeta.
Aquel que no /mate y resucite /que abandone el /Arte de la Poesía.
Su conexión en ellos con las vanguardias especialmente con el creacionismo de Huidobro es evidente.
Que el verso sea como una llave/ Que abra mil puertas. /[...] Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!/ Hacedla florecer en el poema [...]/ El poeta es un pequeño Dios.3
Si Huidobro quería que el poema hiciera florecer la rosa, se creara a sí mismo, y fuera un pequeño dios, Vela quiere que el poeta sea capaz de matar y resucitar todo lo que toque y si no, dice Vela, el verso no será poesía. Vela expresa su desconfianza ante los ropajes vistosos de la palabra, los adornos sinestésicos y las metáforas lustrosas que tanto agradaban a los modernistas. Él contrapone a la brillantez cromática, a la luminosidad sensorial, y a la retroalimentación del artificio verbal, la necesidad de la desnudez de la palabra, su incendio y su libertad, tal como lo marca en los poemas que dan inicio a su libro, cuyo "Arte poética" parece anunciar, con acento bíblico, que en un principio fue la Palabra: "La palabra / siempre / temerosa /del vestido / de / gala / sobre su desnudez / magnífica". Y en el siguiente:
Incendiarse/ en / la /palabra. / Crecer /en/ libertad.
Por fin, en el último de los cuatro poemas iniciáticos, más que iniciales, es donde funda su ser ontológico, como hombre cuya función es ser poeta:
¿Quién me salvará de la muerte / sino el poema, /quién me salvará de mí?/La palabra me desnuda/y no estoy solo.
Lo que implica que merced al poema él es un hombre y que merced a la palabra no vive en soledad. Y esta implicación conlleva la concepción ontológica y metapoética con la que habrá de enfocar su mirada masculina hacia América, en tanto mito, historia y memoria.
Aquí, forzosamente la fundación de su Yo como ombligo del mundo americano se extratextualiza con Mircea Eliade, cuando éste analiza la fundación del territorio:
Instalarse en un territorio, edificar una morada exige, lo hemos visto una decisión vital, tanto para la comunidad entera como para el individuo. Pues se trata de asumir la creación del 'mundo' que se ha escogido para habitar.4
Primero porque el poeta al definir su "circunstancia" gassetiana como "hombre" presume que ha de morir, pero al definirse como poeta, admite que sólo siendo poeta puede vivir después de la muerte. El concluir que no está solo implica que su ser se ha sumado a muchos otros seres, por ello puede morir como individuo pero renacer como pueblo y esto es ni más ni menos que situarse en el ombligo del mundo, al que hace referencia la fundación mítica, estudiada por Eliade:
El mundus se asimila evidentemente al omphalos, al ombligo de la tierra: la Ciudad (urbs) se situaba en medio del orbis terrarum... En contextos culturales muy diversos volvemos a encontrar siempre el mismo esquema cosmológico y el mismo escenario ritual: la instalación en un territorio equivale a la fundación de un mundo.
Por ello, desde su perspectiva de poeta funda un territorio que es América, en el que la muerte, significa un renacimiento, y este concepto habrá de condensarse en la cosmovisión indígena de Quetzalcóatl, el pájaro serpiente, que parece nacer de entre las sílabas de los poemas de Vela.
Los cinco motivos: muerte, pájaro, piedra, tiempo y palabra
Para explorar los cinco motivos, Vela dialógicamente toma varias voces. Comienza haciendo suya la voz de América, y describiendo cómo ésta proviene de su alma, pero al concretarse en voz, se vuelve alimento del ser americano:
Mi voz viene de adentro /de lo interior del alma... /Mi palabra es el maíz...
Aquí comienza la extratextualidad con el mito de Quetzalcóatl, ya que fue precisamente ese Dios el que le proporcionó a los pueblos de América prehispánica el secreto del cultivo del maíz que les ha servido de alimento desde el origen de los pueblos hasta hoy. Así, al decir que su palabra es el maíz, el hombre y el poeta se funden con el Dios, en un acto espiritual, que trasciende su humanidad, divinizándolo. Por ello el poeta habrá de señalar que "La poesía es el futuro de la muerte" y que "El poema / es / visitación / de un solitario / pájaro", porque para renacer tiene primero que haber muerto, por ello, en el mito, Quetzalcóatl desciende a la región de los muertos, para poder renacer al otro día, tal como en todo mito solar.
...no sólo es el Cosmos el que nace a continuación de la inmolación de un Ser primordial y de su propia sustancia, sino también las plantas alimenticias, las razas humanas o las diferentes clases sociales. Es de este tipo de mitos cosmogónicos de los que dependen los sacrificios de construcción. Para que dure una construcción (casa, templo, obra técnica, etc.) ha de estar animada, debe recibir a la vez una vida y un alma. La transferencia del alma sólo es posible por medio de un sacrificio sangriento. (Eliade)
Pronto, el poeta se coloca como el historiador que no sólo ve hacia el pasado inmemorial, sino también el presente y hacia el futuro. El "tiempo" de América se define no sólo por lo material e inmaterial que ofrece, sino también por aquello de lo que carece. El recuento de las carencias se convierte en una presencia de lo ausente que enriquece a América, precisa y paradójicamente, por esa ausencia:
América sin el Arco del Triunfo, /América sin el David de Miguel Ángel/ América sin la Venus de Ampurias
Porque a cambio de esas ausencias están: "el pájaro embriagado/ que lanza su grito jubiloso hacia la aurora". Y la piedra porque "en la piedra está escrita la Historia". Y está el Tiempo de América en las alas del ave, porque "es la sangre del pájaro que hace nacer al sol cada mañana". Esto es, el pájaro y la piedra son creadores y mantenedores del Tiempo americano. Así, lo ausente se minifica y la presencia del pájaro y la piedra se magnifican más que compensando la ausencia, restableciendo el balance, porque si el Arco del Triunfo fue un triunfo humano y el mármol esculpido del David y de la Venus, la cima de una expresión del arte, el pájaro convertido en mito es un triunfo de la vida sobre las estrellas. Y la piedra esculpida la cumbre de la expresión de la memoria de los pueblos aborígenes de América.
El poeta vuelve a tomar su voz humana para volverse no individuo, sino pueblo al decir: "Con la piedra fijé el nombre de mi raza". Y así con la piedra lo salva del olvido. Y no se conforma con que la piedra sólo narre la historia inmemorial, el poeta la transforma en signo vivo, concreto y abstracto. Concreto, al identificarla como piedra macho o piedra hembra y abstracto al definida como espíritu de la raza americana al decir que:
Es la piedra de lluvias. /El alma de mis muertos.
Y retomando su voz de pueblo hace la transición entre el pasado y el futuro de América cuando identifica a la piedra con la memoria y con su devenir:
Viviremos desnudos bajo el sol, seremos siempre jóvenes y no habrá otra memoria que la piedra. /Sólo la piedra conoce el porvenir.
Sutilmente, el poeta va abarcando en su exploración las diferentes regiones de América. En sus alusiones al dios Quetzalcóatl va fundiendo los mitos cosmogónicos mesoamericanos. En uno de los poemas titulados "América" hace una nueva interpretación del mito, ya que si Quetzalcóatl parece viajar a la región de los muertos, desde la perspectiva humana, lo que ocurre en cambio, parece decir el poeta, es que el gran pájaro, como Dios que es, se mantiene al lado del sol, a quien dio la vida, por ello el astro nunca se oculta para él, y es por eso que lo describe "como un pájaro / de alas extendidas / hacia el sol que nunca se pone" y a la serpiente "girando / hacia el centro del mundo [...] Hacia el árbol de esmeraldas / que vive debajo de la tierra." Porque entre ambos, cubren todo el espacio cósmico, el pájaro: el espacio sideral, la serpiente: la tierra. En el canto II del poema titulado "Mientras canta el pájaro de la noche" el poeta ratifica la concreción del signo del Tiempo americano cuando escucha "La voz de América lanzada en el grito del pájaro" y poco después en el canto VI al decirle "méceme como si fueras mi madre. Bésame como si fueras mi mujer" está de nuevo convocando en el nombre de América a la Mujer en todas sus funciones, para inmediatamente, en el canto VII englobar en el nombre de América al Tiempo eterno:
Con tu nombre alimento mi pasado glorioso, /construyo mi porvenir.
y es por ese canto del pájaro que el poeta-pueblo deviene inmortal, por ello, lo invoca para que cante, por:
que tengo una sola muerte/y luego no moriré jamás. Viviré en la eternidad de América.
Al poeta no le basta con exhortar al pájaro para que cante, tampoco le basta el adueñarse de la voz del pueblo, ni el convocar a la piedra como guardiana de la memoria, él mismo quiere ser la propia América:
Seré una piedra /Seré el rostro de esa piedra. / Seré la memoria de esa piedra. / Seré la esperanza de esa piedra. / [...] /Seré un día eterno y memorable. /Seré también América.
Y es en esa transición en la que el poeta se hace piedra, rostro, memoria, esperanza y tiempo eterno, a través de la piedra, en la que nace el poema, como decía Huidobro, del propio poema, ya que en esa transición como la del ave que muere para renacer y hacer renacer al sol y en la que el ser se transforma en mito y el mito en hombre, cuando el poeta trasciende su escritura y hace nacer al poema dentro del poema:
Canta, pájaro de la muerte, que /no tengo miedo./Que construyo una casa con poemas/ de piedra./Que invento un río de alcoholes/ profundos./(Invento el río florecido de mi esperanza.)/ Mi porfiada esperanza en el poema.
Poco después, la mirada del poeta se posa sobre América del Sur. Su poema titulado "Viracocha" es el otro lado de la cosmovisión pre-americana: el mito incaico, que complementa el mesoamericano del pájaro-serpiente con el de Viracocha, como hijo del sol:
Ese rostro quebrado/esa piedra cansada/esa rama caída/ del árbol más antiguo/de la naturaleza,/esos ojos que un día/vieron la primera gestación del mundo,/ esa boca que dijo/-con violento temblor/de enamorado- /el nombre más íntimo/ de América!
Pero esa nueva perspectiva tiene su origen en una visión de la muerte, porque la vida no se concibe sin la muerte: "La edad / de los cuerpos / desnudos / donde todo / está muerto / o todo está / por nacer." Para por fin, plantear la suma del tiempo, como la suma del pájaro y la piedra:
Pájaro sobre piedra. /El nacimiento de América.
En "Lejanías" el poeta se adentra en esa cosmovisión para extraer su origen de los: Trozos de la mano del Inca, /de los labios del Inca, /de los /ojos del Inca. /[... ]/Pertenencias finísimas de la noche, / ¿dónde estarán sus hijos?
Esos hijos que "no murieron de violencia" sino "de paciente resignación y olvido". Sin embargo, parece afirmar el poeta, toda muerte implica un renacimiento, aunque como todo nacimiento, ocurra tras un parto con dolor. Dolor que proviene de un misterioso juez que cobra: "Vida por vida, palabra por palabra". Así, el prisionero, como el poeta, se ve sometido a "la cámara de torturas, en la sala de ejecuciones. [...] encerrado en la detestable celda. / En el infame tiempo." De ahí que Vela identifique el nacimiento de América con el nacimiento del poema y al mismo tiempo con la muerte de la cultura prehispánica ocurrida por la Conquista de los pueblos aborígenes, en otro más de sus poemas titulados "Arte poética":
Mataba pajaritos / con pequeñas puntas afiladas. Arrancaba sus plumas/ con amor, con codicia,/ con deseo o envidia,/ con miseria y usura./Colgaba esos colores en su collar de guerra /los pajaritos /comenzaban a vivir.
La pregunta surge involuntaria. ¿Quién es el guerrero? ¿El conquistador de América o el poeta? El título sugiere que es el poeta, aunque haya signos que conduzcan hacia la crueldad del conquistador. Pero será a partir de ese renacimiento que el poeta traza la extratextualidad con otro mito, el del Ave Fénix, al renacer la palabra, después de su muerte (ya que muere su voz india para dar nacimiento a su voz mestiza), como si la palabra tuviera voluntad propia:
La palabra en armas/crece/en la garganta de los hombres
O como en su poema "Sala de situación" en la que reconoce esa necesidad por recuperar el paraíso perdido:
La impaciencia/por encontrar el milagro/recuperar los límites de lo perdido/[...]/Basta un relámpago apenas/para saber que la palabra/está viva aún entre nosotros. Detenida/en la mano abierta del poema.
Y si la piedra salvó la memoria de los pueblos antiguos de América ¿qué es lo que ha salvado al hombre de su efemérides? El poeta responde:
Vastos desiertos/incendiados por la palabra./Infinitos espacios/ descubiertos por la palabra./ La brevedad humana/ salvada/por la palabra.
Porque "entre la palabra y su silencio, el espejo"; porque somos "nosotros, la palabra"; porque hay "Alucinaciones necesarias: el espejo que transforma la palabra. La palabra que modifica al espejo". Porque "detrás del espejo siempre hay otro espejo". Porque:
El poema como una piedra/ desprendida de la rosa. El poema como una piedra/ donde habita la rosa.
En conclusión, el estudio ratifica la posición de Rubén Vela, quien como parte integrante del movimiento de la revista Poesía Buenos Aires, de la década de los años cincuenta y que como bien lo señala Bella Jozef, fue: "el primer intento de renovación en relación a los poetas de la generación anterior. Su preocupación máxima estaba centrada en la pureza de la imagen, desprendida del mundo externo e interno".
El grupo se afilia al invencionismo, que fue resultado del ultraísmo y se unió al creacionismo de Huidobro, intentando dar al poeta una libertad total. Lo interesante de este poemario, es cómo la perspectiva metapoética va conectando los temas. El del pájaro conduce al de la piedra, y el de la piedra al del tiempo, y el del tiempo al de la muerte y el de la muerte al de la palabra, en la que renace el pájaro, la piedra, el tiempo, la muerte y la palabra. Es decir que un tema va siendo ligado al siguiente, y ése al siguiente, como los eslabones de una cadena temática que a medida que van naciendo y entretejiéndose construyen la cadena metapoética circular retroalimentada, a través de una perspectiva que no pretende ser individual, sino por el contrario genérica. Es un hombre que mira, siente, vive, palpita como poeta y como americano, pero como si fuera el poema mismo quien mira, siente, vive y palpita como hombre. No es casualidad que Rubén Vela cierre el libro con el poema "Ignorancia":
Yo no he aprendido todavía /como se hace el poema./[...] / No lo he colocado sobre una mesa de disección /para analizar una por una sus palabras./Ellas parecen decirme. ¡Mira!/[... ] /Recibe las palabras /con las manos desnudas. / Arrójalas al papel /sin premeditación, sin impaciencias. / Ellas hallarán el camino/[... ] /llegarás a la radiante alegría /del ojo por el cual contemplas el poema /y desde donde el poema te contempla. (349-50)
Rubén Vela suma así su voz a la de los poetas americanos que lo precedieron y a quienes nombra en su poema "Definición" cuando aclara que al decir "América" se refiere a la América que cantaron Neruda, Vallejo y Huidobro.
* Artículo publicado en La Pasión Americana en la Poesía de Rubén Vela, I.L.C.H.,2001.1 Rubén Vela, Maneras de luchar. (1950-1980), Buenos Aires, Fundación Argentina para la Poesía, 1981. Todas las citas de la poesía de Rubén Vela están tomadas de esta edición. 2 Mircea Eliade. Epígrafe a la sección "Fragmentos Americanos" del libro Maneras de luchar. (1950-1980). 3 Vicente Huidobro, "Arte poética", publicado en El espejo de agua. Buenos Aires, Biblioteca Orion, 1916 y en subsecuentes antologías. La cita está tomada de la antología de Hugo J. Verani. 4 Todas las citas de Eliade están tomadas de la misma edición que aparece en la "Bibliografía citada".
|
|
|
|
|
 |
 |
 |
 |
|
 |