2da Parte
Entrevista
CODA 2005
Bella Jozef

CODA 2005: La obra poética de Rubén Vela



Bella Jozef
Universidad de Río de Janeiro
Brasil
 


Sabemos como son inciertos los límites de cada sensación. Sólo la actitud del poeta puede hacer convergir la realidad exterior hacia zonas fulcrales de nuestra propia realidad, para permitir con este trabajo íntimo el trazado de una geografía personal.
En su trayectoria poética de más de cuarenta años, Rubén Vela manifiesta una lúcida pasión por el quehacer poético, que puede resumirse en la búsqueda de una creación personal auténtica. A través de imágenes, usando un lenguaje coloquial, elige cuidadosamente el vocabulario donde surgen imágenes que apuntan hacia una concepción más alta del poema.
Su evolución oscila entre narraciones elípticas, descripciones largas de versos incisivos, metáforas que conciben a veces el poema como el eco de un real perturbado por un vértigo.
Estamos delante de una obra inequívocamente demostrativa de una personalidad literaria de acentuado valor lírico, caracterizado por una esencial vibración del hombre en el mundo, a través de lo que vive, sueña o sufre como en su articulación con los ímpetus de construcción o juzgamiento moral que ese mundo le ofrece y que de obra en obra viene alcanzando nuevos lectores.
En Los secretos, Rubén Vela nos da, con elementos contradictorios y paradojales característicos de la inspiración surrealista, esa extraña sensación de “pasado inesperadamente moderno”. Según Guillermo de Torre, es “poesía de vuelta a empezar, este es original, puesto que avanza según los orígenes. Lo que quiere decir que es una poesía descubridora y virginal”.
Hay poemas dedicados a Alfonsina Storni, Delfina Agustini, Roberto Arlt, Rimbaud, Kafka, Dylan Thomas. El poeta hace la catarsis de la vida urbana, con su alienación reflejando “las contradicciones del hombre como individuo sometido a la presión del ámbiente”. Alternando la prosa poética y el verso libre, invoca las fuerzas ancestrales: “Extenderé mi mano / extenderé mi mano / sobre tanta soledad / y con la memoria del deslumbrado / repetiré la cifra de todas esas cosas / que nos salvaban de morir”.
Los poemas de la parte titulada “Los días, los días” retoman la densidad de la prosa onírica confundida con la más lúcida enumeración de lo cotidiano. En esta poética que va del subconsciente a la conciencia lúcida del ser, desentraña el inconsciente para libertarse de sus legames. En su intento de alcanzar lo invisible, lo eterno y llegar a la emoción, el poeta se disloca a los mundos interiores, al acecho de la simbiosis poética, creándose su mundo poético propio: “He destruído los nidos de los pájaros amados / he matado esos pájaros y sobre los despojos de esa belleza salvaje raramente contemplada por los hombres, he escrito el poema”.
La figura del poeta humanista, a la que su obra nos habituó, lo hace presentar un mundo a través de sus minucias concretas, sus paisajes definidos y su genérica caracterización intemporal o mítica. La conciencia mítica releva de una postura cosmológica que se une a la conciencia histórica, apuntando hacia una ancestralidad del conocimiento poético y de la existencia.
Supo dar expresión, dentro del espíritu surrealista, a una apertura hacia un imaginario que se desdobla en las múltiples y diversificadas asociaciones a las que los surrealistas nos han habituado.
La permanencia en Bolivia, durante algunos años, lo hizo descubrir la dimensión de americanidad, un sentido ético que se juntó al étnico, no advertido antes, esa distancia espiritual que nos aleja los unos de los otros en el continente americano. “Estos poemas, dice Ruben Vela, están dedicados a mis amigos de Bolivia, de quienes aprendí esa pasión americana”. De esa tierra hasta entonces extraña del antiplano nos habla el autor, cuando hace referencia a “una América violenta y desolada, pero magnífica que solo algunos pueden presentir desde Buenos Aires como un bien perdido y lejano, como un íntimo remordimiento”.
El poeta capta los rasgos esenciales para extraer la raíz mágica de la realidad, reducida a su esquema significativo. Son síntesis, expresadas en versos ascéticos: “Llenándote de hojas y de días / de horizontes navegadores / tu estatura me aniquila / tu aurora llagada donde sólo la piedra permanece”.
Su pasión americana lo conduce a la universidad. Uno de sus procedimientos es la enumeración apasionada de una realidad que nos va siendo mostrada en fragmentos, no en acúmulo, sino en un profundo sentido del valor de cada palabra y de su ubicación en el poema.
En versos dinámicos, con un impulso de continuidad y de vida nos transmite la poesía como un territorio, a traves de los paisajes, los océanos, las pampas, de esa América inmutable, la misma América agreste e hierática. Compone, así una poesía de visiones de elementos y de realidades recién descubiertas: “Y es de nuevo América / un hombre partido en dos / una mujer asesinada / una larga memoria de violencias”.
Son reminiscencias del esplendor del pasado, hincado en telúricas vivencias: “Un ropaje de incendios / festejando / el comienzo del maíz”, ofreciéndonos una radical problematización de lo vivido u observado. En esa poesía auténtica de una vivencia, lo intenso confiere densidad a lo real, combinado a lo imaginario. La ficción es vista como la posibilidad de mantener la continuidad entre el sueño y la vida, entre la palabra y lo real. Sin embargo, la realidad es un obstáculo constante a la subjetividad, suscita el vértigo, la nausea, el desequilibrio, la pérdida, la ruptura. El poeta busca, entonces, el equilibrio fundamental. La alteridad no es la realidad que el poeta enfrenta verticalmente sino la ruptura de la misma interioridad.
Al asumir el pasado de América, Rubén Vela asegura su fe en el futuro, avanzando por el camino de la nueva poesía. Fue de los primeros a inclinarse, en la vanguardia de la Argentina, a una poesía de postulaciones americanistas. El sentido americanista de esa obra, precursora en su país, hizo surgir posteriormente, otras en ese sentido, como integración de las nuevas generaciones dentro del Continente total, como búsqueda de la propia fisonomía nacional y libertación del influjo europeo. El canto del paisaje continental fue la búsqueda de superación de un conflicto provocado por el desarrollo histórico-social argentino, distinto de los demás países hispanoaméricanos. Rubén Vela no hace la descripción folklórica externa ni el cuadro exahustivo de las riquezas naturales. Captó en sus poemas toda la grandiosidad de América, en la que el paisaje se funda al hombre, tornándose la poesía independiente de la sumisión a aquella y a lo individual del poeta. De su generación es, quizás, el único que, contestando dentro de su purismo a las exigencias vitales, incorporó la poesía argentina al ámbito americano.
La Historia, la antropología se definen como doble espacio de viaje: la memoria, geografía de lo ya visto; el deseo de conocimiento, en un territorio inexplorado. Hay un propósito de atraer la atención hacia la realidad física como proyecto de complemento al paisaje emocional.
Al arte de captación del instante, podemos unir la importancia que, para el poeta, asume la mirada. Nos acordemos de Baudrillard: “la séduction des yeux. La plus inmédiate, la plus pure. Celle Qui se passe de mots, seuls les regards’s enchevetrent dans une sorte de duel, d’enlacement inmédiat, a l’ insudes autres et de leur discours”.
Los poemas, más que de la contemplación de un lugar, nacieron de una memoria a la que se fueron juntando fragmentos, en el libre juego asociativo a que se entregó el poeta. Pasado y presente se confunden; en el pasado está ya presente el hoy experimentado por el sujeto. En el seno de esta experiencia, estará la verificación de que en ningún lugar le es dado al poeta conocer el centro nodal que resuelva las contradicciones.
En Poemas australes se comprueba que en la imaginación poética es necesario estar presente la imágen en el minuto de la imagen. El acto poético, como quería Gastón Bachelard, no es apenas el eco de un pasado, tiene un dinamismo propio: “incendiarse / en / la / palabra”. La imagen está antes del pensamiento y por encima del lenguaje significante.
La poesía de nuestros días colocó la libertad en el mismo cuerpo de la lengua. El poema aparece como fenómeno de la libertad: “Crecer / en libertad”.
Este mismo afán de libertación es presentado por Rubén Vela en su libro Poemas americanos (1963): “La palabra / siempre / temerosa del vestido / de gala / sobre su desnudez magnífica”.
La búsqueda de la esencialidad sin conseciones, se relaciona con una realidad viva. No quiere el poeta encerrarse en un mundo individual sino cumplir su destino: “Será la hoja un maíz. Seré su flor y su fruto”.
Invoca una “Piedra exorcizada por el sacrificio de las víctimas en los tiempos de los incas, realizando actos penetrados de encantamiento y hechizos milenarios” (Juan José Ceselli), al mismo tiempo en que es realista, lógico, lo que lo convierte en la figura de “poeta y de profeta americano”, con una fuerza que derrumba y crea, de tono sobrio y trágico.
Realiza el redescubrimiento de América, fabulosa y fantástica y con sus piedras, con sus pájaros y con sus ríos, participando de lo mágico a través de lo lógico, fundiendo la soledad de las montañas cargadas de eternidad con el hálito de las muchedumbres urbanas.
En muchos poemas utiliza la forma del “haiku”. Por creer que la palabra apenas no es suficiente como evocadora, si no es en su función de elemento libertador del símbolo, el don de síntesis hace que la forma del “haiku” haya servido a los intentos del poema: tomar el fragmento significativo, que es reproducción del todo, según epígrafe de Mircea Eliade: “Todo fragmento significativo repite todo”.
El conjunto es formado por poemas descarnados y dramáticos, de un erotismo áspero. La escritura se erotiza en el oblicuo cruce de gestos y miradas perdidas. El poema supera la “protesta” y se transforma en verdadera definición social y poética: “…y es de nuevo América / un hombre partido en dos / una mujer asesinada / una larga memoria de violencias”.
América-mujer, hembra, amante, dueña, madre, concubina, América -América- tiene la dimensión exacta para todas las formas de la pareja. Se desdobla en paisajes y ésta convoca los símbolos: “Allí, la tierra dio frutos / y el sol hombres dorados. / Y una mujer y su ardiente camarada / trasvasaron el agua de diamantes / que corre de una a otra vena”.
La síntesis se hace en la patria total: “América / mujer total / alimento y / albergue / del hombre”.
Leopoldo Marechal dijo que Rubén Vela “está entre los pocos que hoy reivindican para la poesía el derecho y el deber de regresar al intelecto, hurtándose a las “exclamaciones líricas” de la mera sentimentalidad. Rubén Vela trabaja con el “concepto poético” que no es el “concepto filosófico”, sino que apunta más alto en una sabrosa aproximación a la verdad, virtud excelsa de la poesía que nunca le faltó en sus mejores estaciones”.
Las más diversas líneas poéticas confluyen en la poesía de Rubén Vela. Desde el primer momento participó de diversos grupos de renovación de la poesía argentina, especialmente el de la “Poesía Buenos Aires”, pero no se dejó influenciar directamente por ningún movimiento. Se caracteriza por la preocupación en conseguir, una nueva expresión para su mensaje, produciendo los metros que los argumentos forjan, cada vez como cosa nueva. Esto no impide que la lectura del conjunto de sus poemas deje la impresión de un clima único, un denso tejido de alusiones. Advertimos palabras e imágenes que, por el uso reiterado, delatan preocupaciones arraigadas y lás más íntimas motivaciones de su lírica. Son poemas unidos, a través del tiempo, en la continuidad de una misma meditación poética, de un mismo espíritu que se interroga y trasciende, el mismo sentimiento ante el destino – esa secreta visión del mundo, empapada de una significación humana y social.
Poeta intuitivo, espontáneo, compuso una obra que constituye un marco fundamental de la literatura de nuestro tiempo, sea en el dominio de la transfiguradora aprensión de lo real, sea en el de la incesante interrogación por el destino del hombre.
La suya es una poesía substancial, la de un poeta que cree en la elaboración creadora y vuelve a la soledad que impedirá la destrucción de la auténtica esencia humana. Se impone un rigor, donde la voz no se agota en la palabra y la indagación existencial es tratada con apuro técnico. Con un despojamiento que no impide cierto barroquismo, nos comunica lo que está más allá de las apariencias y que sólo el poema puede revelar, pues es el universo en que todos los mundos se sintetizan.


OBRAS CITADAS

Urban, Marshall: Lenguaje y realidad. México: Fondo de Cultura Económica, 1952.
Paz, Octavio: “Signos en rotación”. El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica, 1970.
Eco, Umberto: A estrutura ausente. Sáo Paulo: Editora Perspectiva, 1971.
Tomat-Guido, Francisco y Paschero, Celia: La poesía moderna argentina. Buenos Aires: Dirección General de Relaciones Culturales, 1961.
Wordsworth: Preface to Lyrical Ballads. Copenhague, 1957.
Gayatari Spivak. Allégorie et histoire de la poésie. Poétique: 427, (8), Seuil, 1971.
Millas, Jorge: El desafío espiritual de la sociedad de masas, Santiago de Chile: Edic. de la Universidad, 1962.
Armani, Horacio: “América como presencia poética: La Nación. Buenos Aires: 6 de noviembre de 1966.
Bajarlia, Juan Jacobo: Poemas Indíanos de Rubén Vela. Valencia, España, 1960.
Vela, Rubén: La isla de los organilleros de Luisa Mercedes Levinson o una interpretación de la realidad argentina. Buenos Aires: Ediciones Flor y Truco, 1970.
Ceselli, Juan José. Poesía argentina de vanguardia. Surrealismo e invencionismo.Ministerio de RR. EE., 1964, y “Poemas americanos”, de Rubén Vela, “Clarín”, 1964.

NOTAS
1. Publicado en Maneras de luchar. Rubén Vela. Argentina: Fundación Argentina para la Poesia, 1981, p. 353-400
2. Umberto Eco. A estructura ausente. Sâo Paulo: Editora Perspectiva, 1971, p. 306. Y agrega más adelante: "El primado de la escritura sobre el lenguaje, creando para sí un espacio autónomo, donde el tiempo del escritor y del lector se mezclan para descifrar algo que ostenta sus leyes de puro significante" (p. 334)
3. "La poesía opera sobre la significación intelectual de las palabras y de las construcciones sintácticas, y al mismo tiempo sobre propiedades estéticas, términos en potencia de un otro sistema que refuerza, modifica o contradice esa significación". (Le cru et le cuit, p. 38-44)
4. Horacio Armani. "América como presencia poética". La Nación. , Buenos Aires: 6 de noviembre de 1966.
5. Trabajo enviado por Bella Jozef a pedido del Instituto Literario y Cultural Hispánico de california en el año 2000.



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