Antología Poética

OBRA POÉTICA

1953-2004

 

ENSAYOS CRÍTICOS

A los campos de Santa Fé
en donde aprendí a respirar
aires de libertad.

A Nina Micono
Que llena de luz y de amor
todos mis días.

A Alejandra, Fernanda y Nicolás,
hijos entrañables

Para Agostina, toda mi ternura.

Mi agradecimiento
al Dr. Alejandro Caride
A la escultora Martha Diez
A Juanita Arancibia
A Marta de París
A Rafael Otegui.






LA PALABRA DESNUDA

Entre todos los hombres, sólo el poeta cumple la función de celebrar las esencialidades del mundo, de transferir por la palabra, la verdad de su entorno, visto como mundo o universo y la verdad del ser hombre, visto como humanidad (Heidegger, Arte y poesía). Por lo tanto, el poeta en cualquier lugar geográfico, asume en sí a la humanidad y la actualiza en creaciones de belleza; su obra es la respuesta a la propia circunstancia espacial -recortada por la geografía nacional o universal- y la circunstancia temporal de su presente por el que detiene en cada poema el devenir histórico de su región, del país y del cosmos. Rubén Vela es el poeta que mejor responde a esta proposición.
Poeta intuitivo y humanista, muestra una profunda y amorosa adhesión al ámbito circundante, lo que le permite fragmentarse en cada ser y en cada cosa, penetrarlos y dejarse penetrar por ellos hasta la cosustanciación. En su obra se desborda lo nacional y sus referencias abarcan otros puntos del continente, mostrando cómo la literatura abandona el localismo para ser expresión continental.
Para Vela el llamado de la tierra, la fuerza que de ella emana debe subir por su médula, hacerse carne en él y transmutarse luego en poesía. Es preciso hundir las raíces en las entrañas mismas del paisaje y rescatar de él, uno a uno sus seres y cosas como movidos por el asombro y el deslumbramiento. Siente que es preciso crear como al comienzo. Nombrando y dando vida. Despojándose de todo lo superfino; penetrando en el ser íntimo de cada cosa evocada en el verbo.

Si por acaso/algún día/olvido la palabra,/ si por acaso/ -digola palabra me olvida / me volcaré a la tierra, / me llenaré las manos / con barro nutritivo, /con profundas memorias vegetales, /con raíces de pan. / Ya casi arcilla, / ya casi material para alfarero, / ya casi sangre nueva, / savia / que llega del centro de la tierra, /de la desnuda roca del origen. / Un hombre elemental / en agua, tierra y fuego convertido. / Y en el aire, el poema. ("Amor Americano")

La poesía veliana es vital, original y embriagante. El connubio entre el hombre y la naturaleza, la naturaleza y las bestias, las bestias y el hombre todo está en las páginas de su obra. Sus poemas nos hacen viajeros de la geografía de América, extensa y variada pero siempre con tanto poderío' como para empequeñecer al hombre, mimetizarlo o condicionar su estilo de vivir. Así el hombre del pueblo, el obrero, la mujer, el niño, son motivos fácilmente reconocibles en la realidad americana. Pero son motivos poéticos, con carne, tierra y alma hecha ritmos, de imágenes, de palabras, de sonidos.

Crecen las palabras sin su sentido más preciso. Es necesario encontrar la clave del poema. ¿Dónde está la belleza? ("América")

Con este poeta, América se transfigura estéticamente y revela sus dimensiones más secretas, esas profundidades que no son privativas ya de un lugar y de un tiempo. Con sus poemas intenta interpretar poéticamente la realidad, afirmar sus auténticos valores nacionales y humanos, vaticinar una era de paz y progreso para América y dar una nueva concepción poética, consustanciarse con la poesía, hacerla carne en su propia carne.
Es por eso que sus poemas expresan sus vivencias propias, sus más íntimas experiencias, además de reflejar al hombre de América, la América de su tiempo.
Bella Jozef, con acierto, corrobora lo dicho anteriormente al sostener que Rubén Vela logró captar "toda la grandiosidad de América, en la que el paisaje se funde al hombre, tornándose la poesía independiente de la sumisión a aquella y a lo individual del poeta" y afirma que este poeta "incorporó la poesía argentina al ámbito americano, con poemas llenos de significación humana y social". (Bella Jozef)
El poeta reconoce su destino: su esqueleto sustantivo es la poesía, que es la que lo sostendrá y al mismo tiempo conducirá su vuelo:

... pájaro embriagado/ que lanza su grito jubiloso / hacia la aurora. ("América")

Nuestro poeta ha hecho surgir de su trashumancia las imágenes de un mundo como totalidad, y a la inversa, de esa totalidad surge la visión del hombre, sólo enceguecido de inmortalidad. En esa cosmovisión el continente americano es una sinécdoque. Muchos lo han cantado buscando el "ser" americano, pero él es el único que le ha cantado con amor raigal.

¡Miradla bien! /Una raíz. Un sueño. ("Machu-Picchu")

Y más adelante expresa:

Yo trabajo /sólo con mi corazón /para nombrarte, /América! ("Amor americano")

Bastó que llegara al corazón físico, a la rispida altura del continente, para contemplar desde allá, con palabras que arrastran inevitables trozos de sí mismo. La magia, el panteísmo, el paisaje y es con esas palabras que redescubre su fuerza simbólica y exaltadora:

No continente. /Isla su corazón /aún olvidado. ("Radiante américa")

Y no basta la palabra, Rubén Vela inventa metáforas para nombrar a América:

Esa música es la fiera que acecha; / esa ferocidad, el asombro mortal de su belleza. ("América")

Los poemas de este creador abarcado por la gracia de recrear el mundo y de rescatarle el "vuelo" y la "sed" del hombre, son el reflejo de la América total y de una protesta social a través de la palabra. En la síntesis y brevedad de sus "Fragmentos americanos", evidencia su preocupación social en un poema compilador de la intuición del que surgió Maneras de luchar.1

Ella es América, un mutilado nombre, /un cuerpo llagado y su cansancio. / ¿Y qué te creías que era el Nuevo Mundo, / y qué te creías que era esta canción? / Pero nuestra fe es más grande. ("Mientras canta el pájaro de la noche")

En su poesía la palabra es la que lucha por permanecer en la superficie, tramarse, hacer historia desde la Historia.

Pueblo / déjame nombrarte / no sirvo para nada / no tengo siquiera tu derecho a ignorar / la metafísica. / Pero he sufrido / como sufren

los hombres / desgarrándome en luz / por alcanzarte. / ¡Y tú permanecías / -siempre detrás- / resplandeciente! ("El sudor del hombre")

A Rubén Vela se lo conoce como el poeta americano, identidad, signada por un "hurgar obsesivo" y una "despiadada observación" sobre los signos que componen a América, según indica Bella Josef (Epílogo de Maneras de luchar}. En su obra es posible ver la oscilación de dos tópicos -ya sea como poemas o como enunciados de los títulos-: América y Arte poética. Pero no sólo ellos constituyen el nivel temático de su creación sino que plasman el estilo que, de este modo, marca su filiación con la poesía vanguardista americana. 'América' y 'Arte poética' son los dos títulos que se repiten con mayor frecuencia en su obra y es en ellos y por ellos que reconocemos esa obsesión que consiste en destruir la sintaxis y la semántica (tradicionales) y descubrir "lo que está tapado, adulterado por la cultura contra la que se lucha" (Jitrik, La vibración del presenté)
Esa observación obsesiva del poeta le permite reconocer, entonces, los asuntos que trascienden la realidad latinoamericana para reflexionar sobre la problemática humana que terminan por plasmarse en la recurrencia de los temas que se tornan isotopías en sus textos. La palabra es, míticamente, refundadora de las circunstancias, es por eso que las repeticiones no son tales sino que revelan el carácter circular, siempre nuevo, propio del mito.
Bella Josef afirma que "los poemas son crítica del lenguaje y del significado, crítica del poema mismo. Como pérdida de la imagen del mundo, la imaginación poética pasa a ser descubrimiento de la presencia". Esta crítica como búsqueda constante en el hombre no se torna desasosiego sino creación, hecho que confiere a la imaginación -estatuto simbólico del lenguaje- la capacidad de acercar la imagen perdida del mundo. Sólo con la imaginación el hombre adquiere la nueva dimensión del lenguaje. Dimensión que se separa del logos tradicional para instalar otra manera de percibir y significar. Tal forma señala, no ya la facultad de codificar como la acción de usar el lenguaje, sino de interpretarlo. El muthos -régimen del lenguaje indirecto, oscuro-2 es esa otra cara de la recepción que completa la fase interpretativa tornando legible el discurso opaco, indirecto, simbólico. Esta capacidad abre un nuevo espacio en el cual, el creador, puede transitar pagando un precio.
Para el poeta la representación verbal del mundo es metafórica, resultado de un signo que ha surgido del revés de la significación y que ha transformado al sujeto que lo enuncia de modo tal que él mismo se ha vuelto palabra. No hay referencia externa objetiva porque todo se ha trastocado por la percepción interna, es decir que la imaginación es la que establece los parámetros de la recepción / significación. La referencia es lo que la imaginación reconoce -transforma- según sus capacidades perceptivas. Ya se sabe que sin el lenguaje el hombre no es posible. Desde esa instancia interna circunscripta a un espacio 'preadánico' (nos referimos al momento en el que el hombre no puede 'nombrar' la realidad que lo circunda), el poeta 'imita' la situación sui generis a partir de la cual se verá en la obligación de legitimar o exterminar. En ese caos primigenio el hombre tratará de crearse, y así "los fragmentos que buscan significado" irán trazando la misión del poeta que plantea la tensión: salir del Paraíso o crear el Infierno.
Vela trabaja en esa búsqueda por instalar un lenguaje capaz de representar el imaginario primitivo paradisíaco. Quiere devolverle a la palabra su carácter mágico, es decir que el verbo sea capaz de actuar sobre la realidad. Yolanda Rosas sostiene al respecto que "el poeta trata de mantenerse en el plano de lo esencial y de la auténtica creación por medio de la apropiación de un lenguaje nuevo que cobre la fuerza necesaria para lograr la comunicación..." (La pasión americana en la poesía de Rubén Vela)3. La humanidad de la voz poética permite sospechar la tensión prometeica entre la caída y la salvación. El pecado y la purificación signan el acontecer del hombre y expresan las condiciones poéticas de América Latina. La estancia en un Paraíso, liberado del poder castrador de la palabra, inquieta al hombre preadánico y, entonces, se obliga a crear nuevos mundos a partir de lo que puede significar. Es esta una creación por la palabra que lo conduce a una figuración, a instalar la primera instancia significante, la metáfora. Es caída por elegir 'el vicio', el doble sentido, 'esa ausencia de verdad' por una forma bella y sugerente, 'femenina'. Pero tal caída no es permanente. El hombre busca reconstruir ese paraíso que ha perdido y, entonces, procura la forma que lo reconcilie con la Verdad. En el camino de la salvación, limpia su cuerpo, esclarece su alma, purifica su palabra. Lejos de dobles sentidos, sentidos opacos, instala un discurso alegórico, lineal y reflexivo.
En Mesa de los pecados capitales..., Vela nos muestra al hombre embelesado por las veleidades del Paraíso que quiere poseer, mundo al que quiere dominar, dándole 'nomine'. Posibilidad fatua porque el lenguaje se presenta como el elemento 'vicioso' por excelencia, engendrador de esa forma de figuración que lo hermana con lo desviado y lo caótico. En Poema purificador, él ya sabe que aquello que puede construir es un nuevo lugar que debe ser liberado de toda impureza y para ello recurre a la reflexión. El poeta y la palabra se enfrentan, se miran y se descubren, purificados.
La poesía de Rubén Vela va a definir un espacio poético caracterizado por un rasgo agónico. Delfín Leocadio Garasa expresa que nuestro poeta "[...] se siente integrado en atávico proceso, surgido de un crisol de fuerzas telúricas y ancestrales [...]" (La pasión americana). En la literatura latinoamericana la pugna originada por la coyuntura de la Conquista y colonización, se desarrolla para instalarse en el terreno simbólico: ¿qué puede decir una palabra 'ajena' de la tierra propia? o ¿cómo se puede nombrar la realidad en su forma más exacta?
La palabra -el símbolo- emerge como el elemento cuestionado porque en tanto 'expresión' establece relaciones muy lejanas con la 'forma'4 (el significado que quiere transmitir). Y la palabra -símbolo- se presenta, entonces, como un factor de alienación. Sin embargo, Vela procuró acercar la 'expresión' a la forma, es decir que la palabra (aunque adoptada) fuera símbolo de una realidad propia. Que la palabra -símbolo- 'religara'. Por eso, ofrece su poesía que se inscribe como la posibilidad de generar un proceso de apropiación de esa palabra -símbolo- para que la 'expresión' coincida, por fin, con la 'forma'. Es la 'agonía' la que manifiesta esa instancia entre dos elementos retóricos que reflejan dos momentos significantes. La inminencia de la paradoja determina los niveles temático, composicional y estilístico de modo que su poesía revela una situación particular en la producción lírica de Latinoamérica. Los dos polos que constituyen el eje temático de su poesía son la identidad y la escritura (basta observar la recurrencia permanente a través de los títulos, donde se insiste en "América" y "Arte poética"). Estos términos se enfrentan al mismo tiempo que se necesitan. Porque, por un lado, la identidad es reconocida como el problema surgido por el enfrentamiento -la agonía- entre lo original indígena de América y la 'dialogidad cultural' abierta por la Conquista americana, fundamentalmente por la herencia idiomática. Sin embargo, en obra de Vela, la identidad es referida por los elementos culturales del mundo precolombino. La situación se legitima por ese universo referido. No se busca ni se duda acerca de la identidad. Se afirma que el ser latinoamericano está en los orígenes de Latinoamérica; por lo tanto, el concepto de identidad se presenta como la razón de una existencia. De aquí se desprende una visión generalizadora. Esta 'identidad' aludida no se vincula con la noción de 'individualidad' (entendida como las características culturales y sociales, que responden a una división política) sino que instala la noción de pluralidad legible en las referencias a lo colectivo.

qué es lo que nos queda / este asalto violento a la memoria / la ley del más fuerte / los sueños indecisos. ("Verano")

En los textos velianos, esa identidad tan deseada ya es un bien, la tarea del hombre americano es sostenerla, defenderla, por eso se insiste en la idea de 'lucha'. Afirma, a propósito, Sebastián Jorgi que "...Poesía, juglar y tierra se han consustanciado con el canto en un impetuoso combate, primero, en una comunión, después con América..." (La pasión americana...). Pero ¿cuál es la manera de sostenerla y de defenderla? La escritura -la palabra-es la que cobra el rol principal. Porque por ella se llega al modo de legitimar esa identidad 'sentida', revivida.

Eres mi certidumbre de hombre austral / con tu nombre alimento mi pasado glorioso, / construyo mi porvenir. ("Mientras canta el pájaro de la noche")

La palabra -la escritura- se reconoce en el espejo de la literatura americana original donde se señalan los elementos que caracterizan el discurso y definen una visión de mundo compartida. Su propuesta poética es hacer dialogar, en un encuentro definitivo -amoroso- a América (la tierra y la Palabra) con el Hombre.

Méceme como si fueras mi madre. / Bésame como si fueras mi mujer. / Úsame, ámame, memoria tan profunda y escondida. ("Mientras canta el pájaro de la noche")

El lenguaje es despojado, claro y preciso. Sabe que ese mundo original que pretende rescatar de las pluralidades alienantes, sólo puede ser comprendido si se lo expresa por la sustancia que lo compone, es decir con un lenguaje simple, propio del hombre primitivo. Lenguaje cargado de afectividad y donde se reafirme la reunión del hombre con el hombre, con la naturaleza y con Dios.

Mi voz viene de adentro, / de lo interior del alma / y no tengo vergüenzas. ("América")

Una vez más se hace presente la agonía, la lucha entre un mundo plural e individualista y una forma de expresión que tiende al religar.

Delante de mí / detrás de mí / debajo de mí / encima de mí / alrededor de mí / américa / su largo nombre / su voz de adentro.

El lenguaje se considera -y se usa- en su forma material. Es decir, sólo se utiliza lo que resulta concreto, como lengua-objeto; sin pretender, en esa primera instancia, poner en funcionamiento lo metatextual. Observamos, en toda su creación, como la literatura abandona el localismo para ser expresión continental. El sentimiento de lo telúrico ha sido objeto de especulaciones por numerosos ensayistas latinoamericanos que han sabido interpretar su influencia en Latinoamérica. El paisaje modela al hombre.
Vela recorrió su América, la vio, la palpó, se llenó de ella, sintió entonces la necesidad de unirse con la tierra, consustanciarse con ella. El sentido americanista de su obra es precursora, en su generación, como búsqueda de su identidad. Nuestro poeta vive su poesía en la que aprehende la realidad circundante. Sus poemas manifiestan esa realidad a través de su temática, imágenes e ideología: "Esto es América, me decían, /
mostrándome las altas cordilleras, /Sólo vi pies descalzos, /...vi desolación. Y, al borde,/ las grandes ciudades opulentas, solo / al borde..." ("Maneras de luchar")

Conclusión

La poesía de Rubén Vela instala una visión original sobre el modo del decir poético definidor de la literatura latinoamericana. En su poesía no hay búsqueda, hay confirmación. Pero una confirmación que no deja de ser agónica, paradójica, en pugna.
En su poesía ya no se enfrentan los momentos -pasado / modernidad-; ni los poderes -Europa / América-. Tampoco chocan los conceptos -Naturaleza / Cultura-. Es la palabra la que lucha por permanecer en la superficie, tramarse, hacer historia desde la Historia. Palabra que lucha para preservar la forma original. Palabra que lucha para hacerse oír y ser, auténticamente, como se ve en el espejo que la revela.
Una característica fundamental de su poesía es la capacidad para hacer que el poema medite acerca de sí mismo:

Aparecen las fieras: palabras / Aparece la locura y su arco de luces girando sobre / palabras vivas. Es una flor que grita. Un dolor. La / falta de un perfume. (El poema II)

Y, con voz grave, advierte:

Pero fijaos qué curioso: / sin el hombre / el poema / no es. (Del poema)

La palabra poética le impone al poeta, el mandato de dignificarla, de celebrarla en su poesía. Rubén Vela logra, como ya se ha dicho, transfigurar estéticamente la palabra. Con sus poemas intenta interpretar líricamente la realidad e impone, crea, otra, regida por auténticos valores nacionales y humanos. Rubén Vela, con su palabra desnuda, ofrece una nueva concepción poética: no "vivir con la poesía" sino 'Vivir la poesía".




Juana Alcira Arancibia
Instituto Literario y Cultural Hispánico
California State University, Dominguez Hills



1 Los poemas citados corresponden al libro de Rubén Vela, Maneras de luchar
(1950 -1980). Buenos Aires, 1981.
2 Muthus es considerado el lenguaje oscuro y simbólico, mientras que Logos
es el lenguaje racional. Ver Todorov, Teorías del símbolo, 34.
³ La pasión americana en la poesía de Rubén Vela, editado por Juana Arancibia
en el año 2001.
4 Hjelmslev es citado por Roland Barthes en La semiología, aquél explica
que en el lenguaje hallamos dos planos: el de la expresión y el del
contenido y a cada uno de ellos le corresponde una forma (descripta desde
una perspectiva lingüística) y una sustancia.



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