Editorial Losada
MENSAJE A LOS HOMBRES DE ESTE SIGLO
¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes, la música celestial de los eunucos, el ensueño de los débiles de espíritu?
Hombres de este siglo:
Contemplad la Palabra.
Leedla
en los muros que acumulan descifrables memorias como gritos reclamando el pleno ejercicio del amor, la libertad inmensa.
Buscadla
en aquellos rostros sorprendidos que descubren de pronto su condición de Pueblo. El luminoso, único destino del hombre aquí en la tierra.
Ved la Palabra
en ese niño hambriento devorándose los huesos que aún le quedan de su propio esqueleto, destrozando en llantos su futuro al cual nunca arribará.
¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?
He aquí su Palabra.
Su salvaje alegría.
Su porfiada esperanza.
EN LA TIERRA
a Nina
Hemos construido días perfectos sobre la abundancia de palabras dichas en silencio. La dura soledad de tu cuerpo y el mío en una misma soledad.
Hemos hecho crecer ese silencio en la sed de nuestros hijos.
Hemos ganado nuestro amor.
MESA DE LOS PECADOS CAPITALES O AUTOBIOGRAFÍA DEL POETA O PRESENTACIÓN DE SUS INFIERNOS O JUSTIFICACIÓN DE SU FE Y DE SU ESPERANZA
a Juan Carlos Martell I
Yo era el príncipe de las constelaciones más confusas, la culebra acuática de las calamidades, el azogue de las melancolías.
Un coro de ángeles alababa, con antiguas canciones, mis mas espléndidos extravíos, mi lenguaje mas obsceno.
Pero era también el arcángel de los descubrimientos, el incansable recolector de la palabra en los campos helados, el labrador de la hierbabuena.
¡Oh, miseria interior! Mi podredumbre transformaba las cosas de este mundo en objetos de pura belleza.
mis fatigas mas perversas, mis fracasos reventaban en mi boca como flores del bien, con un amor distinto.
Y a pesar del infinito amargor de tantos días difíciles, los hombres recobraban a mi paso su perdida condición de gigantes en la tierra, la dimensión irrepetible de su libertad y de su alegría.
II
Cada una de mis fabulaciones más perversas engendraba hijos espléndidos.
Mis constantes suicidios, el delirio de mis venas desbordándose en ríos de pánico y resentimiento, fecundaban los campos, purificaban las cosechas.
Al disparo certero, al terror más absurdo, mis sienes estallaban como cuevas antiguas, liberando los olvidados animales de la aurora,
¿Arrancarme el corazón? Crecía la música. Mis blasfemias salvaban el futuro, ya existente en los no nacidos espacios profundos de mi ser.
Y al negar a mi Padre, al Verdadero desde Siempre, su Palabra Ordenaba: Protegedlo y Honradlo. Él es el Elegido.
III
Reventaba por placer los ojos de los recién nacidos. Pero visiones maravillosas les revelaban, la belleza de este mundo.
De cada pedazo de piel que arrancaba, brotaban luces como incendios de donde renacía la verdadera memoria de los hombres.
Maté mis propios hijos, los por mí engendrados y alumbrados. Y ellos alabaron mi sabiduría al convertirlos en hombres para siempre.
Entonces destrocé el odio y el amor, todo cuanto en mí tenía. Y creció ante mí la Hembra Victoriosa, la mujer portadora del más perfecto amor sobre la tierra.
IV
Así, a pesar de mí mismo, soy el arrogante dispensador de bienes no deseados, el insolente instrumento de la verdad para probar la existencia de otra Verdad no alcanzada. El condenado de la fe, portador de la esperanza y la alegría.
V
Madre misteriosa/ ¿en qué lecho me has parido?
¿Qué violador invisible llenó de músicas tu memoria más íntima?
¿El asombro de qué prodigio ungió tus muslos en tu noche de bodas?
¿Qué dios transformado en pájaro perfecto penetró tu nombre de virgen, se adentró en tus entrañas, puso su canto en ellas?
¡Y qué grito enternecedor, qué aterradora sinfonía brotó de tu garganta, oh virgen perdida desde siempre, oh madre ganada desde siempre!
Madre misteriosa, gozoso nombre de la tierra india, hembra de América abierta en dos, pariéndome con entera y desconocida alegría.
VI
Y el coro de ángeles protegiéndome desde entonces, transformando mis lepras y sangrías/ mi carne llagada y lastimosa, mi nombre tan herido, mis enteras miserias, mis soledades y mis profundos odios, mis injustificables crímenes, mis agonías y mis muertes en una resurrección constante, en una salvación fuera del Tiempo.
VII
Esta palabra que crece duramente en libertad y cruel armonía.
Porque yo soy, yo justifico
la presencia del fruto del Vientre Elemental sobre la tierra.
UNA HISTORIA
I
Quiero contar, amigos, una historia muy simple.
Y hablar simple no es fácil.
Cuando tuve hambre creí que dejar de tener hambre era conquistar la libertad. Cuando tuve sed creí que dejar de tener sed era ganar la libertad.
Orgulloso, ya sin hambre ni sed edifiqué mi casa solitaria en una ciudad sin hombres. Encerré mi libertad.
Pero ella fue mía sólo por un instante.
II
Nadie tuvo la culpa.
Para su inmenso amor la casa era muy chica.
Su amor una ventana más grande que la casa.
Una ventana en libertad.
III
Guerrillera de auroras escapó simplemente musical y desnuda.
Iba de pueblo en pueblo deslumbraba a los hombres paría hijos hermosos.
Encerrado en mi casa yo nada comprendía.
Ella hacía crecer la música.
La libertad desnuda.
IV
Un día
abandoné mi soledad inútil mi débil fortaleza.
Me mezclé con los hombres. Descubrí mis hermanos.
Heredé su alegría.
V
En medio del festejo en mitad del almuerzo generoso alquimistas del odio derramaron el vino.
Y vi la mesa diaria hecha de pan e hijos de sudor y trabajo destruida.
VI
De la tierra incendiada surgieron radiantes mis hermanos. Ellos eran la Tierra.
Levantaron sus casas. Construyeron otra mesa más grande en la matriz bravía de la tierra.
Comieron de nuevo en esa mesa con un amor distinto. Dieron salud al mundo.
Conquistaron a fuerza de coraje la libertad perdida.
La libertad de Todos.
VII
Entonces comprendí.
Y ella vino hacia mí
recuperada
en el áspero lenguaje
de los pueblos.
RETRATO DE UN DESCONOCIDO
Este canto grave y profundo, Madre de los Abandonados, que la madrugada trae en su extraño silencio.
El que habla profundamente escuchó ese silencio.
Es este hombre agrietado en edades como un Rey de Armas en desgracia, como un antiguo heredero olvidado de todos, que va de puerta en puerta atestiguando la soledad de los zaguanes, su gastada armadura tachonada de coágulos y heces, de cansancios de plazas y hartazgos de palomas.
Rey de un tiempo absoluto donde su entera libertad es su locura.
Él es su propia música, el dueño del canto de la noche.
Moscas, como ángeles ásperos, le sostienen confiadas su corona de espinas.
Y algún perro seguidor, lo habita.
HOMBRES DE MI CIUDAD
Ellos han pasado a mi lado.
Se esfuerzan por vivir. Tienden sus manos a la vida.
Nada tan fácil. Nada tan difícil.
Han pasado a mi lado pronunciando tu nombre.
Llevaban tu soledad en alto
como una dura bandera hecha de lutos y fracasos, de desesperado amor, de invencible alegría, Buenos Aires.
TODO O NADA
Al pintor Cambarles No hablar de América no hablar de nada no mencionar la muerte que te guarda como un ángel siniestro no decir cosas o decirlo todo de golpe descubrirte penetrarte desnudarte te cae el sol encima te arde en tu fosa como una lepra te cae la sed el hambre se han olvidado las ofrendas el pago a la tierra el tabaco la coca te cae el dolor de tanto espacio herido inútilmente por los pájaros gigantes de rapiña que llegan desde el norte desde el centro del hielo de la región de la muerte para escarbar con sus garras tu corazón de américagambartes que late todavía.
Y aún sigues viendo el mundo a través de tus manos gran niño ciego deslumbrado por el arco de todos los colores sigues viendo criaturas que nacen como pólipos o adherencias sobre la tierraindiaherida aferradas encimadas atrapadas como racimos de seres extraños que miramos con desconfianza de un planeta desconocido antiguoamérica de una tierra de cobre donde todos les pertenecemos y en donde todonada es de ellos la piedra habitada por el rayo la piedra de color de calor de arrabio de rabia de furia viendo todo por tus manos gritando sobre muros de piedra gritando lo que viene desde el ombligo del mundo manopiedra culebra manopiedra serpiente manopiedra del llanto manopiedra cansancio manopiedrahambre del hombre americano manopiedra gambartes.
Y me nace esta alegría entre tanta ausencia haberte conocido haberte hablado haber visto con tus ojos lo que tú quisiste que vieran mis ojos tu sabiduría tu humildad madrepadre gambartes que construías con tus manos tan pequeñas los radiantes monstruos del pasado hacia el porvenir que inventabas la música de las raíces profundas en la historia partida de esta tierra con tu corazón de poderoso mago de la aurora tus manos que inventaban el verdadero nombre de américa américagambartes que soñaban américa que lloraban américa que gozaban américa. Porque hay que decirlo volver a repetirlo quien no ha entendido nada aún de todo esto que destroce su cuerpo sobre el gastado asfalto de esta ciudad deforme y malqueriente que se suicide sin asombros desde el último piso de sus años vacíos y sin esperanzas que se corte su sexo para no perpetuar sobre el mundo su sombra miserable y si aún después de todo esto sobrevive que mire por última vez un cuadro de gambartes una hechicería de gambartes la luz cegada por el resplandor del relámpagogambartes y resucitando al fin sobre la aurora de un distinto nuevodía cobijarse para siempre en su vientregloria-padremadre- gambartes.
¡La gran perra por qué te has muerto de temprano aunque sigas tan vivo para siempre américagambartes!
DE MI RAZA
a Carlos Manuel Muñiz I
Poesía es una raza.
Yo me siento y reconozco en esa raza. Allí viven mis padres y mis madres, señores que nunca han muerto, que no han conocido la vejez ni la agonía. Allí están mis hermanos tan queridos y otros primos gloriosos. Allí el hombre y la mujer que descubrieron la clave del futuro: el que inventó el nombre del maíz y la del vientre fecundado por el aire caliente y fraternal de América.
II
Seres queridos que en delirio de cobres y de bronces crearon la belleza del antiguo mundo. Alfareros de misteriosas ecuaciones que acumularon por siglos su equipaje de encantamiento y hechicerías.
III
Padres locos, madres locas, hijos y nietos locos de la locura del conocimiento: el señor dueño del fuego y el matemático puro que atrapó la agricultura. Abuelos de estatura de árboles inmensos en medio de la noche para señalar el camino. Padres de los días venideros que no se agotan nunca.
IV
Yo vi esa señal en la madera, comprendí el lenguaje de la piedra, amé la tierra y la simple y perfecta disposición del agua por lograr su ajustado equilibrio. Subí la montaña diestra en sabidurías, admiré los huevos deslumbrantes -generadores del futuro- en los nidos de los pájaros del trueno y escuché la voz profunda de mi raza en lo más hondo de la noche, en lo más puro de mi corazón.
V
Poesía es esta raza. Continúala.
Escoje a tu mujer, la de luminoso silencio que enriquece al poeta.
Bébele las sorprendidas palomas de su sexo, florécele sus pechos en poemas, destroza con el más terrible, tierno amor, su piel más íntima. Que se incendie en urgencias el sol negro que guarda celosamente para ti entre sus piernas. Y ya dentro de ella, habitante de un pueblo que continuará tu nombre, revienta tu enloquecida granada de carne en aguas crispadas y profundas, en aullidos de gozo en donde resida el porvenir, el rostro confiado de tus hijos.
VI
Entonces, poeta, la Piedra cantará.
VANA ARGUMENTACIÓN DEL SOLITARIO ANTE LA CONSTANTE CRUCIFIXIÓN DE SU ÚNICO HIJO AQUÍ EN LA TIERRA
Rostros conocidos, familiares; abominables rostros que me distraen y angustian. Yo sólo buscaba un gran Silencio, una Eternidad sin Tiempos que abarcara todos los espacios.
De pronto me conmueve el llanto de un recién nacido, aquí, en mi costado. De pronto algo sucede a pesar de tanta inmovilidad aparente. ¡El Tiempo, el Tiempo, el fastidioso Tiempo de los vivos!
El recién nacido agita sus pequeñas manos, mueve esas garras diminutas y trepa por mi cuerpo, arañando, desgarrando mi piel. Tanta ansiedad, tanta fiebre a cada movimiento: un delirio que trata de cercarme, envolverme en su fiebre. El pequeño monstruo gime; es un llanto apagado que llega a través de la Eternidad. El pequeño monstruo trata de cobijarse entre mis brazos. Busca amor. ¿Amor, todavía?
Mi corazón se conmueve, late. Siento su ruido monótono, terco. ¿Cómo decir que he fracasado?
Entonces todo se transforma. Estoy dentro de un pozo profundo y caigo. Hacia los Infiernos. Hacia los Cielos, ¿Cuál es mi Reino?
Quiero aferrarme a esas paredes lisas, enemigas. En un supremo esfuerzo detengo mi caída. Yo me salvo. Es Mi hijo quien cae.
Mi corazón ha dejado de latir.
Un silencio profundo, gozoso, me confunde.
Al fin, abro los ojos. Ese único muerto, ¿soy Yo?
VISITA AL JARDÍN DEL ÁNGEL CAÍDO
a Gyula Kosice
I
Esta gota de agua elemental, desnuda, que crece desde el Origen hacia el ojo, desde el mar interior a la luz infinita.
Y ciega su sal íntima, enturbia la visión de lo que es concreto, de lo que es real, para probar de este modo la existencia
de lo que no es concreto, de lo que no es real.
II
Desde adentro hacia afuera, desde el centro a la ola,
como si el Origen buscara
a través del agua su justificación, a través del ojo su oportunidad.
Como si buscara, necesitara testigos por la Lágrima, la Revelación.
HOMBRE CON VASO DE VINO
Soy el bello animal enjaulado en mis huesos.
En marfiles magníficos que celosamente me custodian.
Son mi habitación privada donde viven mezclados los días del futuro y pequeñas humedades de infancia; la memoria de algo que pasó y volverá a repetirse: el nombre de mi muerte.
Allí acumulo mi sed y mi alegría, mis fatigas y asombros, mis ropajes usados, lenguajes como fiebres incurables y el maravilloso amor.
Esa jaula es mi pasaporte humano, necesario.
Mi vestidura secreta, mi desnudez total, desconocida.
LA DAMA QUE DESCUBRE EL SENO
a Tomás Alva Negri
La poesía es el futuro de la muerte.
Los invencibles ojos de oro que triunfarán sobre su abominable ceguera.
Y al contemplar la muerte la irresistible belleza de este mundo inventará para los hombres juegos admirables de salud perfecta.
Será la Madre Fascinante. La Engendradora.
La Total Enamorada.
DEL POEMA
El poema es aire, alimento, respiración, una ciudad abierta donde todos los hombres se festejan. Un universo en libertad.
El poema es riesgo, temblor que le amanece a la palabra. Exigencia. Revolución esencial.
El poema es visitación de un solitario pájaro de otra altura
fecundando los asombrosos jardines de la eternidad.
El poema es todo el dolor. Último trozo de otro pan. Agua para otra sed. Es la vacilación del soldado que descubre de pronto su irreversible condición humana. El instante de su muerte por quienes lo olvidaron.
El poema es alegría de la carne y de la sangre. Es amor. Es ardorosa destrucción de la cual se alimenta toda construcción.
El poema es difícil camino a través de lo invisible hasta alcanzar otra luminosa realidad.
Es también armonía donde todas las contradicciones se resuelven.
Es lo existente y lo no existente. Centro de atracción de lo que emerge de la muerte y lo no nacido en el porvenir.
Es este momento, ahora, este instante repetido e infinito del Tiempo mirándose en su espejo.
Es la memoria de Dios sin la cual no existiría Dios.
Pero fijaos qué curioso: sin el hombre el poema no es.
LA PALABRA EN ARMAS
I
La palabra en armas su porfiada vehemencia su penetrante ardor su insolente su incómoda sencillez.
La palabra en armas tiene el sueño liviano despierta en cualquier momento se levanta toma el día en sus manos hace salir el sol o provoca el diluvio.
Con elemental rudeza acontece en sí misma. Se festeja creando la fraternidad.
Es un solo lenguaje. Es un viejo lenguaje.
Es el común y terrible lenguaje de los hombres que han sabido ganar su libertad.
(La libertad hay que ganarla como la mujer como los hijos como la poesía como la amistad)
II
La palabra en armas crece en la garganta de los hombres.
Aquí allí revienta en estallidos de pueblos en salud.
Reparte su sabia medicina abre sus brazos combatientes señalando el futuro.
Se entrega en labios de amor de fraternidad.
III
La palabra en armas construye de escándalos su edificio.
De escándalos certeros, necesarios.
IV
Ver la palabra pesarla calibrarla irritarla violarla.
La palabra desnuda.
V
Palabras ¿quién las dice?
Palabras ¿quién las escucha?
La palabra como un hueso anterior a la lengua como una sed anterior al agua como una sal como un sol anterior a la especie.
VI
Vastos desiertos incendiados por la palabra.
Infinitos espacios descubiertos por la palabra.
La brevedad humana salvada por la palabra.
VII
Y las contradicciones.
Palabras para el amor palabras para nacer palabras para vivir palabras para salvar de morir.
Y también palabras para herir para matar para confundir.
¿Quién profana la palabra? ¿Quién hiere? ¿Quién mata? ¿Quién confunde?
No el poeta no el hombre recolector de los hermosos frutos no el artesano de la preciosa herramienta no el tallador de la sed más antigua no el solitario más lleno más repleto más habitado de este mundo.
Esa no es su voz. No es la voz del poeta.
VIII
¿Para qué sirve la palabra?
Para revelarle al hombre su perdida dimensión humana.
Para devolverle su Reino en esta tierra.
O más sencillamente para hacer mejor al hombre.
¿Mejor para qué?
Para incendiarse en esta pasión común y tan distinta
este ejercicio cotidiano que se alimenta de amor a cada instante. ¿Y qué es ese amor?
Es estar en la casa del hombre, vivir en la casa del hombre.
Ser ese hombre. Ser todos los hombres.
IX
La palabra en armas que tiene cabida solamente en nosotros mismos.
Nosotros, nuestro propio alimento.
Nosotros, la palabra.
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