A mi hijo Nicolás, que está naciendo.
I
¿Está contento ese hombre
está contenta esa mujer?
La vida va muy rápido
y nadie sabe lo que quiere.
¿Qué le ha pasado al hombre
que le pasó a la mujer?
Más vale no preguntar nada
o el mundo reventará.
Reventará sobre su cochina costra
y Dios reirá con buen humor
y los ángeles se limpiarán sus plumas
del polvo
terrenal.
Una mujer hace feliz a un hombre
mueve su vientre con retórica.
¿Es eso malo?
La noche cae
y él destino
se ha ensañado
con ellos.
Y este abrumador pataleo sobre el pecho.
¿Quién se ha enojado, quién despierta
sobresaltado
agitado
como un furioso león?
¿Morir yo? ¿Morir tú?
Pero a veces también se muere.
Ellos han estallado
se han convertido en soles
su muerte inaugura mundos
es de noche
es de mar
es de sal.
¿Qué haré ahora que ellos
han estallado
como un reloj?
II
Bien
me dicen: debes hablar
y yo pregunto: ¿con qué palabras?
III
Hondo
soy un insecto
me arrastro
me levanto
vuelo
hago cri-cri-
y hago Bach.
Juan Sebastián.
IV
Y todo crece
la ciudad y el sueño
y el vendedor de seguros.
Enriqueceos para la muerte.
El viaje es largo
y
hace
mucho
frío
V
Mi hijo tendrá de su madre la sonrisa
mi hijo tendrá de su padre la sed
tendrá de los dos la vida
tendrá de los dos la muerte.
¿Qué más tendrá mi hijo?
¿Qué es lo que sus padres nunca le podrán dar?
Ay, hijo, nunca preguntes a tus padres
nunca preguntes a Dios
nunca
preguntes
nada
que nadie te enseñará.
VI
Adentro llevarás incendio y agua.
Adentro llevarás un corazón para la sed.
¿Y que más?
Y dios
vigilante-ladrón.
¿Hará luz dios
vigilante-ladrón?
¡Ay!
Hará luz
y cómo me duele saber
que eso no lo veremos.
Dios.
ENVÍO
I
Hijo mío, hijo mío
quise darte
la palabra exacta
el ademán preciso
sólo te di el poema
la mitad del mundo.
¿Cómo me perdonarás?
II
Algo más que el vino
para calentar el corazón de un hombre.
Algo más que el poema
para vivir.