Los secretos

-1969-


Editorial Sudamericana

 


OTRA VEZ

A Nina

Extenderé mi mano

extenderé mi mano
sobre tanta soledad

y con la memoria del deslumbrado

repetiré los nombres de todas esas cosas
que nos salvaban de morir.



EL INMORTAL

a Manuel Mujica LainezReaparecía distinto al cabo de tantas muertes. Así, era la sombra de un emperador bizantino, coronada su desnudez por extrañas joyas. Al primer resplandor del sol la pedrería arrojaba raros colores sobre su muda piel de muerto. Él -comentaba- vivía intensamente esa música que le era propia, esos olores antiguos que le pertenecían. Era también un animal de otra fauna que jugaba con los nombres de la muerte. Esa irresponsabilidad constituía su total belleza y él asumía la forma de esa belleza. Otras veces, bailaba delante de los toros salvajes, pintados sus ojos con un azul profundo. Entonces, había que temerle. Era la Muerte.

Una flor madura, una lepra espléndida; ese oculto amor allí donde se posaban sus ojos.











UNA HERMOSA BOA CONSTRICTOR

a Victoria Ocampo

Aprisiona a su víctima. La envuelve en anillos de tiempo. El porvenir y la antigüedad son su presente. Poderosa y orgiástica, se complace con los últimos espasmos del moribundo. Ya en sosiego -si es que alguna vez fue perturbada- abre su enorme boca y sin ningún rencor enuncia los nombres del olvido.

Noche serena, noche clara e inmensa sobre la selva silenciosa.

Así es la historia.

POEMAS CON SEDa Eloy Montes Benítez

I

E
l hombre sin palabras para decir
el hombre de la oscuridad
el hombre que no da hijos
el viudo del amor y la alegría
el convidado final.

¿Qué haremos con él?
¿Cómo lucharemos contra él?

El hombre que no tiene sed
¡que no tiene sed, que no tiene sed!



II

E
staba cansado de escuchar
¡gente de paz, gente de paz!
Pero no lo decían ellos
lo decían los otros
aquellos escudados en su gordura
pavos reales de ciudad
que manejaban el mundo
con los timbres ocultos de sus escritorios.
Timbres que provocaban la guerra
timbres que firmaban la paz
¡pero el hombre, dios mío, el hombre!
timbres que ordenaban a la gente de paz
devorarse los unos a los otros, en paz.





MANERAS DE LUCHAR

Q
ue no me digan
que escriben simplemente,
que dicen el poema
sin pensarlo siquiera.
Que él nace porque sí.

Es un arduo trabajo,
un oficio de herreros,
un hacer proletario.
Un cansancio que continuará mañana.

Que no me digan
que se hacen poemas sin sudores,
sin una larga y violenta jornada de trabajo.
Tengo las manos como las de un labriego,
duras, gastadas, llenas de poemas.



TABLAS DE SALVACIÓN

P
ara rompernos el pecho,
para
abrirnos el pecho, para
mostrar el corazón y ver
que eso no es bastante

ni importante siquiera.

Pero que la salvación
puede llegar en el poema.
Ser salvos en ese instante,
ser salvos por ese instante.



SALA DE SITUACIÓN

L
a impaciencia
por encontrar el milagro
recuperar los límites de lo perdido,

la palabra que ya fue dicha
y no ha sido interpretada;

toda la memoria humana.

Basta un relámpago apenas
para saber que la palabra
está viva aún entre nosotros.

Detenida
en la mano abierta del poema.





El REY QUE RABIÓ

E
ste es mi oficio, mi ineludible oficio.

Escuchar hacia adentro.
Convertir el silencio
en aire respirable,
vivir en soledad.

Y sin embargo
nada es posible sin el mundo.
Nada es posible detrás de estas rejas.

Así es el reino que otros envidian.
Prisioneros de la libertad lo habitan.
Esclavos de la palabra lo sostienen.

Nadie es libre allí salvo el poema.



EL POEMA

He robado criaturas arrancándolas violentamente del pecho de sus madres. Aún recuerdo el asombro de sus rostros, aquel grito de espanto que se prolongaba en la noche. Después de usadas en inenarrables ceremonias, he tatuado en su piel tan suave y delicada, las iniciales del poema.

He destruido los nidos de los pájaros amados. He matado esos pájaros y sobre los despojos de esa belleza salvaje raramente contemplada por los hombres, he escrito el poema.

He abatido el árbol más hermoso, calcinado con secretas hogueras su ramaje perfecto. Y con la corteza aún crujiente, con su sangrante pulpa, he alimentado en las noches de invierno al poema.

He violado y mentido. He traicionado.

Y todo esto es poco precio, sin embargo, para tanta alegría. Para su amor verdadero.



¿EL PRÍNCIPE DE LOS INGENUOS?

He sido el más ausente,
el juntador deformas.
Jacobo Fijman



Convertido en piedra adulta, ¿cómo haré para salvarme,
para no creer en mí mismo?

Hijos míos pequeños todavía, mujer amada que crece en mi
sangre, no conocéis aún lo doloroso de este oficio, esta
soledad más importante que mi vida de hombre, que todas
mis esperanzas de la carne.

Sumergido en este vicio amargo, en este pozo desolado y
húmedo donde permanezco y vivo en desafío,

pero sabiendo más y más que alguna vez será posible para
todos la verdadera luz del mundo,deslumbrándonos en su único amor, en la poesía.

EL POEMA

I

V
ida por vida, palabra por palabra, estos son
los hechos en la cámara de torturas,
en la sala de ejecuciones.

El condenado piensa en el poema. Sin nada que
hacer sin él. Sin nada que hacer con él.

Encerrado en la detestable celda.

En el infame tiempo.



II

A
parecen las fieras: palabras.
Aparecen las fieras: palabras.

Aparece la locura y su arco de luces girando sobre
palabras vivas. Es una flor que grita. Un dolor. La
falta de un perfume.

El prisionero hace sonar su látigo.
Un ropaje de circo lo desnuda; es el viejo
domador de fieras.

Las palabras se agrupan en el aire:
traicioneras, arteras, enemigas.

El condenado a vida las hostiga.

He aquí a las miserables temblar cobardemente
mansas al fin,
casi inocentes





LOS SECRETOS


DELMIRA AGUSTINI

Ella transforma el sentido de la muerte, la bota piramidal de los domadores de fieras, los músicos que fusilan sus instrumentos en los toldos de ausencia. Ella sueña y espera, desnuda por pequeñas palabras escapadas de casilleros alfabéticos y que crean sinuosas heridas en su escote.

Más allá de sus juegos, existe la conveniencia de poseer un día los derechos del amor, y en esa dilatada espera, vuelve su rostro de la contemplación de las estrellas, para internarse en un lecho de muerte y envolver algas en sus pies.

ALFONSINA

Estas pequeñas proposiciones del agua establecen en mi conciencia un doloroso cargo. Acaso, en la medida de su profundidad, se balancea la melancólica vara de los sueños de un día, con sus bodas de arena.

Así he de quedarme en este incómodo egoísmo de saberme contemplado en otro espejo más remoto. Esta criatura que enturbia las mareas pone en descubierto a los desconocidos habitantes de mi ser; crea un punto de contacto con los demás hombres. Y como aquella que desperdiciaba sus oportunidades en la piel de los años, he de quedarme en el vicio más perfecto, establecer qué culpa ha de amarse más.

ROBERTO ARLT

Estaba cansado de nacer. O de descubrir aposentos privados donde reposan los orígenes. Esa eterna mutabilidad podía tomarse como una manera de olvidar las responsabilidades que gobiernan al hombre. Pero él despertaba constantemente en una absurda manía de inocencia.

Cuando murió, las horas repasaron sus zapatos, demorando los minutos finales, como si el tiempo fuese una lustrosa rutina y todo careciera de importancia.

RlMBAUD
M
e robaba el placer de escribir los números. Iban pasando con esa velocidad propicia a las multiplicaciones. Un día irías/ ¿qué importa?

La niebla envolvía los esqueletos de árboles imposibles condenados a una oculta necesidad. Detrás de eso, rondaban los juguetes nuevos y las cajitas de música que responden a la primera cuerda. Es cuestión de suerte, hasta que los buques cansados de respirar humedades quiebren la línea marítima, sin otro objeto que el de alarmar a los modestos hombres de blanco que temen la palabra. Un día más. Para esa muerte, siempre habrá tiempo.
KAFKA

De dejárseme establecer un paralelo entre un día y un sueño, hablaría de las oscilantes ramas de pesadilla que señalan con implacable realidad la presencia de los miedos. Porque, en las avenidas, los sueños desembocan sin fin, y los días llevarán su angustia hacia un tiempo inmemorial.

DYLAN THOMAS

Como si escribiera manchas de verbo sobre una tabla sucia. El polvo ocupará nuevamente ese silencio. Digamos: no importa, nada se ha perdido, todo ocupa su lugar, todo es reemplazado. Y ante esta solemne mentira, tendré siempre mi oculta vergüenza. Esta será mi lucha. Ya he roto mi invención contra los días, he aprendido la verdad del hombre: su permanencia en las contradicciones.

POEMA PURIFICADOR
a Edgar Bayley
PRIMERA SERIE O DEL JOVEN POETA

T
e han extendido bajo el sol, te han dado un nombre. Tienes toda la tierra para ti. Y cuando sales de tu casa y tus amigos te saludan y tu corazón canta con la palabra precisa, nada del mundo te es ajeno.

Tu patria entera es la poesía.

Porque es la aventura del hombre que más se parece al hombre.



SEGUNDA SERIE O DE LA NUEVA POESÍA

¡Es el pasado que muere!, exclamaba la vieja actriz.
¡La revolución social, la revolución social!

Y desde su dorada poltrona, la vieja actriz recitaba:

Me encantan los potajes de verdura
las pesadas lentejas
el caldo de pescado
y me río
me río de los que piensan
que esto no es poesía.



TERCERA SERIE O DE LOS FALSOS PROFETAS

R
etrato de un poeta famoso:

"Esta magnífica ocasión que me brinda la historia de ser el relator de todo lo que no veo".

Conclusión final:
"La gloria, el peso de mi venganza sobre la raza".



CUARTA SERIE O DE LOS FALSOS PARIENTES

Cuando comencé a escribir este poema, mejor dicho, a crecer en los días, cuántas angustias fueron formando esta muralla. Recuerdo a mis parientes, los poetas jornaleros, a sueldo en el ejercicio de su profesión, amontonando en legajos la satisfacción de tanto deber cumplido.

Mis buenos días se daban a veces gratuitamente para mis parientes. Otras veces, sus palabras me injuriaban en la desoladora rigidez de los horarios. Horarios que el viento embolsaba contra la muralla que yo iba construyendo, arquitecto insólito de algo que me pertenecería ya por siempre.

Así fueron acumulándose los amores indebidos, las altas horas de las madrugadas, los misterios del día, todo aquello que me negaban mis parientes.(Ellos me ataban a la vara de lo cotidiano y castigaban rudamente mi intromisión hacia su tranquilidad.)

Pero la muralla seguía creciendo y comencé a verlos desde mi altura como desde una ventana abierta, acostumbrándome a sus chatas perspectivas, sin causarme dolor o complacencia esas cabezas cansadas como árboles de cierto follaje abatido.
¡Mis parientes jornaleros, mis pobres repartidores del orden!

QUINTA SERIE O DE LA LIBERTAD

1

Rosa violenta, inventarás otra historia para los que me sucederán. Yo, que te he conocido en cuartos oscuros, con qué regocijo observo tu crecimiento.
Eres mi favorita, aplaúdete.



2
Éstas, que son historias simples, no provienen nada más que de un deseo inexplicable de escribir poemas.

Estas historias, contadas en largas caminatas en compañía de algún amigo o bebiendo el
vino en los antiguos vasos de madera, donde las viejas edades preguntan a cada trago: ¿Qué derecho tienes para burlarte de los muertos?

Así, soy el celoso guardián de magníficos poetas que duermen en sus tumbas con ropajes de variados colores no desgastados por el sol. Así, soy el violador de los hambrientos de gloria que creyeron hacer poesía y que antes de morir lamían miserablemente las manos de quienes oficiarían de destino.

El reivindicador de las palabras ásperas que simularon piedras para demostrar su amor al mundo.

(La literatura, amigos, sentada sobre su cola como un mono inmenso, sus pequeños ojitos observándonos.)Ya fijado para siempre en el curso de esta historia, canto a la libertad y al poema, sin preocuparme de ser condenado luego por toda la eternidad.

¡Don Juan, don Juan! ¡Hemos amado muchos momentos, hemos amado la libertad!



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