Escena del Prisionero

-1955-

a Raúl Gustavo Aguirre
 

Editorial Losada



Me complazco en presentaros al prisionero de la vida.

—Tanta vida caliente, tanta recién nacida duda. El viento
desaparece por el gran agujero de la noche.

te habías sentado al borde de los árboles, y entonabas
esa canción tan triste que luego nos haría llorar.

—"¡Oh verdad, atisbo de lo innecesario;
para ti los espacios y las palabras
y la noche que aún no pudimos descifrar.
Oh verdad, tú no eres la muerte.
La muerte tiene otro nombre
y una sed de loba y hambrientos veranos
que clavan en mí sus inocentes garras.
Pero hay algo en ti misma
como una garganta sin sonido
y ¡qué digo!,
como una soledad perfecta
adonde quiero llegar".



el poeta comienza a verificar su destino.

—Me estoy vistiendo ajeno.
Nada de lo que tengo es mío.



Acto declamatario en homenaje al poema que se acerca:

— “Ya estás de nuevo delante de tu padre como un recién
nacido pez que ordenara el movimiento de las mareas.
Hace tiempo que esperaba verte llegar desde los espacios
que no pude acometer, porque no soy nada más que una
enredadera indescifrable envuelta en el día que hay al otro
lado de las cosas".

“Como cuando el viento lanza su pelo ululante, irre-
conocible y herido, para considerar el sentido de las
palabras, este reducto inconquistado donde se defiende
mi verdad".

primera actitud del poeta frente a la vida:

—Si dijese en este momento "quiero vivir", me mirarían
sorprendidos por esta falta de respeto hacia las leyes. Si
gritase "quiero mi libertad", las palabras se perderían en
el resto del tiempo.
Hemos contemplado muchos cielos, vivido muchos años,
pero los sensibles auriculares del corazón quedan heridos
porque no nos hemos rozado con los dioses.

Todo es inútil; si no, ¿cómo decirlo? Juguemos a las
escondidas sin el ceño adusto de los que han aprendido
a contemplar su cordura frente a la vida. Hablo de todo
lo que me rodea. Un tapete gris donde desaparecen las
horas, con el rostro del mundo vuelto solamente hacia una
dirección.
Me dirán loco por este exceso de vida, porque tengo
dudas suficientes como para alimentar a un mundo en
campaña, a todo un ejército de filisteos.

Ésta es mi libertad. Mi libertad consiste en que no me
gusta la tierra redonda ni el nombre de Cristóbal. Quien
descubrió América fue alguien que usted no conoce, actor
de teatros experimentales, que hizo la guerra con su
artillería de poemas. Quien descubrió América giraba
bajo el tango de sus fiebres mentales, rodeado por las
negras malditas que adornan sus pezones con agrias rosas.

Ahora invento el reino de las estructuras irrealizables.

Aclaremos. Mañana usted me pondrá en primera fila y
dirá:
"Ciertamente os digo: éste es mi hijo", como si nunca
hubiera pasado nada. ¿Ha comprendido? Entonces, repita
conmigo, por favor: ¡Viva la federación de los animales
domésticos!

Segunda actitud del poeta frente a la vida:

—"Cómo explicar lo que me rodea:
este sol,
estas piedras,
el viento-ser
que me lleva y me trae.
Cómo explicar
el rostro sorprendido de mi cuerpo,
cuando la carne se abre
en un río de violentas excusas azules
o mapas abiertos o mundos a mis ojos
de un día nuevo y eternamente repetido.
El hombre que cae al fondo, se levanta, llora y teme
como si nunca fuese a morir".

"La vida se abre en zonas de desgaste,
el mañana es un nuevo desafío".

"Mira mis manos hacia el horizonte;
cualquiera diría que es diosciñendo la luz,
ángel burlador
atravesando los últimos camellos de la aguja,
del espino salvaje que crece en invierno
en flores mareadas de aquel ramo
trazado desde el primer momento de la vida".

El poeta ve:

—"Veo
la vida desesperada,
la venganza de esta tarde,
tanta vida para dar,
yo mismo creciendo en la última instancia de la hoja
como una voz o una muerte dulcemente
aferradas
al inmenso crecimiento de las cosas".



epílogo

¿QUIÉN es ese hombre que se incendia a sí mismo como un edificio al sol, que traspapela sus memorias, una a una, buscando en sus bolsillos las amplias avenidas del porvenir?

¿Quién es ese hombre con una mano en el tiempo; sus banderas de guerra sobre el rostro de los que necesitan hambre?

Es el poeta, amados míos, desafiando a la muerte. ¡Corre, maldita, que hueles como los viejos; enséñales a los hombres tu juego de castañuelas sobre el tablado del día, los brazos en alto como si nunca hubieras nacido!

Es el poeta que renace de los sueños y lanza su palabra contra las bandas del tiempo. Escuchad; una cosa os digo: es necesario conservar la seriedad del lenguaje. ¡Riamos ante las pantomimas del destino!

Es el poeta, amados míos, que arroja como dinero falso las llaves que conducen a la eternidad.



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