INTRODUCCIÓN A LOS DÍAS

 -1953-


Ediciones Botella al Mar

 


INTRODUCCIÓN A LOS DÍAS

Los días tienen grises donde husmean las ratas
y paredes tatuadas por la orina.

(Enteras muertes confinadas en hueco
detrás del horizonte).

Allí existe el tedio, el fastidioso
rumor de las almohadas y la inmensa

ciudad

girando en los silencios de las tardes de agosto,
las hojas caídas y las verdes hojas.

(Ávidas manos esperan por los días
para abrir las puertas de la angustia).



LOS DÍAS

Estos días
que se deslizan entre mis manos
y mi fuerza no basta
para amarrarlos.

Días que me indican que han existido otros
y que otros existirán
en juego de veinticuatro horas afiladas.

Si de pronto yo dijese que todo ha pasado,
que vivimos una repetición de cosas iguales,
que el nacer y el morir no alcanzan
a llenar un día
y que un día lleno es solamente un sueño
sin gestación ni fin.

Estos días de hoy

estos días del sol y de la luna,
de la mañana y de la noche,
no me indican nada más que un aviso
positivo y cierto
de mi muerte.



CANCIÓN

Cuando yo era mar,
cuando mis ojos lejanos de horizonte
besaban tu horizonte.

Cuando era sal.
Cuando era cansado caracol
que llegaba hasta la playa
a exhalar su queja dolorida.

Cuando era canción

que buscaba el equilibrio
entre el aire y la tierra
para tornar al mar.

Cuando mis brazos verdes te abrazaban,
cuando besaba húmedo tus pies.

Cuando yo era mar.

ESPERA EN EL TIEMPO

Es esta rara inmovilidad
de las cosas muertas,
donde un musgo azul que no recubre
existe
y aquieta hasta la última
nerviosa fibra
negada al viento,
apenas sólo húmeda.

Allí es donde quedaron solos, observando
el lento desmayar de alguna nube
como una planta viva,
sin el menor asombro detenido.
Solos, en el tiempo
y a la espera.



PASOS

En cualquier parte he buscado los pasos.

Es eterno este deseo mío de llevarme,
arrastrarme sobre pequeños charcos;
es eterno este afán de barcos olvidados,
de casas con una transparente reja curva
en amarillo que lo dice todo
y los pelos y manos repetidas
de esta inconsistente angustia
que a veces encontraba en un grito
apenas estridente
de una rara criatura,
donde yo quedaba aprisionado.

Quedaba aprisionado por lo que era mío:
mis horas, el tiempo que pasé
alguna vez olvidado de todo
y donde acaso una extraña fotografía
volaba horizontal sobre los árboles.



LA CALLE

Por el vidrio,
por los marcos del vidrio;
por las azoteas y las rejas de azotea,
por la invención de un sol ajeno:
la calle.

Este río concreto que no habitaron peces.
Que no habitó en asombro de fábula, la luna
y en sus aguas, ni vapor ni nube.

Estoy en la calle
en una amanerada costumbre de inventar historias
por zaguanes, donde
solícitos amantes
definen al tiempo en un abrazo.

Para la calle existe
una red invisible de palomas.
Existen los pasos,
amaneceres raramente contemplados,
existen los pasos,
la metamorfosis de los gatos,
los pasos,
la impasibilidad de los buzones
y finos tacones de mujer
destilando este humor que alarga mis muslos.

Por ritmos diferentes
cada paso es solitaria fuga
en esta aventura de los ojos en la noche
derramando el deseo,
porque hay ojos que buscan
y hay cuerpos que encallan, náufragos de la idea,
sin quererlo.



CAOS

Que ya no alcanza el ciel
o ni las infinitas variaciones del vapor.
Desde arriba, acosan las
simétricas ordenanzas de las leyes.

Estimamos que el orden ha de salvar al mundo
y que las velocidades serán recuperadas
para la vida común, que las revoluciones por minuto
sucederán al latido,
último grito inconsciente de angustia,
último, aliento último.

Pero todo aquello que me gobierna,
mis leyes que no existen, a la deriva
en mis mareas, las conclusiones cambiantes,
la no definición que vive en torno mío,
esto, solamente esta
sorpresa cotidiana.

Para mi caos he de habitar un orden distinto
lejos de la física y de las reglas de oro.
Para mi vida de hombre he de subestimar las
velocidades.

Siento la carne y el pelo y cada pliegue
de mí mismo,
siento la resurrección de todo lo imposible,
de todo el desnivel de la fantasía, siento

que no hay mordazas
para esta locura suelta,

esta vida de poeta haciendo posible
lo que fuera de los comunes horizontes
existe.



FlN DEL DÍA

Inútilmente procuraba
desterrar lo que en mí ya no vivía.

Llegaba
la frialdad asesina del cemento
y el habla gutural de los ferrocarriles.

Llegaba
el encierro del día,
la partición primera de las sombras
y el sol
como un rojo felino
extendido en sus garras.

Solo contemplando
el avance obligado del mar y sus mareas,
en medio de estos días distantes y no comprendidos,
que vienen hacia mí
con la obstinada porfía
de lo que ha sido ordenado.



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