HOMENAJE A RICARDO GÜIRALDES
ENVÍO
A veces creo verte venir desde el monte de eucaliptos.
Bajo el sereno cielo del sur y su nido de ovejas.
Los caballos, entonces, lanzan breves relinchos.
Las largas crines son puro río de asombros.
Ellos también te ven en las tardes de Areco.
I
Dame un vaso con aguas profundas. Dame el perfume de tu palabra, tu olor a tierra recién descubierta.
II
Los caballos incendiados por el olor de la naturaleza.
Yo hablo para ti. Yo invento el incendio de tu nombre.
III
Que no se asuste nadie. Eres la inicial de mi nombre. Eres mi padre y mi soledad. Eres también el fuego y traigo árboles a tu ardor.
IV
Déjame habitarte en tu muerte más profunda. Será una pampa inmensa, un día intacto descolgándose en luz.
V
Nombre de mi alegría, Patria de mi palabra. Su voz era el incendio, su estatura era el bosque.
HOMENAJES
A Alfredo Martínez Howard Enfermo y podrido belleza es un pájaro de oro fecundándose a sí mismo.
A Alberto Hidalgo Asombro del paisaje, el pájaro baila en la música del sol.
De su danza nació América.
A Oliverio Girondo Viejas prostitutas académicas de 1a lengua maricas oceánicas flotando en e1 esperma lunar.
A Antonio Porchia Tengo un jardín de piedras.
Cada piedra es una música abierta hacia el futuro, una preciosa flor. Es mi jardín de Tiempo.
Mi jardín de piedras tiene también tu nombre: se alimenta de sed.
DE MI RAZA A Carlos Manuel Muñiz
I
Poesía es una raza.
Yo me siento y reconozco en esa raza. Allí viven mis padres y mis madres, señores que nunca han muerto, que no han conocido la vejez ni la agonía. Allí están mis hermanos tan queridos y otros primos gloriosos. Allí el hombre y la mujer que descubrieron la clave del futuro: el que inventó el nombre del maíz y la del vientre fecundado por el aire caliente y fraternal de América.
II
Seres queridos que en delirio de cobres y de bronces crearon la belleza del antiguo mundo. Alfareros de misteriosas ecuaciones que acumularon por siglos su equipaje de encantamiento y hechicerías.
III
Padres locos, madres locas, hijos y nietos locos de la locura del conocimiento: el señor dueño del fuego y el matemático puro que atrapó la Agricultura. Abuelos de estatura de árboles inmensos en medio de la noche para señalar el camino. Padres de los días venideros que no se agotan nunca.
IV
Yo vi esa señal en la madera, comprendí el lenguaje de la piedra, amé la tierra y la simple y perfecta disposición del agua por lograr su ajustado equilibrio. Subí la montaña diestra en sabidurías, admiré los huevos deslumbrantes - generadores del futuro - en los nidos de los pájaros del trueno y escuché la voz profunda de mi raza en lo más hondo de la noche, en lo más puro de mi corazón.
V
Poesía es esta raza. Continúala.
Escoge a tu mujer, la del luminoso silencio que enriquece al poeta.
Bébele las sorprendidas palomas de su sexo, florécele sus pechos en poemas, destroza con el más terrible, tierno amor, su piel más íntima. Que se incendie en urgencias el sol negro que guarda celosamente para ti entre sus piernas. Y ya dentro de ella, habitante de un pueblo que continuará tu nombre, revienta tu enloquecida granada de carne en aguas crispadas y profundas, en aullidos de gozo en donde resida el porvenir, el rostro confiado de tus hijos.
VI
Entonces, poeta, la Piedra cantará.
TODO O NADA Al pintor Leónidas Gambartes
No hablar de América no hablar de nada no mencionar la muerte que te guarda como un ángel siniestro no decir cosas o decirlo todo de golpe descubrirte penetrarle desnudarte te cae el sol encima te arde en tu fosa como una lepra te cae la sed el hambre se han olvidado las ofrendas el pago a la tierra el tabaco la coca te cae el dolor de tanto espacio herido inútilmente por los pájaros gigantes de rapiña que llegan desde el norte desde el centro del hielo de la región de la muerte para escarbar con sus garras tu corazón de américagambartes que late todavía.
Y aún sigues viendo el mundo a través de tus manos gran niño ciego deslumbrado por el arco de todos los colores sigues viendo criaturas que nacen como pólipos o adherencias sobre la tierraindiaherida aferradas encimadas atrapadas como racimos de seres extraños que miramos con desconfianza de un planeta desconocido antiguoamérica de una tierra de cobre donde todos les pertenecemos y en donde todonada es de ellos la piedra habitada por el rayo la piedra de color de calor de arrabio de rabia de furia viendo todo por tus manos gritando sobre muros de piedra gritando lo que viene desde el ombligo del mundo manopiedra culebra manopiedra serpiente manopiedra del llanto manopiedra cansancio manopiedrahambre del hombre americano manopiedra gambartes.
Y me nace esta alegría entre tanta ausencia haberte conocido haberte hablado haber visto con tus ojos lo que tú quisiste que vieran mis ojos tu sabiduría tu humildad madrepadre gambartes que construías con tus manos tan pequeñas los radiantes monstruos del pasado hacia el porvenir que inventabas la música de las raíces profundas en la historia partida de esa tierra con tu corazón de poderoso mago de la aurora tus manos que inventaban el verdadero nombre de américa américagambartes que soñaban américa que lloraban américa que gozaban américa.
Porque hay que decirlo volver a repetirlo quién no ha entendido nada aún de todo esto que destroce su cuerpo sobre el gastado asfalto de esta ciudad deforme y malqueriente que se suicide sin asombros desde el último piso de sus años vacíos y sin esperanzas que se corte su sexo para no perpetuar sobre el mundo su sombra miserable
y si aún después de todo esto sobrevive que mire por última vez un cuadro de gambartes una hechicería de gambartes la luz cegada por el resplandor del relámpagogambartes y resucitando al fin sobre la aurora de un distinto nuevodía cobijarse para siempre en su vientregloria-padremadre- gambartes.
¡La gran perra por qué te has muerto de temprano aunque sigas tan vivo para siempre américagambartes!
EL CAZADOR (Arte poética)
I
En la noche propicia enciende el fuego. Ponte el manto de guerra. Súbete a un árbol y acecha las palabras.
En la mano izquierda el trueno. En la derecha, el rayo.
II
Con tu asombro más íntimo purifica una piedra. Arrójala a los aires. Que descienda la piedra con su manto de lluvia hacia la tierra.
III
Prepara bien la flecha, tensa el arco. Apunta a ese silencio: liberarás el trueno.
El trueno liberado aún no es poesía. Conviértelo en silencio. Deja el arco y la flecha y abandona la caza.
Si el silencio persiste en el incesante trueno habla por ese silencio, aliméntate del trueno.
Y sabrás el verdadero nombre de las cosas.
A César Isella
POEMA CON PUEBLO A Nina
¿De ti, de mí, qué ha de quedar mañana? ¿Este momento, el beso aquel, el hijo, nuestro cuerpos desnudos amándose con su lenguaje perfecto, este abandono tan feliz que nos cubre, casi la ausencia de nosotros mismos?
¿O nada quedará de lo que tuvimos en las manos el nombre con que nombramos nuestro amor, el nombre con que nombramos nuestro corazón?
Pero algo permanece que no se alimenta del lenguaje de los muertos.
¿Qué tenemos, entonces para darle, fuera de nuestro amor, de nuestros hijos? No un momento, no el nombre de nuestro corazón y su apellido. Ni tú ni yo. Lo que hay detrás de lo tuyo y lo mío más importante aún que nuestros besos.
Lo que en el pueblo acontece, no en nosotros.
POEMAS CON SED
I
El hombre sin palabras para decir el hombre de la oscuridad el hombre que no da hijos el viudo del amor y la alegría el convidado final.
¿Qué haremos con él? ¿Cómo lucharemos contra él?
El hombre que no tiene sed ¡que no tiene sed, que no tiene sed!
II
Estaba cansado de escuchar ¡gente de paz, gente de paz! Pero no lo decían ellos lo decían los otros aquellos escudados en su gordura pavos re ales de ciudad que manejaban el mundo con los timbres ocultos de los escritorios.
Timbres que provocaban la guerra Timbres que firmaban la paz ¡pero el hombre, dios mío, el hombre! timbres que ordenaban a la gente de paz devorarse los unos a los otros, en paz.
AMÉRICA
Hoy por ti, mi pueblo americano. Inmenso como un pájaro de alas extendidas hacia el sol que nunca se pone.
Hoy por ti, mi pueblo americano. Por los hombres que nacen desde el fondo del cobre como orquídeas salvajes.
Hoy por ti, mi pueblo americano. Mi raza campesina. Raza entera de hombres con los pies en la tierra y con tanto dolor como cabe en el mundo.
Para hablar y respirar, sólo por eso, hoy por ti, América, mi pueblo...
LEJANIAS
Trozos de la mano del Inca, de los labios del Inca, de los ojos del Inca.
Es la memoria del viento, la apagada sonoridad del cobre, el desgarrado olvido.
Pertenencias finísimas de la noche, ¿dónde estarán sus hijos?
LOS OJOS DE LAS COSAS
El cielo mira por la nube la nube mira por el árbol el árbol mira por la raíz. La raíz mira por la sed.
El hombre mira por sus ojos y no ve.
AMÉRICA Cementerio de Purmamarca
No murieron de violencia. Murieron de paciente resignación y olvido.
Son otros héroes.
Pero también murieron de belleza, de asombrada belleza. Murieron de ríos furiosos y montañas, de soles increíblemente ardiendo en desiertos de sed. (¿Ése es tu nombre, América?)
Murieron en silencio anticipando el grito.
La ciudad es otra soledad.
SOBRE LA TIERRA
La mujer engendrando hijos de luz sobre la tierra.
La mujer, que no sabe volar, que no quiere volar, que observa como si nada la fuga de los pájaros, la dispersión del viento.
Ella bautiza el infinito con el continuo nombre de sus hijos y su estatura se agiganta frente al difícil sol de cada día.
La mujer sobre la tierra. Sí. Sobre la tierra.
EL SUDOR DEL HOMBRE
¿Hueles el sudor del hombre? Hasta mi casa llega su penetrante olor a días y fatigas por la luz transportado. No hay luz sin el sudor del hombre.
Y brotan de sus paredes estas sencillas humedades: el albañil y su hijo - aprendiz de albañil - oliendo a familia y sacrificio. El herrero de las herrerías oliendo a fragua y sacrificio. El peón con su pala - que no es suya - oliendo a medio jornal y sacrificio. ¿Y fuera de mi casa? El olor de los cuerpos campesinos oliendo a miseria y sacrificio.
¿Huele el sudor del hombre? Que te penetre hondo, que te llegue hasta el alma.
Un olor trascendente hecho de esperas y omisiones.
De enormes omisiones.
Del que vivió y se murió entero en vida sin conocer el nombre de sus jefes. Del que trabajó las cosas y la tierra que siempre eran de otro. Del que no levantó jamás sus ojos y suya era la Luz.
Mi olor, el tuyo, el increíble olor a hombre que aborrecen los dueños de la Historia.
PERMANENCIA A Germán P. Sánchez
Pueblo déjame nombrarte no sirvo para nada no tengo siquiera tu derecho a ignorar la metafísica.
Pero he sufrido como sufren los hombres desgarrándome en luz por alcanzarte.
¡Y tú permanecías - siempre detrás - resplandeciente
MANERAS DE LUCHAR
Que no me digan que escriben simplemente, que dicen el poema sin pensarlo siquiera. Que él nace porque sí.
Es un arduo trabajo, un oficio de herreros, un hacer proletario. Un cansancio que continuará mañana.
Que no me digan que se hacen poemas sin sudores, sin una larga y violenta jornada de trabajo. Tengo las manos como las de un labriego, duras, gastadas, llenas de poemas.
CANCIÓN AL HIJO QUE DUERME
Duerme, hijo mío, abandona por un momento el mundo que te hice vivir. Desciende hasta la música misteriosa y profunda que te acuna, olvídate del mundo, olvídate de mí.
Las derechas matan a las izquierdas, las izquierdas matan a las derechas y el centro se muere solo. ¿Qué tendrás, hijo mío, qué muerte elegirás para seguir viviendo? ¿Esa sonrisa que ilumina tu rostro es el futuro, o el futuro no existe?
Ya sé que el futuro no existe para mi.
Se han acabado ya las músicas, se han marchitado las sonrisas y la muerte, la muerte, hijo mío, es el nombre de todos los días.
Pero desde tu profundo sueño pareces decir: "Hombre cobarde y débil, hombre del miedo, padre deshabitado de la esperanza, todo existe".
"Existe el amor, el maravilloso amor que has olvidado."
"Existe el sudor de ese hombre, la sed de esa mujer, luchando por el pan, por el hermoso pan en libertad que es el futuro. A él quiero llegar."
Tienes razón, hijo mío, tienes razón.
Por esa memoria que también fue de mi padre, por ese cielo pleno que he olvidado en tantos años vanos, escribo hoy estos versos.
Por ese alimento que respiras, por esa música confiada y profunda que me devuelve tu sonrisa, por tu sueño, hijo mío, que será también el sueño de tu hijo,
por ese pan en libertad, tienes razón, vivimos.
AMOR AMERICANO A don Antonio, in memorian.
Si por acaso algún día olvido la palabra,
si por acaso - digo - la palabra me olvida
me volcaré a la tierra, me llenaré las manos con barro nutritivo, con profundas memorias vegetales, con raíces de pan.
Ya casi arcilla, ya casi material para alfarero, ya casi sangre nueva, savia que llega del centro de la tierra, de la desnuda roca del origen.
Un hombre elemental en agua, tierra y fuego convertido.
Y en el aire, el poema.
ESCENA DEL PRISIONERO A Raúl Gustavo Aguirre
- Me complazco en presentaros al prisionero de la vida.
- Tanta vida caliente, tanta recién nacida duda. El viento desaparece por el gran agujero de la noche.
- Te habías sentado al borde de los árboles, y entonabas esa canción tan triste que luego nos haría llorar...
- "Oh verdad, atisbo de lo innecesario; para ti los espacios y las palabras y la noche que aún no pudimos descifrar... Oh verdad, tú no eres la muerte. La muerte tiene otro nombre y una sed de loba y hambrientos veranos que clavan en mí sus inocentes garras. Pero hay algo en ti misma como una garganta sin sonido y ¡qué digo!, como una soledad perfecta adonde quiero llegar ... "
- EL poeta comienza a verificar su destino.
- Me estoy vistiendo ajeno. Nada de lo que tengo es mío.
- ACTO declamatorio en homenaje al poema que se acerca:
- "Ya estás de nuevo delante de tu padre como un recién nacido pez que ordenara el movimiento de las mareas. Hace tiempo que esperaba verte llegar desde los espacios que no pude acometer, porque no soy nada más que una enredadera indescifrable envuelta en el día que hay al otro lado de las cosas ... "
"Como cuando el viento lanza su pelo ululante, irreconocible y herido, para considerar el sentido de las palabras, este reducto inconquistado donde se defiende mi verdad."
- PRIMERA actitud del poeta frente a la vida:
- Si dijese en este momento "quiero vivir", me mirarían sorprendidos por esta falta de respeto hacia las leyes. Si gritase "quiero mi libertad", las palabras se perderían en el resto del tiempo. ¿Vamos a dar un paseo? Hemos contemplado muchos cielos, vivido muchos años, pero los sensibles auriculares del corazón quedan heridos porque no nos hemos rozado con los dioses.
Todo es inútil; si no, ¿cómo decirlo? Juguemos a las escondidas sin el ceño adusto de los que han aprendido a contemplar su cordura frente a la vida. Hablo de todo lo que me rodea. Un tapete gris donde desaparecen las horas, con el rostro del mundo vuelto solamente hacia una dirección.
Me dirán loco por este exceso de vida, porque tengo dudas suficientes como para alimentar a un mundo en campaña, a todo un ejército de filisteos.
Ésta es mi libertad. Mi libertad consiste en que no me gusta la tierra redonda ni el nombre de Cristóbal. Quien descubrió América fue alguien que usted no conoce, actor de teatros experimentales que hizo la guerra con su artillería de poemas. Quien descubrió América giraba bajo el tango de sus fiebres mentales, rodeado por las negras malditas que adornan sus pezones con agrias rosas.
Ahora invento el reino de las estructuras irrealizables.
Aclaremos. Mañana usted me pondrá en primera fila y dirá:
"Ciertamente os digo: éste es mi hijo", como si nunca hubiera pasado nada. ¿Ha comprendido? Entonces repita conmigo, por favor: ¡Viva la federación de los animales domésticos!
- SEGUNDA actitud del poeta frente a la vida:
- "Cómo explicar lo que me rodea: este sol, estas piedras, el viento-ser que me lleva y me trae. Cómo explicar el rostro sorprendido de mi cuerpo, cuando la carne se abre en un río de violentas excusas azules o mapas abiertos o mundos a mis ojos de un día nuevo y eternamente repetido. El hombre que cae al fondo, se levanta, llora y teme como si nunca fuese a morir ... " "La vida se abre en zonas de desgaste, el mañana es un nuevo desafío."
"Mira mis manos hacia el horizonte; cualquiera diría que es dios ciñendo la luz, ángel burlador atravesando los últimos camellos de la aguja, del espino salvaje que crece en invierno en flores mareadas de aquel ramo trazado desde el primer momento de la vida."
- EL poeta ve:
- "Veo la vida desesperada, la venganza de esta tarde, tanta vida para dar, yo mismo creciendo en la última instancia de la hoja como una voz o una muerte dulcemente aferradas al inmenso crecimiento de las cosas ... "
EPILOGO
¿Quién es ese hombre que se incendia a sí mismo como un edificio al sol, que traspapela sus memorias, una a una, buscando en sus bolsillos las amplias avenidas del porvenir?
¿Quién es ese hombre con una mano en el tiempo; sus banderas de guerra sobre el rostro de los que necesitan hambre?
Es el poeta, amados míos, desafiando a la muerte. ¡Corre, maldita, que hueles como los viejos; enséñales a los hombres tu juego de castañuelas sobre el tablado del día, los brazos en alto como si nunca hubieras nacido!
Es el poeta que renace de los sueños y lanza su palabra contra las bandas del tiempo. Escuchad; una cosa os digo: es necesario conservar la seriedad del lenguaje. ¡Riamos ante las pantomimas del destino!
Es el poeta, amados míos, que arroja como dinero falso las llaves que conducen a la eternidad.
LA MUERTE Y EL SIGLO
I
Arrastras tu miseria.
Para saber del bien o del mal te basta tu sorda investidura de habitante, esa camisa que te cubre como un plumaje sucio.
¿Qué has hecho para comprender tu inútil, tu manera de seguir viviendo cuando los espacios herían palomas, el sol una vergüenza amarilla?
Sólo te basta el convencimiento de los azotes, tu libertad negada,
mientras el bibliotecario se come a los niños inocentes que preguntan qué es la vida.
II
Soy un inmenso mundo de olor nuevo en la tierra mojada, donde es posible navegar los nombres de esas variadas acciones que nos componen.
Sobre la cara plena de esta certeza te veo como la única criatura viable, amor, el único horizonte perfecto.
Pero los jefes nos miran y establecen en su experiencia: nunca seremos demasiado grandes, nunca demasiado libres para vivir.
POEMA PURIFICADOR A Edgar Bayley
PRIMERA SERIE O DEL JOVEN POETA
Te han extendido bajo el sol, te han dado un nombre. Tienes toda la tierra para ti. Y cuando sales de tu casa y tus amigos te saludan y tu corazón canta con la palabra precisa, nada del mundo te es ajeno.
Tu patria entera es la poesía.
Porque es la aventura del hombre que más se parece al hombre.
CUARTA SERIE O DE LOS FALSOS PARIEN7ES
Cuando comencé a escribir este poema, mejor dicho, a crecer en los días, cuántas angustias fueron formando esta muralla. Recuerdo a mis parientes, los poetas jornaleros, a sueldo en el ejercicio de su profesión, amontonando en legajos la satisfacción de tanto deber cumplido.
Mis buenos días se daban a veces gratuitamente para mis parientes. Otras veces, sus palabras me injuriaban en la desoladora rigidez de los horarios. Horarios que el viento embolsaba contra la muralla que yo iba construyendo, arquitecto insólito de algo que me pertenecería ya por siempre.
Así fueron acumulándose los amores indebidos, las altas horas de las madrugadas, los misterios del día, todo aquello que me negaban mis parientes.
(Ellos me ataban a la vara de lo cotidiano y castigaban duramente mi intromisión hacia su tranquilidad.)
Pero la muralla seguía creciendo y comencé a verlos desde mi altura como desde una ventana abierta, acostumbrándome a sus chatas perspectivas, sin causarme dolor o complacencia esas cabezas cansadas como árboles de cierto follaje abatido.
¡Mis parientes jornaleros, mis pobres repartidores del orden!
QUINTA SERIE O DE LA LIBERTAD
I
Rosa violenta, inventarás otra historia para los que me sucederán. Yo, que te he conocido en cuartos oscuros, con qué regocijo observo tu crecimiento.
Eres mi favorita, apláudete.
II
Éstas, que son historias simples, no provienen nada más que de un deseo inexplicable de escribir poemas.
Estas historias, contadas en largas caminatas en compañía de algún amigo o bebiendo el vino de los antiguos vasos de madera, donde las viejas edades preguntan a cada trago: ¿Qué derecho tienes para burlarte dé los muertos?
Así, soy el celoso guardián de magníficos poetas que duermen en sus tumbas con ropajes de variados colores no desgastados por el sol. Así, soy el violador de los hambrientos de gloria que creyeron hacer poesía y que antes de morir lamían miserablemente las manos de quienes oficiarían de destino.
El reivindicador de las palabras ásperas que simularon piedras para demostrar su amor al mundo.
(La literatura, amigos, sentada sobre su cola como un mono inmenso, sus pequeños ojitos observándonos.)
Ya fijado para siempre en el curso de esta historia, canto a la libertad y al poema, sin preocuparme de ser condenado luego por toda la eternidad.
¡Don Juan, don Juan! ¡Hemos amado muchos momentos, hemos amado la libertad!
EL SUEÑO DE ULISES
Un olvidado dios de piedra que aún permanecía bajo el sol de Tasmania.
¿Permanecía? Sí, permanecía, pleno y total como en su edad primera.
Alcé mis manos hacia su sexo entero, hacia el fuego del mundo, y vi el rostro antiguo de mi madre en juventud, su rostro verdadero.
Y vi la paciente sonrisa de la mujer que amo rodeada por mis hijos en la patria lejana. Y vi la belleza del mundo, la inextinguible belleza de este mundo, la alta y verdadera belleza de este mundo.
Pero una sombra inútil oscureció la luz de esa tarde australiana.
¿Quién es?, grité asombrado ante el torpe enemigo. Y el dios de piedra dijo: "Defiéndete de ti".
(Tasmania)
OTRA VEZ A Nina
Extenderé mi mano
extenderé mi mano sobre tanta soledad
y con la memoria del deslumbrado
repetiré los nombres de todas esas cosas que nos salvaban de morir.
BELLA CRIATURA
De pie sobre las cornisas de un alto edificio, rodeada por la ciudad como un mar agitado tú, bella criatura indiferente, construyes la eternidad.
LA INOCENTE A Alejandra Pizarnik
Desnuda y victoriosa, da de comer a los animales salvajes.
Ellos lamen sus muslos, le gastan el sexo dulcemente, se alimentan de esas aguas más profundas.
Al amanecer, ella cierra sus piernas. Los animales gimen al principio, rugen luego, la despedazan con sus garras.
La bella indiferente dice: ¡hasta mañana! y duerme.
Los animales protegen sus despojos.
ALEJANDRA PIZARNIK
Tu esqueleto de espumas. Tu infancia hasta el fin de los días.
TABLAS DE SALVACIÓN
Para rompernos el pecho, para abrirnos el pecho, para mostrar el corazón y ver que eso no es bastante
ni importante siquiera.
Pero que la salvación puede llegar en el poema. Ser salvos en ese instante, ser salvos por ese instante.
SALA DE SITUACIÓN
La impaciencia por encontrar el milagro recuperar los límites de lo perdido,
la palabra que ya fue dicha y no ha sido interpretada; toda la memoria humana.
Basta un relámpago apenas para saber que la palabra está viva aún entre nosotros.
Detenida en la mano abierta del poema.
EL POEMA
I
Vida por vida, palabra por palabra, éstos son los hechos en la cámara de torturas, en la sala de ejecuciones.
El condenado piensa en el poema. Sin nada que hacer sin él. Sin nada que hacer con él.
Encerrado en la detestable celda.
En el infame tiempo.
II
Aparecen las fieras: palabras. Aparecen las fieras: palabras.
Aparece la locura y su arco de luces girando sobre palabras vivas. Es una flor que grita. Un dolor. La falta de un perfume.
El prisionero hace sonar su látigo. Un ropaje de circo lo desnuda; es el viejo domador de fieras.
Las palabras se agrupan en el aire: traicioneras, arteras, enemigas.
El condenado a la vida las hostiga.
He aquí a las miserables temblar cobardemente, mansas al fin, casi inocentes.
MENSAJE A LOS HOMBRES DE ESTE SIGILO
¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes, la música celestial de los eunucos, el ensueño de los débiles de espíritu?
Hombres de este siglo:
Contemplad la Palabra. Leedla
en los muros que acumulan descifrables memorias como gritos reclamando el pleno ejercicio del amor, la libertad inmensa.
Buscadla
en aquellos rostros sorprendidos que descubren de pronto su condición de Pueblo. El luminoso, único destino del hombre aquí en la tierra.
Ved la Palabra
en ese niño hambriento devorando los huesos que aún le quedan de su propio esqueleto, destrozando en llantos su futuro al cual nunca arribará.
¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?
He aquí su Palabra. Su salvaje alegría. Su porfiada esperanza.
EN LA TIERRA A Nina
Hemos construido días perfectos sobre la abundancia de palabras dichas en silencio. La dura soledad de tu cuerpo y el mío en una misma soledad.
Hemos hecho crecer ese silencio en la sed de nuestros hijos.
Hemos ganado nuestro amor.
EL REY QUE RABIÓ
Éste es mi oficio, mi ineludible oficio.
Escuchar hacia adentro. Convertir el silencio en aire respirable, vivir en soledad.
Y sin embargo nada es posible sin el mundo. Nada es posible detrás de estas rejas.
Así es el reino que otros envidian. Prisioneros de la libertad lo habitan. Esclavos de la palabra lo sostienen.
Nadie es libre allí salvo el poema.
UNA HISTORIA
I
Quiero contar, amigos, una historia muy simple.
Y hablar simple no es fácil.
Cuando tuve hambre creí que dejar de tener hambre era conquistar la libertad.
Cuando tuve sed creí que dejar de tener sed era ganar la libertad.
Orgulloso, ya sin hambre ni sed edifiqué mi casa solitaria en una ciudad sin hombres. Encerré mi libertad.
Pero ella fue mía sólo por un instante.
II
Nadie tuvo la culpa.
Para su inmenso amor la casa era muy chica.
Su amor una ventana más grande que la casa.
Una ventana en libertad.
III
Guerrillera de auroras escapó simplemente musical y desnuda.
Iba de pueblo en pueblo deslumbraba a los hombres paría hijos hermosos.
Encerrado en mi casa yo nada comprendía.
Ella hacía crecer la música.
La libertad desnuda.
IV
Un día
abandoné mi soledad inútil mi débil fortaleza.
Me mezclé con los hombres. Descubrí mis hermanos.
Heredé su alegría.
V
En medio del festejo en mitad del almuerzo generoso alquimistas del odio derramaron el vino.
Y vi la mesa diaria hecha de pan e hijos de sudor y trabajo
destruida.
VI
De la tierra incendiada surgieron radiantes mis hermanos. Ellos eran la Tierra.
Levantaron sus casas. Construyeron otra mesa más grande en la matriz bravía de la tierra.
Comieron de nuevo en esa mesa con un amor distinto. Dieron salud al mundo.
Conquistaron a fuerza de coraje la libertad perdida.
La libertad de Todos.
VII
Entonces comprendí.
Y ella vino hacia mí
recuperada
en el áspero lenguaje
de los pueblos.
RETRATO DE UN DESCONOCIDO
Este canto grave y profundo, Madre de los Abandonados, que la madrugada trae en su extraño silencio.
El que habla profundamente escuchó ese silencio.
Es este hombre agrietado en edades como un Rey de Armas en desgracia, como un antiguo heredero olvidado de todos, que va de puerta en puerta atestiguando la soledad de los zaguanes, su gastada armadura tachonada de coágulos y heces, de cansancios de plazas y hartazgos de palomas.
Rey de un tiempo absoluto donde su entera libertad es su locura.
El es su propia música, el dueño del canto de la noche.
Moscas, como ángeles ásperos, le sostienen confiadas su corona de espinas.
Y algún perro seguidor, lo habita.
VISITA AL JARDÍN DEL ÁNGEL CAÍDO A Gyula Kosice
I
Esta gota de agua elemental, desnuda, que crece desde el Origen hacia el ojo, desde el mar interior a la luz infinita.
Y ciega su sal íntima, enturbia la visión de lo que es concreto, de lo que es real,
para probar de este modo la existencia
de lo que no es concreto, de lo que no es real.
II
Desde adentro hacia afuera, desde el centro a la ola,
como si el Origen buscara
a través del agua su justificación, a través del ojo su oportunidad.
Como si buscara, necesitara testigos por la Lágrima, la Revelación.
HOMBRE CON VASO DE VINO Al pintor Travieso
Soy el bello animal enjaulado en mis huesos.
En marfiles magníficos que celosamente me custodian.
Son mi habitación privada donde viven mezclados los días del futuro y pequeñas humedades de infancia; la memoria de algo que pasó y volverá a repetirse: el nombre de mi muerte.
Allí acumulo mi sed y mi alegría, mis fatigas y asombros, mis ropajes usados, lenguajes como fiebres incurables y el maravilloso amor.
Esa jaula es mi pasaporte humano, necesario.
Mi vestidura secreta, mi desnudez total, desconocida.
LA DAMA QUE DESCUBRE EL SENO A Tomás Alva Negri
La poesía es el futuro de la muerte.
Los invencibles ojos de oro que triunfarán sobre su abominable ceguera.
Y al contemplar la muerte la irresistible belleza de este mundo
inventará para los hombres juegos admirables de salud perfecta.
Será la Madre Fascinante. La Engendradora.
La Total Enamorada.
DEL POEMA A Enrique Lúpiz
El poema es aire, alimento, respiración, una ciudad abierta donde todos los hombres se festejan. Un universo en libertad.
El poema es riesgo, temblor que le amanece a la palabra. Exigencia. Revolución esencial.
El poema es visitación de un solitario pájaro de otra altura fecundando los asombrosos jardines de la eternidad.
El poema es todo el dolor. Último trozo de otro pan. Agua para otra sed. Es la vacilación del soldado que descubre de pronto su irreversible condición humana. El instante de su muerte por quienes lo olvidaron.
El poema es alegría de la carne y de la sangre.
Es amor. Es ardorosa destrucción de la cual se alimenta toda construcción.
El poema es difícil camino a través de lo invisible hasta alcanzar otra luminosa realidad.
Es también armonía donde todas las contradicciones se resuelven.
Es lo existente y lo no existente. Centro de atracción de lo que emerge de la muerte y lo no nacido en el porvenir.
Es este momento, ahora, este instante repetido e infinito del Tiempo mirándose en su espejo.
Es la memoria de Dios sin la cual no existiría Dios.
Pero fijaos qué curioso: sin el hombre el poema no es.
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