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HOMENAJE A
RICARDO GÜIRALDES

ENVÍO

A veces creo verte venir desde
el monte de eucaliptos.

Bajo el sereno cielo del sur
y su nido de ovejas.

Los caballos, entonces, lanzan
breves relinchos.

Las largas crines son puro río
de asombros.

Ellos también te ven en las tardes
de Areco.


I

Dame un vaso con aguas profundas.
Dame el perfume de tu palabra,
tu olor a tierra recién descubierta.


II

Los caballos incendiados
por el olor de la naturaleza.


Yo hablo para ti.
Yo invento
el incendio de tu nombre.


III

Que no se asuste nadie.
Eres la inicial de mi nombre.
Eres mi padre y mi soledad.
Eres también el fuego
y traigo árboles a tu ardor.


IV

Déjame habitarte
en tu muerte más profunda.
Será una pampa inmensa,
un día intacto
descolgándose en luz.


V

Nombre de mi alegría,
Patria de mi palabra.
Su voz era el incendio,
su estatura era el bosque.


HOMENAJES


A Alfredo Martínez Howard
Enfermo
y
podrido
belleza
es
un
pájaro
de
oro
fecundándose
a

mismo.


A Alberto Hidalgo
Asombro del paisaje,
el pájaro baila
en la música del sol.

De su danza nació América.


A Oliverio Girondo
Viejas
prostitutas
académicas
de
1a
lengua
maricas
oceánicas
flotando
en
e1
esperma
lunar.


A Antonio Porchia
Tengo un jardín de piedras.

Cada piedra
es una música abierta hacia el futuro,
una preciosa flor.
Es mi jardín de Tiempo.

Mi jardín de piedras
tiene también tu nombre:
se alimenta de sed.

DE MI RAZA
A Carlos Manuel Muñiz

I

Poesía es una raza.

Yo me siento y reconozco en esa raza. Allí viven
mis padres y mis madres, señores que nunca han
muerto, que no han conocido la vejez ni la agonía.
Allí están mis hermanos tan queridos y otros primos
gloriosos. Allí el hombre y la mujer que descubrieron
la clave del futuro: el que inventó el nombre del
maíz y la del vientre fecundado por el aire caliente
y fraternal de América.

II

Seres queridos que en delirio de cobres y de bronces
crearon la belleza del antiguo mundo. Alfareros
de misteriosas ecuaciones que acumularon por
siglos su equipaje de encantamiento y hechicerías.

III

Padres locos, madres locas, hijos y nietos locos de la
locura del conocimiento: el señor dueño del fuego
y el matemático puro que atrapó la Agricultura.
Abuelos de estatura de árboles inmensos en medio
de la noche para señalar el camino. Padres de
los días venideros que no se agotan nunca.

IV

Yo vi esa señal en la madera, comprendí el lenguaje
de la piedra, amé la tierra y la simple y perfecta
disposición del agua por lograr su ajustado equilibrio.
Subí la montaña diestra en sabidurías, admiré
los huevos deslumbrantes - generadores del futuro -
en los nidos de los pájaros del trueno y escuché
la voz profunda de mi raza en lo más hondo de
la noche, en lo más puro de mi corazón.


V

Poesía es esta raza. Continúala.

Escoge a tu mujer, la del luminoso silencio que
enriquece al poeta.

Bébele las sorprendidas palomas de su sexo, florécele
sus pechos en poemas, destroza con el más terrible,
tierno amor, su piel más íntima. Que se incendie
en urgencias el sol negro que guarda celosamente
para ti entre sus piernas. Y ya dentro de ella,
habitante de un pueblo que continuará tu nombre,
revienta tu enloquecida granada de carne en aguas
crispadas y profundas, en aullidos de gozo en
donde resida el porvenir, el rostro confiado de
tus hijos.


VI

Entonces, poeta, la Piedra cantará.

TODO O NADA
Al pintor Leónidas Gambartes

No hablar de América
no hablar de nada
no mencionar la muerte que te guarda
como un ángel siniestro
no decir cosas
o decirlo todo de golpe
descubrirte penetrarle desnudarte
te cae el sol encima
te arde en tu fosa como una lepra
te cae la sed el hambre
se han olvidado las ofrendas
el pago a la tierra el tabaco la coca
te cae el dolor
de tanto espacio herido inútilmente
por los pájaros gigantes de rapiña
que llegan desde el norte
desde el centro del hielo
de la región de la muerte
para escarbar con sus garras
tu corazón de américagambartes
que late todavía.

Y aún sigues viendo el mundo a través de tus manos
gran niño ciego deslumbrado por el arco de todos
los colores
sigues viendo criaturas que nacen como pólipos o
adherencias
sobre la tierraindiaherida
aferradas encimadas atrapadas
como racimos de seres extraños que miramos con
desconfianza
de un planeta desconocido antiguoamérica
de una tierra de cobre donde todos les pertenecemos
y en donde todonada es de ellos
la piedra habitada por el rayo
la piedra de color de calor
de arrabio de rabia de furia
viendo todo por tus manos gritando sobre muros
de piedra
gritando lo que viene desde el ombligo del mundo
manopiedra culebra manopiedra serpiente
manopiedra del llanto
manopiedra cansancio
manopiedrahambre del hombre americano
manopiedra gambartes.

Y me nace esta alegría entre tanta ausencia
haberte conocido
haberte hablado
haber visto con tus ojos
lo que tú quisiste que vieran mis ojos
tu sabiduría tu humildad
madrepadre gambartes
que construías con tus manos tan pequeñas
los radiantes monstruos del pasado hacia el porvenir
que inventabas la música de las raíces profundas
en la historia partida de esa tierra
con tu corazón de poderoso mago de la aurora
tus manos que inventaban el verdadero nombre de
américa
américagambartes
que soñaban américa
que lloraban américa
que gozaban américa.

Porque hay que decirlo
volver a repetirlo
quién no ha entendido nada aún de todo esto
que destroce su cuerpo sobre el gastado asfalto
de esta ciudad deforme y malqueriente
que se suicide sin asombros
desde el último piso de sus años vacíos y sin esperanzas
que se corte su sexo para no perpetuar sobre el mundo
su sombra miserable

y si aún después de todo esto sobrevive
que mire por última vez un cuadro de gambartes
una hechicería de gambartes
la luz cegada por el resplandor del relámpagogambartes
y resucitando al fin sobre la aurora de un distinto
nuevodía
cobijarse para siempre en su vientregloria-padremadre-
gambartes.

¡La gran perra por qué te has muerto de temprano
aunque sigas tan vivo para siempre
américagambartes!

EL CAZADOR
(Arte poética)

I

En la noche propicia
enciende el fuego.
Ponte el manto de guerra.
Súbete a un árbol
y acecha las palabras.

En la mano izquierda el trueno.
En la derecha, el rayo.

II

Con tu asombro más íntimo
purifica una piedra.
Arrójala a los aires.
Que descienda la piedra
con su manto de lluvia
hacia la tierra.



III

Prepara bien la flecha,
tensa el arco.
Apunta a ese silencio:
liberarás el trueno.

El trueno liberado
aún no es poesía.
Conviértelo en silencio.
Deja el arco y la flecha
y abandona la caza.

Si el silencio persiste
en el incesante trueno
habla por ese silencio,
aliméntate del trueno.

Y sabrás el verdadero
nombre de las cosas.


A César Isella

POEMA CON PUEBLO
A Nina

¿De ti, de mí, qué ha de quedar mañana?
¿Este momento, el beso aquel, el hijo,
nuestro cuerpos desnudos amándose
con su lenguaje perfecto,
este abandono tan feliz que nos cubre,
casi la ausencia de nosotros mismos?

¿O nada quedará de lo que tuvimos en las manos
el nombre con que nombramos nuestro amor,
el nombre con que nombramos nuestro corazón?

Pero algo permanece
que no se alimenta del lenguaje
de los muertos.

¿Qué tenemos, entonces para darle,
fuera de nuestro amor, de nuestros hijos?
No un momento, no el nombre
de nuestro corazón y su apellido.
Ni tú ni yo. Lo que hay detrás
de lo tuyo y lo mío
más importante aún que nuestros besos.

Lo que en el pueblo acontece, no en nosotros.

POEMAS CON SED

I

El hombre sin palabras para decir
el hombre de la oscuridad
el hombre que no da hijos
el viudo del amor y la alegría
el convidado final.

¿Qué haremos con él?
¿Cómo lucharemos contra él?

El hombre que no tiene sed
¡que no tiene sed, que no tiene sed!


II

Estaba cansado de escuchar
¡gente de paz, gente de paz!
Pero no lo decían ellos
lo decían los otros
aquellos escudados en su gordura
pavos re ales de ciudad
que manejaban el mundo
con los timbres ocultos de los escritorios.

Timbres que provocaban la guerra
Timbres que firmaban la paz
¡pero el hombre, dios mío, el hombre!
timbres que ordenaban a la gente de paz
devorarse los unos a los otros, en paz.

AMÉRICA

Hoy por ti, mi pueblo americano.
Inmenso como un pájaro
de alas extendidas
hacia el sol que nunca se pone.

Hoy por ti, mi pueblo americano.
Por los hombres que nacen
desde el fondo del cobre
como orquídeas salvajes.

Hoy por ti, mi pueblo americano.
Mi raza campesina.
Raza entera de hombres
con los pies en la tierra
y con tanto dolor
como cabe en el mundo.

Para hablar y respirar,
sólo por eso,
hoy por ti, América, mi pueblo...

LEJANIAS

Trozos de la mano del Inca,
de los labios del Inca,
de los
ojos del Inca.

Es la memoria del viento,
la apagada sonoridad del cobre,
el desgarrado olvido.

Pertenencias finísimas de la noche,
¿dónde estarán sus hijos?

LOS OJOS DE LAS COSAS

El cielo mira por la nube
la nube mira por el árbol
el árbol mira por la raíz.
La raíz mira por la sed.

El hombre mira por sus ojos
y no ve.

AMÉRICA
Cementerio de Purmamarca

No murieron de violencia.
Murieron de paciente
resignación y olvido.

Son otros héroes.

Pero también murieron de belleza,
de asombrada belleza.
Murieron de ríos furiosos y montañas,
de soles increíblemente ardiendo
en desiertos de sed.
(¿Ése es tu nombre, América?)

Murieron en silencio
anticipando el grito.

La ciudad es otra soledad.

SOBRE LA TIERRA

La mujer
engendrando
hijos de luz
sobre la tierra.

La mujer,
que no sabe volar,
que no quiere volar,
que observa como si nada
la fuga de los pájaros,
la dispersión del viento.

Ella bautiza el infinito
con el continuo nombre
de sus hijos y su estatura se agiganta
frente al difícil sol de cada día.

La mujer
sobre la tierra.
Sí.
Sobre la tierra.

EL SUDOR DEL HOMBRE

¿Hueles el sudor del hombre?
Hasta mi casa llega
su penetrante olor
a días y fatigas
por la luz transportado.
No hay luz sin el sudor del hombre.

Y brotan de sus paredes
estas sencillas humedades:
el albañil y su hijo
- aprendiz de albañil -
oliendo a familia y sacrificio.
El herrero de las herrerías
oliendo a fragua y sacrificio.
El peón con su pala
- que no es suya -
oliendo a medio jornal y sacrificio.
¿Y fuera de mi casa?
El olor de los cuerpos campesinos
oliendo a miseria y sacrificio.

¿Huele el sudor del hombre?
Que te penetre hondo,
que te llegue hasta el alma.

Un olor trascendente
hecho de esperas y omisiones.

De enormes omisiones.

Del que vivió y se murió entero en vida
sin conocer el nombre de sus jefes.
Del que trabajó las cosas y la tierra
que siempre eran de otro.
Del que no levantó jamás sus ojos
y suya era la Luz.

Mi olor, el tuyo,
el increíble olor a hombre
que aborrecen los dueños de la Historia.

PERMANENCIA
A Germán P. Sánchez

Pueblo
déjame nombrarte
no sirvo para nada
no tengo siquiera
tu derecho a ignorar
la metafísica.

Pero he sufrido
como sufren los hombres
desgarrándome en luz
por alcanzarte.

¡Y tú permanecías
- siempre detrás -
resplandeciente


MANERAS DE LUCHAR

Que no me digan
que escriben simplemente,
que dicen el poema
sin pensarlo siquiera.
Que él nace porque sí.

Es un arduo trabajo,
un oficio de herreros,
un hacer proletario.
Un cansancio que continuará mañana.

Que no me digan
que se hacen poemas sin sudores,
sin una larga y violenta jornada de trabajo.
Tengo las manos como las de un labriego,
duras, gastadas, llenas de poemas.

CANCIÓN AL HIJO
QUE DUERME

Duerme, hijo mío,
abandona por un momento
el mundo que te hice vivir.
Desciende hasta la música
misteriosa y profunda
que te acuna,
olvídate del mundo,
olvídate de mí.

Las derechas matan a las izquierdas,
las izquierdas matan a las derechas
y el centro se muere solo.
¿Qué tendrás, hijo mío,
qué muerte elegirás
para seguir viviendo?
¿Esa sonrisa que ilumina
tu rostro
es el futuro,
o el futuro no existe?

Ya sé que el futuro no existe para mi.

Se han acabado ya las músicas,
se han marchitado las sonrisas
y la muerte, la muerte, hijo mío,
es el nombre de todos los días.

Pero desde tu profundo sueño
pareces decir:
"Hombre cobarde y débil,
hombre del miedo,
padre deshabitado de la esperanza,
todo existe".

"Existe el amor,
el maravilloso amor
que has olvidado."

"Existe
el sudor de ese hombre,
la sed de esa mujer,
luchando por el pan,
por el hermoso pan en libertad
que es el futuro.
A él quiero llegar."

Tienes razón, hijo mío, tienes razón.

Por esa memoria que también fue de mi padre,
por ese cielo pleno que he olvidado
en tantos años vanos,
escribo hoy estos versos.

Por ese alimento que respiras,
por esa música confiada y profunda
que me devuelve tu sonrisa,
por tu sueño, hijo mío,
que será también el sueño de tu hijo,

por ese pan en libertad,
tienes razón,
vivimos.

AMOR AMERICANO
A don Antonio,
in memorian.

Si por acaso
algún día
olvido la palabra,

si por acaso
- digo -
la palabra me olvida

me volcaré a la tierra,
me llenaré las manos
con barro nutritivo,
con profundas memorias vegetales,
con raíces de pan.

Ya casi arcilla,
ya casi material para alfarero,
ya casi sangre nueva,
savia
que llega del centro de la tierra,
de la desnuda roca del origen.

Un hombre elemental
en agua, tierra y fuego convertido.

Y en el aire, el poema.

ESCENA DEL PRISIONERO
A Raúl Gustavo Aguirre

- Me complazco en presentaros al prisionero
de la vida.

- Tanta vida caliente, tanta recién nacida duda.
El viento desaparece por el gran agujero de la noche.

- Te habías sentado al borde de los árboles, y
entonabas esa canción tan triste que luego nos haría
llorar...

- "Oh verdad, atisbo de lo innecesario;
para ti los espacios y las palabras
y la noche que aún no pudimos descifrar...
Oh verdad, tú no eres la muerte.
La muerte tiene otro nombre
y una sed de loba y hambrientos veranos
que clavan en mí sus inocentes garras.
Pero hay algo en ti misma
como una garganta sin sonido
y ¡qué digo!,
como una soledad perfecta
adonde quiero llegar ... "

- EL poeta comienza a verificar su destino.

- Me estoy vistiendo ajeno.
Nada de lo que tengo es mío.

- ACTO declamatorio en homenaje al poema que
se acerca:

- "Ya estás de nuevo delante de tu padre como un
recién nacido pez que ordenara el movimiento de
las mareas. Hace tiempo que esperaba verte llegar
desde los espacios que no pude acometer, porque
no soy nada más que una enredadera indescifrable
envuelta en el día que hay al otro lado de las cosas ... "

"Como cuando el viento lanza su pelo ululante,
irreconocible y herido, para considerar el sentido de
las palabras, este reducto inconquistado donde se defiende
mi verdad."

- PRIMERA actitud del poeta frente a la vida:

- Si dijese en este momento "quiero vivir", me mirarían
sorprendidos por esta falta de respeto hacia las leyes.
Si gritase "quiero mi libertad", las palabras se perderían
en el resto del tiempo. ¿Vamos a dar un paseo? Hemos
contemplado muchos cielos, vivido muchos años, pero
los sensibles auriculares del corazón quedan heridos
porque no nos hemos rozado con los dioses.

Todo es inútil; si no, ¿cómo decirlo? Juguemos a las
escondidas sin el ceño adusto de los que han aprendido
a contemplar su cordura frente a la vida.
Hablo de todo lo que me rodea. Un tapete gris donde
desaparecen las horas, con el rostro del mundo vuelto
solamente hacia una dirección.

Me dirán loco por este exceso de vida, porque tengo
dudas suficientes como para alimentar a un mundo
en campaña, a todo un ejército de filisteos.

Ésta es mi libertad. Mi libertad consiste en que no
me gusta la tierra redonda ni el nombre de Cristóbal.
Quien descubrió América fue alguien que usted no
conoce, actor de teatros experimentales que hizo la
guerra con su artillería de poemas. Quien descubrió
América giraba bajo el tango de sus fiebres mentales,
rodeado por las negras malditas que adornan sus pezones
con agrias rosas.

Ahora invento el reino de las estructuras irrealizables.

Aclaremos. Mañana usted me pondrá en primera fila
y dirá:

"Ciertamente os digo: éste es mi hijo", como si nunca
hubiera pasado nada. ¿Ha comprendido? Entonces repita
conmigo, por favor: ¡Viva la federación de los animales
domésticos!

- SEGUNDA actitud del poeta frente a la vida:

- "Cómo explicar lo que me rodea:
este sol,
estas piedras,
el viento-ser
que me lleva y me trae.
Cómo explicar
el rostro sorprendido de mi cuerpo,
cuando la carne se abre
en un río de violentas excusas azules
o mapas abiertos o mundos a mis ojos
de un día nuevo y eternamente repetido.
El hombre que cae al fondo, se levanta, llora
y teme
como si nunca fuese a morir ... "
"La vida se abre en zonas de desgaste,
el mañana es un nuevo desafío."

"Mira mis manos hacia el horizonte;
cualquiera diría que es dios
ciñendo la luz,
ángel burlador
atravesando los últimos camellos de la aguja,
del espino salvaje que crece en invierno
en flores mareadas de aquel ramo
trazado desde el primer momento de la vida."

- EL poeta ve:

- "Veo
la vida desesperada,
la venganza de esta tarde,
tanta vida para dar,
yo mismo creciendo en la última instancia de la hoja
como una voz o una muerte dulcemente
aferradas
al inmenso crecimiento de las cosas ... "

EPILOGO

¿Quién es ese hombre que se incendia a sí mismo como
un edificio al sol, que traspapela sus memorias, una a
una, buscando en sus bolsillos las amplias avenidas
del porvenir?

¿Quién es ese hombre con una mano en el tiempo; sus
banderas de guerra sobre el rostro de los que necesitan
hambre?

Es el poeta, amados míos, desafiando a la muerte.
¡Corre, maldita, que hueles como los viejos; enséñales
a los hombres tu juego de castañuelas sobre el tablado
del día, los brazos en alto como si nunca hubieras
nacido!

Es el poeta que renace de los sueños y lanza su palabra
contra las bandas del tiempo. Escuchad; una cosa os
digo: es necesario conservar la seriedad del lenguaje.
¡Riamos ante las pantomimas del destino!

Es el poeta, amados míos, que arroja como dinero
falso las llaves que conducen a la eternidad.


LA MUERTE Y EL SIGLO

I

Arrastras tu miseria.

Para saber del bien o del mal
te basta tu sorda investidura de habitante,
esa camisa que te cubre
como un plumaje sucio.

¿Qué has hecho para comprender
tu inútil, tu manera de seguir viviendo
cuando los espacios herían palomas,
el sol una vergüenza amarilla?

Sólo te basta el convencimiento de los azotes,
tu libertad negada,

mientras el bibliotecario se come a los niños inocentes
que preguntan qué es la vida.


II

Soy un inmenso mundo de olor nuevo en la tierra
mojada, donde es posible navegar los nombres de
esas variadas acciones que nos componen.

Sobre la cara plena de esta certeza te veo como la
única criatura viable,
amor, el único horizonte perfecto.

Pero los jefes nos miran y establecen en su experiencia:
nunca seremos demasiado grandes,
nunca demasiado libres para vivir.

POEMA PURIFICADOR
A Edgar Bayley

PRIMERA SERIE
O DEL JOVEN POETA

Te han extendido bajo el sol, te han dado un nombre.
Tienes toda la tierra para ti. Y cuando sales de tu casa
y tus amigos te saludan y tu corazón canta con la palabra
precisa, nada del mundo te es ajeno.

Tu patria entera es la poesía.

Porque es la aventura del hombre que más se parece
al hombre.


CUARTA SERIE
O DE LOS FALSOS PARIEN7ES

Cuando comencé a escribir este poema, mejor dicho,
a crecer en los días, cuántas angustias fueron formando
esta muralla. Recuerdo a mis parientes, los poetas jornaleros,
a sueldo en el ejercicio de su profesión, amontonando
en legajos la satisfacción de tanto deber cumplido.

Mis buenos días se daban a veces gratuitamente para
mis parientes. Otras veces, sus palabras me injuriaban
en la desoladora rigidez de los horarios. Horarios que
el viento embolsaba contra la muralla que yo iba
construyendo, arquitecto insólito de algo que me
pertenecería ya por siempre.

Así fueron acumulándose los amores indebidos, las
altas horas de las madrugadas, los misterios del día,
todo aquello que me negaban mis parientes.

(Ellos me ataban a la vara de lo cotidiano y castigaban
duramente mi intromisión hacia su tranquilidad.)

Pero la muralla seguía creciendo y comencé a verlos
desde mi altura como desde una ventana abierta,
acostumbrándome a sus chatas perspectivas, sin causarme
dolor o complacencia esas cabezas cansadas como árboles
de cierto follaje abatido.

¡Mis parientes jornaleros, mis pobres repartidores del
orden!

QUINTA SERIE
O DE LA LIBERTAD

I

Rosa violenta, inventarás otra historia para los que
me sucederán. Yo, que te he conocido en cuartos oscuros,
con qué regocijo observo tu crecimiento.

Eres mi favorita, apláudete.


II

Éstas, que son historias simples, no provienen nada
más que de un deseo inexplicable de escribir poemas.

Estas historias, contadas en largas caminatas en compañía
de algún amigo o bebiendo el vino de los antiguos
vasos de madera, donde las viejas edades preguntan a
cada trago: ¿Qué derecho tienes para burlarte dé los
muertos?

Así, soy el celoso guardián de magníficos poetas que
duermen en sus tumbas con ropajes de variados colores
no desgastados por el sol. Así, soy el violador de los
hambrientos de gloria que creyeron hacer poesía y que
antes de morir lamían miserablemente las manos de
quienes oficiarían de destino.

El reivindicador de las palabras ásperas que simularon
piedras para demostrar su amor al mundo.

(La literatura, amigos, sentada sobre su cola como un
mono inmenso, sus pequeños ojitos observándonos.)

Ya fijado para siempre en el curso de esta historia,
canto a la libertad y al poema, sin preocuparme de ser
condenado luego por toda la eternidad.

¡Don Juan, don Juan! ¡Hemos amado muchos momentos,
hemos amado la libertad!

EL SUEÑO DE ULISES

Un olvidado dios de piedra
que aún permanecía
bajo el sol de Tasmania.

¿Permanecía?
Sí, permanecía,
pleno y total
como en su edad primera.

Alcé mis manos hacia su sexo entero,
hacia el fuego del mundo,
y vi
el rostro antiguo de mi madre
en juventud,
su rostro verdadero.

Y vi
la paciente sonrisa
de la mujer que amo
rodeada por mis hijos
en la patria lejana.
Y vi
la belleza del mundo,
la inextinguible belleza de este mundo,
la alta y verdadera belleza de este mundo.

Pero una sombra inútil
oscureció la luz
de esa tarde australiana.

¿Quién es?, grité asombrado
ante el torpe enemigo.
Y el dios de piedra dijo:
"Defiéndete de ti".

(Tasmania)


OTRA VEZ
A Nina

Extenderé mi mano

extenderé mi mano
sobre tanta soledad

y con la memoria del deslumbrado

repetiré los nombres de todas esas cosas
que nos salvaban de morir.

BELLA CRIATURA

De pie sobre las cornisas de un alto edificio,
rodeada por la ciudad como un mar agitado
tú, bella criatura indiferente,
construyes la eternidad.

LA INOCENTE
A Alejandra Pizarnik

Desnuda y victoriosa, da de comer
a los animales salvajes.

Ellos lamen sus muslos, le gastan
el sexo dulcemente, se alimentan
de esas aguas más profundas.

Al amanecer, ella cierra sus
piernas. Los animales gimen
al principio, rugen luego,
la despedazan con sus garras.

La bella indiferente dice: ¡hasta
mañana! y duerme.

Los animales protegen sus
despojos.

ALEJANDRA PIZARNIK

Tu esqueleto de espumas.
Tu infancia hasta el fin de los días.

TABLAS DE SALVACIÓN

Para rompernos el pecho,
para
abrirnos el pecho, para
mostrar el corazón y ver
que eso no es bastante

ni importante siquiera.

Pero que la salvación
puede llegar en el poema.
Ser salvos en ese instante,
ser salvos por ese instante.

SALA DE SITUACIÓN

La impaciencia
por encontrar el milagro
recuperar los límites de lo perdido,

la palabra que ya fue dicha
y no ha sido interpretada;
toda la memoria humana.

Basta un relámpago apenas
para saber que la palabra
está viva aún entre nosotros.

Detenida
en la mano abierta del poema.


EL POEMA

I

Vida por vida, palabra por palabra, éstos son
los hechos en la cámara de torturas,
en la sala de ejecuciones.

El condenado piensa en el poema. Sin nada que
hacer sin él. Sin nada que hacer con él.

Encerrado en la detestable celda.

En el infame tiempo.


II

Aparecen las fieras: palabras.
Aparecen las fieras: palabras.

Aparece la locura y su arco de luces girando sobre
palabras vivas. Es una flor que grita. Un dolor. La
falta de un perfume.

El prisionero hace sonar su látigo.
Un ropaje de circo lo desnuda; es el viejo
domador de fieras.

Las palabras se agrupan en el aire:
traicioneras, arteras, enemigas.

El condenado a la vida las hostiga.

He aquí a las miserables temblar cobardemente,
mansas al fin,
casi inocentes.

MENSAJE A LOS HOMBRES DE ESTE SIGILO

¿Es la poesía, acaso, el lenguaje de los impotentes,
la música celestial de los eunucos,
el ensueño de los débiles de espíritu?

Hombres de este siglo:

Contemplad la Palabra.
Leedla

en los muros que acumulan
descifrables memorias como gritos
reclamando
el pleno ejercicio del amor,
la libertad inmensa.

Buscadla

en aquellos rostros sorprendidos
que descubren de pronto
su condición de Pueblo.
El luminoso, único destino
del hombre aquí en la tierra.

Ved la Palabra

en ese niño hambriento
devorando
los huesos que aún le quedan
de su propio esqueleto,
destrozando en llantos su futuro
al cual nunca arribará.

¿Sumiso, manso, domesticado el Poeta?

He aquí su Palabra.
Su salvaje alegría.
Su porfiada esperanza.

EN LA TIERRA
A Nina

Hemos construido días perfectos sobre la abundancia
de palabras dichas en silencio. La dura soledad
de tu cuerpo y el mío en una misma soledad.

Hemos hecho crecer ese silencio en la sed de
nuestros hijos.

Hemos ganado nuestro amor.

EL REY QUE RABIÓ

Éste es mi oficio, mi ineludible oficio.

Escuchar hacia adentro.
Convertir el silencio
en aire respirable,
vivir en soledad.

Y sin embargo
nada es posible sin el mundo.
Nada es posible detrás de estas rejas.

Así es el reino que otros envidian.
Prisioneros de la libertad lo habitan.
Esclavos de la palabra lo sostienen.

Nadie es libre allí salvo el poema.

UNA HISTORIA

I

Quiero contar, amigos,
una historia muy simple.

Y hablar simple no es fácil.

Cuando tuve hambre
creí que dejar de tener hambre
era conquistar la libertad.

Cuando tuve sed
creí que dejar de tener sed
era ganar la libertad.

Orgulloso,
ya sin hambre ni sed
edifiqué mi casa solitaria
en una ciudad sin hombres.
Encerré mi libertad.

Pero ella fue mía
sólo por un instante.


II

Nadie tuvo la culpa.

Para su inmenso amor
la casa era muy chica.

Su amor una ventana
más grande que la casa.

Una ventana en libertad.


III

Guerrillera de auroras
escapó simplemente
musical y desnuda.

Iba de pueblo en pueblo
deslumbraba a los hombres
paría
hijos
hermosos.

Encerrado en mi casa
yo nada comprendía.

Ella
hacía crecer
la música.

La libertad desnuda.



IV

Un día

abandoné mi soledad inútil
mi débil fortaleza.

Me mezclé con los hombres.
Descubrí mis hermanos.

Heredé su alegría.


V

En medio del festejo
en mitad del almuerzo generoso
alquimistas del odio
derramaron el vino.

Y vi la mesa diaria
hecha de pan e hijos
de sudor y trabajo

destruida.


VI

De la tierra incendiada
surgieron
radiantes
mis hermanos.
Ellos eran la Tierra.

Levantaron sus casas.
Construyeron
otra mesa más grande
en la matriz bravía
de la tierra.

Comieron de nuevo en esa mesa
con un amor distinto.
Dieron salud al mundo.

Conquistaron
a fuerza de coraje
la libertad perdida.

La libertad de Todos.


VII

Entonces comprendí.

Y ella vino hacia mí

recuperada

en el áspero lenguaje

de los pueblos.

RETRATO
DE UN DESCONOCIDO

Este canto grave y profundo, Madre de los Abandonados,
que la madrugada trae en su extraño silencio.

El que habla profundamente
escuchó ese silencio.

Es este hombre agrietado en edades como un Rey de
Armas en desgracia, como un antiguo heredero
olvidado de todos, que va de puerta en puerta
atestiguando la soledad de los zaguanes, su gastada
armadura tachonada de coágulos y heces, de
cansancios de plazas y hartazgos de palomas.

Rey de un tiempo absoluto donde su entera libertad
es su locura.

El es su propia música, el dueño del canto de la noche.

Moscas, como ángeles ásperos, le sostienen confiadas
su corona de espinas.

Y algún perro seguidor, lo habita.

VISITA AL JARDÍN DEL ÁNGEL CAÍDO
A Gyula Kosice

I

Esta
gota de agua
elemental,
desnuda,
que crece
desde el Origen
hacia el ojo,
desde el mar interior
a la luz
infinita.

Y ciega
su sal íntima,
enturbia la visión
de lo que es concreto,
de lo que es real,

para probar
de este modo
la existencia

de lo que no es concreto,
de lo que no es real.


II

Desde adentro
hacia afuera,
desde el centro
a la ola,

como si el Origen
buscara

a través del agua
su justificación,
a través del ojo
su oportunidad.

Como si buscara,
necesitara
testigos
por la Lágrima,
la Revelación.

HOMBRE CON VASO DE VINO
Al pintor Travieso

Soy el bello animal enjaulado en mis huesos.

En marfiles magníficos que celosamente me custodian.

Son mi habitación privada
donde viven mezclados
los días del futuro y pequeñas
humedades de infancia;
la memoria de algo que pasó
y volverá a repetirse:
el nombre de mi muerte.

Allí acumulo mi sed y mi alegría,
mis fatigas y asombros,
mis ropajes usados,
lenguajes como fiebres incurables
y el maravilloso amor.

Esa jaula
es mi pasaporte humano,
necesario.

Mi vestidura secreta,
mi desnudez total,
desconocida.

LA DAMA QUE DESCUBRE EL SENO
A Tomás Alva Negri

La poesía es el futuro de la muerte.

Los invencibles ojos de oro
que triunfarán sobre su abominable ceguera.

Y al contemplar la muerte
la irresistible belleza de este mundo

inventará para los hombres
juegos admirables de salud perfecta.

Será la Madre Fascinante.
La Engendradora.

La Total Enamorada.

DEL POEMA
A Enrique Lúpiz

El poema
es
aire,
alimento,
respiración,
una ciudad abierta
donde todos los hombres
se festejan.
Un universo en libertad.

El poema
es
riesgo,
temblor
que le amanece
a la palabra.
Exigencia.
Revolución esencial.

El poema
es
visitación
de un solitario
pájaro
de otra altura
fecundando
los asombrosos
jardines
de la eternidad.


El poema
es
todo el dolor.
Último trozo
de otro pan.
Agua
para otra sed.
Es la vacilación
del soldado
que descubre
de pronto
su irreversible
condición humana.
El instante
de su muerte
por quienes
lo olvidaron.

El poema
es
alegría
de la carne
y de la sangre.

Es amor.
Es ardorosa destrucción
de la cual se alimenta
toda construcción.

El poema
es
difícil camino
a través de lo
invisible
hasta alcanzar
otra luminosa
realidad.


Es también
armonía
donde todas
las contradicciones
se resuelven.

Es
lo existente
y lo no existente.
Centro de atracción
de lo que emerge de la muerte
y lo no nacido en el porvenir.

Es este momento,
ahora,
este instante repetido
e infinito
del Tiempo
mirándose en su
espejo.

Es
la memoria de Dios
sin la cual
no existiría
Dios.

Pero fijaos qué curioso:
sin el hombre
el poema
no es.

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